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Domingo 12 de Julio de 2015

Chicos prodigio: cuando estar arriba del promedio es, a la vez, un don y una adversidad

Altas capacidades. Los niños con coeficientes elevados y habilidades especiales enfrentan situaciones de bullying y problemas de adaptación en la escuela. Cómo identificarlos y cuáles son los desafíos que tienen.

Nicolás Santa Cruz tiene 11 años y está a punto de pasar a 1º año de la secundaria, le gusta la astronomía y quiere estudiar física cuántica en la Nasa; y su hermano Felipe tiene cinco años y puede leer números de seis cifras, sumar, restar y multiplicar. Son, obviamente, niños con altas capacidades (lo que antes se conocía como superdotados).
En principio, la situación generaría alegría en cualquier familia y comunidad escolar. En un contexto donde se hace hincapié en la necesidad de integrar a los estudiantes con trastornos del aprendizaje o discapacidad, que un chico esté por encima de la media no parece un problema.
Sin embargo, para las familias esa situación es un desafío porque si los chicos no reciben el acompañamiento suficiente pueden frustrarse y tener un impacto negativo en su desarrollo. Y, por otro lado, en la escuela no existe la preparación necesaria para contener, enseñar e integrar a esos alumnos que, muchas veces, saben más que los docentes sobre determinados temas.
Es que, en general, estos chicos tienen dificultades de relación con sus compañeros, suelen ser víctimas de bullying (acoso escolar), se aburren en clases y tienen problemas de conducta. Por lo tanto, si no son identificadas las reales causas de ese comportamiento, terminan con diagnósticos que requieren medicación.
Según la Organización Mundial de la Salud, el 10 por ciento de la población escolar tiene altas capacidades (AC). Las personas con coeficiente intelectual (CI) igual o mayor a 130 son considerados con AC intelectuales pero, más allá del CI las altas capacidades definen a un tipo de personalidad que incluye también a quienes se destacan en otros campos como el deporte o las artes, independientemente del CI.

Llegar al diagnóstico
Mariano Santa Cruz (51) y Virginia Zampar (34) –ambos comerciantes– nunca imaginaron que sus hijos menores tendrían esas capacidades y descubrirlo no ha sido un camino fácil. Aunque, mirando en retrospectiva, hubo distintas señales como que cuando tenía cuatro años, Nicolás se sabía todos los nombres de los dinosaurios y sus características.
“Sabíamos que él tenía muchas capacidades pero no dimensionábamos el tema. Desde chiquito aprendió a leer y a manejar numeración. Además era muy aplicado en la escuela”, señaló su mamá.
Fue un educador el primero en sugerir que consulten a un profesional. “Nosotros vivíamos en Romang y en la escuela en la que hizo de 1º a 3º grado había un profesor de educación física que nos dijo que veía en Nicolás los parámetros de un chico con altas capacidades. Nos insistió en que lo hagamos evaluar”, recordó Mariano Santa Cruz.
Y reconoció que luego se mudaron a Santo Tomé y dejaron pasar el tiempo sin hacerlo. “Él hizo 4º grado y el año pasado, en 5º, presentó todos los inconvenientes que nos habían mencionado que iba a tener como desinterés por la escuela y comenzó a sufrir bullying”, explicó y detalló: “Como tienen un CI alto, ellos se expresan diferente, tienen términos lingüísticos de adultos, saben, investigan y participan mucho en las clases. Eso hace que, al convivir con chicos de su misma edad, se creen inconvenientes”.
Pero no solo con sus pares puede haber problemas, muchos educadores se sienten amenazados por el nivel de conocimiento de los chicos con AC. En 2014 Nicolás tuvo un inconveniente con una maestra y la docente le dijo a los padres que era “un fabulador”. “Ahí decidimos enviarlo a una psicóloga y a una psicopedagoga para evaluarlo”, contó Virgina Zampar y agregó: “La psicopedagoga nos dijo que no era que él tenía problemas sino que necesitaba desarrollar más sus conocimientos y por eso se generaba el conflicto. Por eso sugirió que lo pasen a 7º grado”.
Al respecto, manifestaron que cuando no se logra identificar a tiempo a los chicos con altas capacidades se los suele diagnosticar con déficit de atención o hiperactividad o como chicos problemáticos porque no prestan atención en clase, se aburren, no se quedan quietos o no hacen lo que la maestra indica y eso genera que se los medique.
Finalmente, en febrero de este año, el Ministerio de Educación de la provincia autorizó la promoción al último año de la primaria en la escuela Nº 15 Juan de Garay de Santo Tomé; y hoy Nicolás está próximo a completar el nivel y pasar a la secundaria. El año que viene está previsto que continúe sus estudios en la Escuela Industrial Superior, dependiente de la UNL.
De todas maneras, saltar un año de la primaria es solo un pequeño paso para acompañar el potencial de Nicolás –que además concurre a clases de astronomía, ajedrez, inglés y catequesis, todas las semanas. Su familia debió realizar, casi en soledad, una profunda investigación hasta encontrar algunas pautas que sirvan para que su hijo tenga una infancia feliz, de acuerdo a sus necesidades.

