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Sábado 13 de Febrero de 2016

Aseguran que vivir en pareja mejora la salud y alarga la vida

La psicóloga y antropóloga Fabiana Porracin analiza desde esas dos disciplinas los resultados de un estudio estadístico que sostiene que los vínculos amorosos duraderos impactan positivamente en la vida de las personas. Los contrastes, las excepciones y consejos.

Ya en 2007, Diario UNO de Santa Fe dio cuenta de un estudio realizado por Instituto Nacional de Estadísticas y Estudios Económicos de Francia (Insee), que se basó en el seguimiento de 73.100 hombres y 98.100 mujeres de entre 40 y 90 años.
La conclusión a la que llegó el autor del mismo en ese momento, Rachid Bouhia, aparecía como muy sólida por su rigurosidad estadística: de los datos se desprendía que, “cualquiera fuera la edad, los solos tenían mayores posibilidades de morir que los casados”. 
La investigación no negaba que otros factores económico-sociales, nivel educativo y situación de salud son variables que intervienen y a veces determinan el nivel de sobrevida.
Sin embargo, “a iguales características, quienes tienen entre 40 y 60 años y nunca vivieron en pareja tienen mayores posibilidades de morir que el resto”, aseguraba el estudio.
En términos económicos, la investigación proponía que “los empleados y los obreros tenían el doble de riesgo de morir que los profesionales o los intelectuales. Y que esta brecha se reducía a la mitad si se está en pareja, sea cual sea la condición social”.
Lo cierto es que no hay muchos estudios –accesibles– que involucren a tantas personas y a tantas variables analizadas.
Y, más allá de que es imposible hacer una generalización absoluta, Bouhia planteaba que no es casual que quienes están solos “suelen tener otras dificultades, como una salud degradada, estar fuera del mercado laboral o vivir en condiciones precarias, lo que a su vez hace que sea aún más difícil relacionarse y lograr estar en pareja. Es decir, plantea algo así como una suerte de círculo vicioso de soledad y problemas”.
Ahora bien, para Fabiana Porracin, psicóloga y antropóloga egresada de la UBA, se puede “sobrevivir” sin una pareja, aunque no es lo mismo según lo que analiza sobre la base de esa investigación.
“El ser humano no va a morir por estar solo, pero, de acuerdo a los resultados sugeridos por el estudio en cuestión, se vive menos”, dijo en diálogo con Diario UNO. 
“Ciertas necesidades y potencialidades –de cada uno de los aspectos que nos constituyen– pueden verse no realizadas en plenitud llevando adelante una eterna vida en soledad”, dijo.
Y contrastó: “No obstante esto, es importante preguntarse si en cada caso concreto la vida que se lleva en pareja o en soledad es con calidad de vida o con malestar”.
—Entonces lo importante es el tipo de vínculo que se establece, más que el vínculo en sí. 
—Mire, la vida es una constante manifestación y evolución de contradicciones. Somos individuos porque somos sociales. No hay individuo sin sociedad. La individualidad es un proceso complejo y dificultoso, de permanentes tironeos entre el adentro y el afuera, lo interno y lo externo, las ideas propias y los mandatos. La vivencia de tránsito en este péndulo es costoso. El individuo que pretenda suprimir precisamente su individualidad, su particularidad autoanulándose en función de la pareja “sobrevivirá” acotado. También el que no pueda nunca realizar su individualidad junto a otro.

“Animales gregarios”
—Según su experiencia profesional y la literatura sobre estos asuntos, ¿las personas en pareja viven mejor o más felices?
—Se suele percibir lo que muchas de las personas solas manifiestan: infelicidad resultado de la soledad, a excepción de aquellas que se separan luego de muchos años de sufrimiento en pareja. Aquí lo único que imploran es la soledad. Es también una creencia, una cosmovisión compartida que tiene precisamente los basamentos biológicos, psicológicos y sociales, cuyo fundamento es que el humano es un animal gregario. Pensando esto en términos abstractos, el humano es un ser biopsicosociocultural y estos tres aspectos interjuegan en las determinaciones conductuales. 
“Ahora bien –diferenció–, en concreto hay que pensar cada caso particular, y la calidad de vida del mismo. Muchas veces hay menor calidad de vida en parejas o matrimonios con elevados niveles de frustración e insatisfacción; que acarrean distinto tipo de sintomatología, la que uno atiende en el consultorio”.
Contrariamente, Porracin dijo que hay casos de personas que tienen una mayor calidad de vida solos. Y también que “hay personalidades que se desarrollan en este contexto y no en el ámbito de compartir su vida”. 

Estabilidad y sostén de la “especie”
“Desde lo biológico somos reproductores de la especie. Como organismos vivos tenemos este sentido de supervivencia y esta finalidad. Sin embargo, esta predeterminación organísmica puede seguir su curso o no de acuerdo a la instancia psicológica; es esta la que inaugura la elección de objeto sexual con independencia de la instancia biológica”, dijo en ese sentido.
“Por otro lado la instancia cultural –el momento y lugar en el que nacimos– condiciona si vamos a integrar, por ejemplo, una familia matriarcal al estilo Nagovisi (en la isla de Bouganville, frente a Papúa Nueva Guinea) o Khasi (India) o Mosuo, o no”, agregó Porracin. 
“La cría humana en sociedades como la nuestra –y en el medio de un sustrato económico que lo posibilite–, requiere de 18 a 25 años de contención, de sustento económico, afectivo, emocional, cultural para su mejor desarrollo”, continuó reflexionando la psicóloga y antropóloga. 
Y agregó: “De este modo, los requerimientos de estabilidad emocional y afectiva que demandan una pareja, y el desarrollo humano, pensando en términos de la reproducción de especie, nos conducen a la conclusión en abstracto de un mayor desarrollo del individuo mediante la vida en pareja teniendo en cuenta estos factores”. 

Del enamoramiento al amor
Fabiana Porracin se especializa además en terapia de pareja y sostiene que en una relación “se necesita aprender a pasar del enamoramiento al amor. De la etapa de vivir solos a la convivencia. De vivir solos, al nacimiento de los hijos (en caso de que se quiera/pueda tener)”. 
“Requiere asimismo –explicó la experta– afrontar las dificultades que plantea la convivencia, el manejo de las cuestiones domésticas, hasta la sexualidad, la educación de los hijos, el manejo de la economía del hogar, la relación con las respectivas familias de origen, la vida social, recreativa, etcétera. Necesita aprender a sobrellevar las diferencias, generando consensos”.
Entonces hay muchas claves para construir una relación de pareja “sana” y siempre conviene buscar ayuda. 
“Por tratarse –como vemos– de un vínculo sometido a diverso tipo y grado de exigencias y estresores es que muchas veces se requiere de la guía y contención terapéuticas que nos ayudará a salir de los diversos atolladeros en los que el vínculo se pueda encontrar”, concluyó.

Mariano Ruiz Clausen /Diario UNO/ mruiz@uno.com.ar

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