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Domingo 19 de Julio de 2015

Una exploración al lado oculto del ciberpespacio: la deep web

Una periodista de eldiario.es y Al Jazeera contó a Diario UNO su experiencia de navegación en la internet profunda.

“Quiero los secretos del Pentágono y los quiero ahora”, así se llama el ebook que escribió Lucía Lijtmaer para la editorial Capitán Swing, en el que relata su experiencia tras 15 días de navegación en la internet profunda. Una red oculta para el público en general en la que se mezclan la venta de drogas, el tráfico de armas, la pedofilia, el porno venganza, y muchísimos hackers, activistas y periodistas que buscan evadir la persecución y la censura de gobiernos y organismos de investigación.
 Lijtmaer es periodista y escritora. Actualmente reside en la ciudad española de Barcelona, y si bien su acento es europeo, nació en Buenos Aires, y sus padres son santafesinos que, como muchos, se vieron forzados a dejar el país durante la dictadura militar. 
Ha escrito en periódicos españoles como ADN y Público, y colabora habitualmente con medios de comunicación desde hace más de una década. 
En la actualidad escribe artículos de cultura y opinión para eldiario.es, Carne Cruda, Al Jazeera News, dirige el festival de La Casa Encendida “Princesas y Darth Vaders” y es profesora de cultura pop en la Universidad de Barcelona. 
En su diálogo con Diario UNO de Santa Fe cuenta qué fue a buscar y qué encontró en el universo paralelo de internet.
—¿Qué te llevó a investigar sobre internet profunda?
—Fue un encargo editorial, y en principio me interesaba tratar sobre Silk Road, el espacio de compra y venta de drogas en la deep web. Después nos dimos cuenta que iba a quedar en un reportaje muy corto, y a partir de investigar, vi que mucho de lo referido a la deep web se trataba de un modo sensacionalista, pero no se hablaba nada del activismo y se trata muy mal desde los medios. En el fondo este es un lugar en donde la gente se puede contactar de una manera segura. Entonces, me parece que todo lo que tiene que ver desde WikiLeaks, hasta la NSA (Agencia de Seguridad de EE. UU. y las revelaciones de Edward Snowden), todo eso se hizo gracias al intercambio de información segura que se puede encontrar allí. 
—¿Qué esperabas encontrar y qué encontraste?
—Realmente, me interesaba enfrentarme a la propia ignorancia y verlo desde las propias preconcepciones que tiene alguien que no es un experto tecnológico. Es decir, yo soy una usuaria normal y no tengo un dominio tecnófilo de la red. Pensaba que iba a encontrar pornografía infantil por todas partes, y eso realmente no sucede. Es un canal como cualquier otro. Eso me ayudó a recordar cómo era nuestra propia narrativa de internet cuando empezamos a acceder a ella. Porque también en los 90 tuvimos que pasar por todo esto. Si uno recupera artículos de esa época, en ellos se hablaba por ejemplo de que era un espacio de criminales. Entonces, la idea era ver cómo los medios construyen también estas narrativas, y cuando te metés te das cuenta de que la desinformación es brutal. Entonces, lo primero que vi es una red, mucho menos diseñada para que las páginas pesen menos y con pocas imágenes, y esto me recordó mucho a las primeras conexiones a la red. Esa fue mi primera sorpresa porque yo había entrado sin ningún tipo de discurso narrativo previo, e informativamente había leído mucho, pero no había visto pantallazos de la deep web, ni nada. 
—¿Te asesoraste con alguien antes de entrar?
—Sí, dos amigos que se dedican a temas de activismo digital y me ayudaron sobre todo a proteger mi identidad, y a cifrar correctamente mi conexión para poder navegar de manera segura. 
—¿Cuantos días estuviste?
—Estuve 15 días, y no quería hacer nada que tuviera que ver algunas cosas de las que se hablan. Me parece que hubiera sido muy fácil ponerme en contacto con un degenerado, o con alguien que venda drogas, o comprar un pasaporte falso. Creo que esto hubiera tenido un recorrido muy corto y muy sensacionalista. Entonces, el ebook tiene dos partes, una primera que es una crónica gonzo, un relato en primera persona de la navegación, y la otra parte, es una historia del activismo digital, pero no como algo exhaustivo, sino de cuatro casos que me parecieron interesantes. Dejando de lado la parte más narrativa, y de investigación, lo que hice fue primero tener una cuestión impresionista de lo que cuesta conectarse, navegar, acceder a agregadores de contenidos para ir a los sitios adecuados.
—¿Cómo siguió la experiencia? 
—Después contacté con activistas y me metí en una red social de la deep web, y también accedí a un intercambio de archivos con periodistas de otros países, no información relevante, pero sí les pregunté cómo era su contacto con las fuentes y algunas otras cosas.
—¿Hay más gente ahí adentro de lo que uno puede llegar a imaginar?
—Creo que una cosa es la deep web, y otra cosa es Tor, el navegador con el cual la gente accede. Es decir, para usar la internet que conocemos de manera segura y anónima, muchísima gente está usando este programa, y se han cuadruplicado las descargas en el último año. Especialmente con los casos conocidos de espionaje masivo, la gente cada vez es más consciente de lo que implica la seguridad y el anonimato en la red. Por otro lado, la deep web creo que es cada vez más un espacio importante de navegación, porque siempre ha estado ahí, pero ahora también se la ve como un recurso de seguridad. Yo no tenía mucha idea de quiénes lo usaban, y cuando me puse a investigar me di cuenta de que, más allá de la cosa fetichista de decir que ‘estoy en la deep web’, mucha gente lo usa, aunque vaya más lento, porque es seguro enmuchos aspectos. 
—¿Te quedaron cosas afuera del ebook?
—Me han dado ganas de ampliar el libro. En el fondo no deja de ser un reportaje largo, y creo que podría ampliarse más por ambos lados, por el de la historia del activismo digital, porque en el fondo es activismo político y hay millones de casos y mucho que decir. Y creo que mi crónica gonzo da para lo que da, salvo que uno quiera revelar algo más importante, y yo por una cuestión de ética profesional no quería llegar mucho más lejos, precisamente porque te lee la gente curiosa, pero también autoridades, y hay que tener cuidado con las cuestiones que uno revela. Creo que la práctica de la deep web es interesante para ver cómo la lectura por parte de los medios masivos es totalmente falsa y por otro lado, para poder ampliar en algo que ahora mismo es una parte de periodismo de investigación que prácticamente no se trata. Porque lo que pasa en esas redes tiene muchísimo que ver con nuestras libertades y nuestros derechos civiles y creo que nos preocupamos muy poco de esto. 
—¿A tu entender está en peligro este espacio de libertad?
—Sin dudas lo que están intentando los Estados Unidos, y otros gobiernos es cerrar la deep web así como la conocemos, es decir, cercarla. Buscan, con la excusa de la violencia, y de la delincuencia, tener un control total de lo que pasa ahí. No toleran ningún tipo de organización. Ese es el problema de los Estados totalitarios, por más de que sean teóricamente democráticos. La falta de control sobre la información que se encuentra ahí, es lo que está creando las noticias que circulan para poder dar esta imagen de que es un espacio peligroso, incontrolable y que debe ser cercado. Lo que pasa es que sin dudas, siempre los gobiernos llegan tarde, y si cierran la deep web habrá otras maneras de protegernos como ciudadanos.

Coqui Toum / jorge.toum@uno.com.ar