Las trabas del sistema educativo
Nicolás tiene un CI de 148 en la escala Cattell y de 132 de la escala Wescheler, un 98 por ciento de perceptibilidad y tiene una gran capacidad de comprensión en todas las áreas. “Nosotros fuimos a las profesionales para ver cómo ayudarlo y nos encontramos con esta situación. Fue un impacto”, señaló el padre.
A lo que Virginia, la mamá, añadió: “Fuimos a la escuela con esos resultados y al principio no nos creyeron. Por eso decidimos ir a Buenos Aires y nos contactamos con Carlos Allende, un psicólogo que se especializa en la temática. Él nos confirmó que la edad mental de él es de un chico de 17 años”.
Los papás de Nicolás reconocen que la primera barrera que encontraron, una vez que tenían el diagnóstico y empezaron a pensar alternativas para su hijo, fue de varias directoras que les dijeron que las instituciones que dirigían no eran para él.
“Esta es una problemática que tiene consecuencias mucho más graves que las de los chicos con bajas capacidades. Porque existe una regulación para quienes tienen problemas de aprendizaje, hay una ley y dispositivos de asistencia. Pero estos chicos no. Entonces suelen frustrarse y tener inconvenientes en la adolescencia”, detalló Santa Cruz.
Es por eso que la familia decidió dar difusión a la situación que les tocó e invitar a otras familias a que presten atención a las señales que puedan indicar que sus hijos tienen altas capacidades para poder ayudarlos a tiempo.
“Nosotros participamos hace poco de un encuentro con APHASD, una organización de Brasil, donde existe una ley que regula el acceso a la educación de los chicos con AC. Ellos tienen registrado que hay un alto porcentaje de estos chicos que se suicida en la adolescente porque no tienen el acompañamiento necesario. Hay que tener en cuenta que son chicos muy sensibles, que se aíslan”, lamentó Mariano Santa Cruz.
 En el último año han recorrido varias instituciones educativas llevando el material con el que cuentan esperando que algún establecimiento los convoque para conocer un poco más sobre el tema. “Por lo general, el pedido de información pasa más por algunos padres; en la parte educativa hay una negativa al tema”, dijo aunque aclaró que la jefa de supervisores de Primaria fue la primera en tomar realmente el tema, creerles y definir acciones concretas para ayudarlos.
Al respecto, Virginia explicó que la expectativa que tienen es que “los docentes estén capacitados para detectar a estos chicos y ayudarlos porque necesitan un acompañamiento de por vida”. “Por eso, cuando no quieren capacitarse para integrarlos nos duele. De todas maneras, los maestros no están capacitados en el tema y no saben de qué se trata. Todo eso acarrea que los chicos sigan a la deriva”, afirmó la mamá.
Es que conocer sobre las niñas y niños con AC es la única manera de identificarlos a tiempo y ayudarlos. De hecho, a partir del diagnóstico de Nicolás, sus papás pudieron identificar que el menor de sus hijos, Felipe, también tiene altas capacidades.
Con él tuvieron un poco más de suerte porque asiste al jardín Nº 112 Clelio Villaverde donde la señorita Sofía sabe motivarlo y acompañar sus necesidades de aprendizaje.

