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Sábado 12 de Marzo de 2016

Bailar, una terapia útil para aliviar el Parkinson

Conjunto. La práctica de la danza genera beneficios en la salud. En la ciudad, una bailarina profesional que trabaja para conjugar estos elementos, fue becada por un programa internacional que aún no desembarcó en el país.

Larisa Fanlo es bailarina profesional, oriunda de Buenos Aires, que terminó mudándose a Santa Fe junto a su marido santafesino hace un par de años. En la actualidad, se dedica a trabajar con personas que ya fueron diagnosticadas con mal de Parkinson y con adultos mayores que buscan prevenir enfermedades de tipo demencial.
Su labor la llevó a interiorizarse sobre los diversos aspectos de esta patología y en la actualidad cursa una beca otorgada por un prestigioso programa internacional radicado en EE.UU.: Dance for PD (Danza para la Enfermedad de Parkinson).
Esta fue creada por profesionales de la danza de todo el mundo con el fin de mejorar la calidad de vida de todas las personas que padecen Parkinson y extenderlo a cuidadores y gente del entorno del paciente. Si bien este sistema cuenta con un total de 17 sedes en el mundo, aún no llegó a Latinoamérica. Hoy Fanlo se convertirá en la primera persona en traer este novedoso sistema a la ciudad.

Un interés personal
El interés de Fanlo por esta patología surge a raíz de su historia familiar. Desde muy chica empezó a estudiar ballet. Luego, a lo largo de su vida, tuvo la suerte de que las cosas se fueran dando para poder tener una carrera profesional. Primero ingresó en el Teatro Colón.
En 1987 logró acceder a una beca por la cual se sumó a la escuela de New York Citi Ballet.“Me fui a EE.UU., hice mi beca allá, de ahí me surgieron posibilidades de trabajo en ese país y en Europa”, recordó Fanlo. En esa instancia optó por trasladarse a Europa. “Decidí irme y vivir allá, estuve casi cinco años”, agregó la profesional, quien por cuestiones personales tuvo que retornar al país: a mediados de los 90 su madre fue diagnosticada con Alzheimer. 
“Mi mamá dejó la vida por mí como toda madre de bailarina para que pudiera tener la carrera que tuve y pudiera hacer todo lo que hice. De la misma manera dejé todo por ella”, relató Fanlo.
La enfermedad de su madre duró diez años. A lo largo de ese proceso Larisa decidió dejar la danza para cuidarla.
Dentro de todo ese contexto empezó a conocer otras realidades y tipos de personas. En un punto se vio obligada a internar a su madre, en donde conoció a otros pacientes que al enterarse de su profesión se entusiasmaban y pedían una demostración de su agilidad. 
“Me di cuenta de que tenía una muy buena afinidad con la gente mayor y de alguna manera fue surgiendo la idea de pensar que la danza algo les motivaba”, recordó.
Luego de que su madre falleciera, optó por mudarse a esta ciudad donde comienza a desarrollar la idea de unir la danza a la salud para comenzar a trabajar estos dos aspectos. “La danza está muy encuadrada, está la creencia de que es solamente para el que tiene aptitudes y es extraordinario y entonces puede acceder”, relata Fanlo. Ella no niega esa realidad, aunque recalca que la danza ofrece un montón de aspectos que pueden llegar a muchas personas.
De a poco empezó a buscar trabajo en un ámbito que conjugue los aspectos que le interesaban: baile, enseñanza y Parkinson. En esa línea es que Fanlo explica que la danza integra un importante número de funciones. Por ejemplo, se puede obtener tono muscular y fuerza, pero también se consigue capacidad de concentración y equilibrio.
Además tiene una cuestión de creatividad porque en cada movimiento que hace un bailarín hay una intención, una historia que se está contando. “Es como que la gente trabaja además su imaginación y creatividad”, explicó Fanlo. Cada persona puede crear su propio movimiento tomando conciencia de hasta dónde puede llegar. Es en ese trabajo que las personas tienen que participar para explorar posibilidades sin instalar un obstáculo antes de tiempo.
Basada en su teoría empezó a trabajar en un instituto gerontológico de la ciudad. Hoy distribuye su tiempo en el nosocomio que le abrió las puertas donde hasta el día de hoy colabora con personas que padecen mal de Parkinson y al mismo tiempo brinda clases de carácter preventivo en un instituto de neurociencia modelo. En el lapso que lleva trabajando con los mayores pudo constatar que el trabajo constante dio buenos resultados y notó cambios en sus alumnos. Mejoras que colaboraban a avalar su metodología de trabajo.

