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Miércoles 10 de Febrero de 2016

Arancedo presidirá la misa del Miércoles de Ceniza en Santa Fe y dará inicio a la Cuaresma

La tradicional misa será celebrada este miércoles a las 20 por Monseñor José María Arancedo en la Catedral Metropolitana. 

Este miércoles 10 de febrero, es el llamado ¨de Ceniza¨, día en que comienza la Cuaresma, período de 40 días en el cual los cristianos se dedican a la oración, las privaciones voluntarias, la limosna, y los actos de caridad y misericordia, como preparación para celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. 
La tradicional misa de esta celebración será presidida por Monseñor José María Arancedo a las 20 en la Catedral Metropoitana de la Ciudad. En este día se efectúa el rito de la imposición de la ceniza en la cabeza de los fieles. Se trata de las cenizas de los ramos de olivo del año anterior. El signo es penitencial, por eso el sacerdote, al imponer estas cenizas
“Vivir la Cuaresma en el Año Santo de la Misericordia es una gracia que debe iluminar nuestro camino de conversión y orientar nuestro compromiso eclesial”, dice el arzobispo de Santa Fe, monseñor José María Arancedo en su mensaje de Cuaresma, en el que sostiene que “la conversión es un aspecto central en la vida cristiana”. 
La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos, cuando se inicia la Semana Santa. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.
“La pregunta que deberíamos hacer -añade- es: ¿convertirnos a qué o a para qué? La conversión necesita de un proyecto de vida que lo veamos como un ideal. En este caso el proyecto se identifica con una persona. La conversión no comienza mirándonos a nosotros sino a Jesucristo, en quien descubrimos el camino de nuestra plena realización y el motivo que nos urge a participar en la vida de la Iglesia”, señala Arancedo en su escrito.
Tras otros conceptos sobre la fe y su conocimiento, Monseñor asevera que “la meta de la conversión es la vida de Dios, la santidad, como un bien al que todos estamos llamados. El camino siempre es Jesucristo, nuestra tarea en la vida cristiana será llegar a tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Sólo en él nuestra vida alcanza su estatura y madurez espiritual. No seguimos a una idea sino a una persona que se nos presenta como un camino de gracia y verdad, de vida y santidad, de amor y solidaridad. Conversión y Misericordia se presentan como una exigencia de nuestra fe en Jesucristo, y que debe ser la causa que motive nuestra oración, examen de conciencia y el compromiso con la vida de la Iglesia”. 
Después de señalar que “la fuente de la misericordia es el amor de Dios. Es Jesucristo quien nos lo revela y en quien descubrimos el rostro de la misericordia del Padre”, Arancedo agrega que “la misericordia es expresión de un amor que se hace cercanía ante el dolor y la necesidad del otro. Es un amor paciente que espera el momento del encuentro, no se detiene ante una respuesta negativa o no esperada; así nos ama Dios, incluso en nuestra lejanía. Porque nace del amor ella eleva, primero, a quien la vive. En las Sagradas Escrituras la misericordia es la palabra clave para indicar el actuar de Dios hacia nosotros. Esta certeza lleva al papa Francisco a decirle a la Iglesia, y en ella a cada uno de nosotros: ‘La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia”. 
En la última parte de su mensaje cuaresmal, el arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz señala que “un modo concreto de iniciar esta Cuaresma en el marco del Año de la Misericordia, es hacer realidad en nuestras vidas las palabras de Francisco cuando afirma: ‘Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales’. El Catecismo de la Iglesia Católica las define: Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales. Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos. Esto nos marca un camino cuaresmal".

 

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