La violencia
El bullying es el principal problema que enfrentan los chicos con altas capacidades –y muchos otros que no tienen esas habilidades. Hace algunas semanas se conoció el caso de un alumno de la escuela Presidente Beleno que fue golpeado por sus compañeros de curso “por estudioso”. Nicolás también sufrió ataques y maltrato, por eso su familia hace tanto hincapié en difundir lo que ocurre con los chicos con AC.
“Sus compañeros tampoco comprenden lo que está pasando así que dicen que es el traga, el que se sabe todo. Y lo terminan agrediendo”, lamentó Virginia. Y Mariano agregó: “Por eso es importante evaluar a los chicos con profesionales porque solos no se los puede acompañar”.
“Hay cosas de la escuela que me gustan y otras que no. Lo que no me gusta es que, a veces, me aburro y los chicos no son muy amables. Pero lo que me gusta es que puedo aplicar lo que estuve aprendiendo, estimularme para trabajar en la Nasa y aprender cosas que no sabía. Necesito de la escuela para hacer lo que yo quiero hacer”, sintetizó Nicolás.

Saltear años
En relación a cómo ha impactado en Nicolás la promoción a 7º grado, sus papás reconocieron que tiene mayor interés por lo que estudian en la escuela. “Pero él sigue teniendo a sus amigos y jugando como un chico de su edad”, subrayaron.
De todas maneras, el año próximo comenzará la secundaria y ahí la diferencia de edad será más notoria. “Él puede tener una conversación fluida con chicos y grandes, lo puede manejar. El tema es que los demás lo comprendan”, dijo su mamá.
Y agregó: “Va a ser un niño en el secundario. No podemos dejar que se pierda de vista eso. Por eso necesitamos que se sepa para que sus compañeros lo adopten y él a ellos, porque no solo puede superar a algunos de sus compañeros sino también al docente y ese es el miedo”.
Al respecto, los papás de Nicolás contaron que evaluaron la posibilidad de la educación en casa y de rendir algunos grados libre, pero encontraron que en la provincia esas no son opciones posibles. Además, señalaron que solo en Mendoza, Buenos Aires y Salta existen escuelas especiales para chicos con AC.
“Las escuelas públicas y privadas tienen bases curriculares similares. Puede haber en algunas un mayor control de las conductas de los chicos, pero las dificultades están en todas las instituciones. Así que Carlos Allende nos dijo que encontrando una maestra coherente resolvíamos el problema, que es lo que sucede con Felipe”, resaltó Mariano Santa Cruz.

Cómo surgen y se detecta a estos chicos
Virginia, la mamá de Nicolás y Felipe, señaló que cada vez hay más chicos con altas capacidades. “Esto viene de un 40 por ciento genético y un 60 por ciento ambiental. O sea, todo lo que ellos perciban en la panza de la mamá va a influir en lo que el bebé va a desarrollar. Todo lo que vos le hablés, le leas y le cuentes, así como la relación entre papá y mamá y con los hermanos, influye en el desarrollo”, marcó.
Y recordó que durante los embarazos ella le hablaba como que él estaba ya con ellos y le contaba cuentos. “Yo los retaba y ellos se quedaban quietitos. Por ahí pegaban patadas y cuando la hermana más grande, Selene (17), les hablaba se tranquilizaban”, agregó y señaló: “Ellos captan desde la panza todo. Por eso, cada vez va a haber más chicos como ellos”.
La Asociación Paulista de Altas Habilidades/Superdotación (APHASD) de la Argentina define algunas pautas a las que los padres deben estar atentos para identificar si sus hijos tienen altas capacidades. Entre ellas se destacan: una capacidad superior o diferente en una o varias áreas al mismo tiempo, incluidas las artísticas y deportivas; presentar rendimientos superiores a edades tempranas que han ido desapareciendo a medida que avanza en la escuela; no desea concurrir a la escuela, afirma que se aburre o sufre bullying; y no hay correspondencia entre el rendimiento que presenta en casa con sus temas de interés, frente al rendimiento escolar.
Ante esa situaciones es importante poder consultar a un especialistas o bien ingresar a www. apahsd.com.ar o www.facebook.com/ChicosMuyInteligentes.
De todas maneras, Mariano Santa Cruz, el papá de los chicos, advirtió: “La gente ve la parte linda de la problemática, pero no las consecuencias negativas que puede tener. El hecho de que ellos tengan altas capacidades no quiere decir que encuentren todo lo que los satisface y al no encontrarlo se frustran y esa frustración es más fuerte de la que tenemos quienes poseemos capacidades básicas”.

Victoria Rodríguez/ UNO Santa Fe/ victoriarodriguez@uno.com.ar

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