Una búsqueda con final inesperado
La inquietud por corroborar su forma de pensar y encontrar a gente que pensara de la misma manera la llevaron a contactarse por medio de internet a personas que, al igual que ella, sostienen que la danza genera beneficios en quienes padecen Parkinson. “Buscando información, me contacté con la gente de Danza para la Enfermedad de Parkinson (Dance for PD), que están radicados en Brookylin, EE.UU, donde tienen su sede”, relató Fanlo, al mismo tiempo que aclaró que si bien el movimiento se expandió en Europa y EE.UU., aún no llegó a Latinoámerica.
“Me contacté con ellos porque son bailarines profesionales”, aclaró Larisa, sin dejar de explicar que para aplicar el programa se debe ser profesional del baile. “Me contacté con ellos y por mis antecedentes artísticos y contándoles el trabajo que estoy haciendo, me invitaron a aplicar para una beca”, contó Fanlo, quien ya tiene asegurado un puesto este año y hace poco empezó a cursar los estudios. 
El programa pretende que la gente aprenda a pensar como un bailarín. “Un bailarín no solo piensa en ser famoso, también tiene en cuenta que debe cuidar de su cuerpo, debe comer sano. Piensa en los movimientos que va a hacer y reconocer los movimientos que hace”, explicó. 
Fanlo hoy se aboca a enseñar a los adultos mayores a través de la disciplina que marcó su vida y asegurando que la danza determina un estilo de vida. Sin embargo, desde Dance for PD –cuyo fundador es David Leventhale– se sostiene la hipótesis de que pensar como un bailarín trae beneficios y dentro de ese contexto, no hay una manera errónea ni correcta de bailar.
Si bien ellos trabajan con gente que tiene Parkinson, no lo hacen con pacientes, y de esta manera dejan de lado lo médico, ya que se pretende integrar a la gente a una comunidad artística. “Lo que se busca es que se sientan artistas que van a desplegar sus capacidades”, agregó la profesional de la danza, sin dejar de acotar que el programa Dance for PD le brindó la teoría que no podía explicar en palabras.
Al momento de contestar cuáles son sus expectativas en relación a la beca que logró ganar, no duda en afirmar: “todas”. La beca, que tiene una duración de dos años, brinda una capacitación on line; además cuenta con otra etapa en la cual los becarios son aceptados como parte del programa, en los que se puede participar de ellos. Otra parte son los seminarios de capacitación. “En julio voy a ir a una semana para estar en la sede de Brooklyn, para luego visitar las distintas sedes donde se brindan clases de diferente tipo y técnica”, adelantó Fanlo, que tiene en mente llevar cosas locales y secuencias coreográficas que se puedan integrar al programa y, al mismo tiempo, traer nuevos aspectos. 
Su proyecto se basa en seguir trabajando y poder presentar un proyecto al gobierno para que este tipo de clases sean abiertas a la comunidad y para todos aquellos que consideren que pueda ser beneficioso para su salud. 
“Eso es lo que me gustaría que pase, porque es muy importante y hay que pensar en la gente mayor y la que tiene pocos recursos, que debería tener la posibilidad de acceder”, dijo Larisa Fanlo, ya que la práctica de la danza integra un montón de aspectos.
El origen del programa de DfPD
En Brooklyn hay una clínica especializada en Parkinson. El director de la clínica en un momento se vio ante la necesidad de armar un grupo conformado por personas que padecían esa enfermedad. Fue su mujer quien empezó a trabajar con los pacientes como grupo de apoyo. “Ella fue siempre una mujer que le gustó el ballet y encontró muchas similitudes entre los enfermos y los bailarines”, contó Fanlo.
En ese momento, la compañía del Mark Morris Ballet inauguró un edificio en la zona, que buscaba estar abierto a la comunidad. La idea se convirtió en realidad cuando ambas partes se pusieron en contacto basándose en el hecho de que el Parkinson es una enfermedad que está completamente relacionada a lo motor y lo muscular, sin afectar la capacidad cognitiva. “Ellos están perfectamente bien de la cabeza y justamente tienen que pensar sus movimientos, no pueden ejecutarlos sin antes calcular, interpretar y tomar conciencia”, explicó Fanlo.
En ese contexto, los bailarines están obligados a pensar en cada aspecto que rodea a su actividad, desde los movimientos en secuencias, desmenuzándolos para conformar una escena. Tomando como punto de partida esos aspectos, fue que se pensó en la posibilidad de aplicar la danza al Parkinson.
“Ellos trabajan exclusivamente con gente con Parkinson; yo pretendo hacerlo tanto con pacientes de Parkinson, Alzheimer, como aquellas personas que no tengan nada”, adelantó la profesional del baile. Al momento de trabajar con gente que aún no tiene diagnóstico ni padece una enfermedad, las clases se enriquecen ya que ponen todo su empeño.

El esfuerzo del paciente
El hecho de que la figura de la bailarina esté aceptada, facilita el trabajo de Fanlo con los adultos mayores. Sin embargo, ella no deja de utilizar todos los recursos que tiene a disposición para que los alumnos puedan integrarlo a su vida. “Yo trato de utilizar recursos visuales, en especial con los hombres, ya que en la mujer es mucho más sencillo”, aclaró.
Dentro de este contexto, se busca armar una teoría y argumentación para que lo acepten. “No he tenido a nadie que me haya dicho «yo no»”, aseguró Fanlo con una sonrisa en su rostro. Es un desafío cognitivo para ella, que en ocasiones prepara las rutinas de trabajo y muchas veces se ve obligada a bajar muchos escalones de nivel. 
“Es tratar de explicarle a alguien por qué esto es bueno o debería hacerlo y no es tan fácil. Por eso es necesario tener videos para explicar el trabajo”, reiteró la experta.
Por otro lado, agregó que es especialmente en el ámbito del geriátrico donde muchas veces se encuentra con una respuesta negativa que surge del desconocimiento. Ante ese comportamiento, la profesora solo opta por pedirles que observen la clase. “He visto transformaciones delante mío”, aseguró Larisa. A medida que gana su confianza y respeto, las personas empiezan a interesarse en la práctica del baile.
En una práctica donde se deja de lado la técnica y lo que vale es el esfuerzo que realiza el paciente, hay unos que necesitan más ayuda que otros. “A mí lo que me hace feliz es que la persona sola haya movido el pie o que alguien que no podía mover absolutamente nada un día mueva una mano”, aseguró la mujer, sin dejar de mencionar que son esos momentos en los que se siente más feliz, ya que estos episodios evidencian que algo en la persona se movilizó.

Romina Elizalde/ UNO Santa Fe/ relizalde@uno.com.ar

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