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Domingo 03 de Enero de 2016

Cómo cambiar a alguien en cinco minutos

Todos hacemos muchas cosas a lo largo de la vida, estudiamos, trabajamos, queremos prosperar. Sin embargo, eso que decimos que queremos no es lo que en verdad queremos, en realidad queremos otra cosa. ¿Cómo es esto?

Bernardo Stamateas
bernardoresponde@gmail.com

Todos hacemos muchas cosas a lo largo de la vida, estudiamos, trabajamos, queremos prosperar. Sin embargo, eso que decimos que queremos no es lo que en verdad queremos, en realidad queremos otra cosa. ¿Cómo es esto?
En todo lo que hacemos hay algo que no se ve, y esa es nuestra verdadera motivación. De manera inconsciente, lo que todos queremos es establecer relaciones afectivas. Somos seres emocionales, por eso cuando decís: “Quiero trabajar”, necesitás saber que el trabajo es la excusa, lo que en el fondo buscás es hacer relaciones afectivas con otras personas.
En Grecia estudié inglés con una anciana inglesa, la señora Johnson. Yo decía que quería estudiar inglés, pero en el fondo quería otra cosa.
El inglés era lo que se veía, la excusa, pero no era lo que verdaderamente quería. Cuando iba a su casa a estudiar, la señora Johnson me recibía y me decía: “Bernardo, ¿cómo estás?, ¿querés un cafecito?”, y me traía el cafecito.
¡Ese cafecito era lo que yo estaba buscando! Iba a estudiar inglés, pero lo más importante era el cafecito, lo afectivo.
Somos seres emocionales, por eso nos gusta la música, la comida; por eso nos gusta compartir, hablar por teléfono, estar conectados al chat o al Facebook.
Aunque al lado de la casa de la señora Johnson abrieran la mejor academia de inglés del país, no dejaría a la señora Johnson, porque ella me enseñaba inglés, pero también me daba el cafecito, me llamaba preocupada si faltaba, me recibía con un beso, me preguntaba cómo andaba, en otras palabras, satisfacía mi necesidad afectiva.
Ahora, si la señora Johnson sólo me hubiera enseñado inglés y no hubiese suplido mi necesidad afectiva, seguramente me hubiera ido a estudiar a la academia.
Dicho esto, ¿qué tenés que hacer si querés influir en una persona para que cambie?
Tenés que darle afecto, porque eso es lo que necesita, pero sabiendo que tu objetivo es otro. La señora Johnson me daba el cafecito, pero me hacía estudiar, y como me daba afecto, yo iba tres veces por semana y me esforzaba por aprender inglés.
La señora Johnson era una buena líder; su objetivo era que yo estudiara inglés, y lo logró dándome el afecto que buscaba.
Un buen líder siempre da el afecto, pero el afecto no es su fin, el fin es lograr el objetivo.
Cuando querés cambiar a alguien tenés que saber que la persona viene por afecto. Le vas a dar el afecto, pero ese no es tu fin.
A nuestros hijos les damos cariño y comprensión, pero nuestro fin es que estudien, que crezcan con principios. No queremos ser amigos de nuestros hijos, ese no es nuestro fin, pero es la excusa para llegar a ellos y alcanzar el verdadero objetivo. ¡Cinco minutos de afecto cambian a una persona!
Hay gente que tiene mucho dinero, mucho poder, pero si no tiene afecto, no tiene nada, porque en el fondo todo lo que buscamos es un poco de amor.
En lugar de discutir con un amigo o un familiar para que haga algo que lo va a beneficiar, tal vez tengás que dar un abrazo, quizás tengás que invertir tiempo y conversar con él, decirle cuánto lo querés, escucharlo.
El amor todo lo puede, todo lo cree, todo lo espera, y en cinco minutos ¡todo lo cambia!