Ovación
Sábado 01 de Octubre de 2016

"Con vos nunca más, Joe. Es lo más parecido a la muerte"

Es lo primero que le manifestó Muhammad Ali a Frazier, al término del tercer choque entre ambos, del que hoy se cumplen 41 años, conocido como Thrilla in Manila. Agotados y doloridos al extremo, antes del comienzo del 15º y último asalto ninguno de los dos quería salir a pelear.

Siempre fueron el agua y el aceite pero, Muhammad Ali y Joe Frazier –dos de los mejores pesados del último siglo–, conformaron una trilogía de peleas que, por lejos, es recordada como uno de los duelos más duros de toda la historia del boxeo.
Tres veces se vieron las caras sobre un ring. La primera fue el 8 de marzo de 1971 y Frazier, además de GPP 15 (unánime) y retener sus coronas AMB-CMB pesadas, se dio un gusto único: le sacó el invicto como profesional a Ali –casi nada–, tras derribarlo en el 15º y último round.
La segunda oportunidad en la que se enfrentaron fue el 28 de enero de 1974, y Ali se tomó revancha al GPP 12 (unánime) y conservar así la corona estadounidense de la máxima división. Estas dos primeras peleas tuvieron lugar en el Madison Square Garden de Nueva York.
Pero la tercera y última ocasión en que chocaron estos formidables trenes expresos, fue el 1 de octubre de 1975 y, a 41 años de este combate –que hoy se cumplen–, aún se lo recuerda como uno de los más brutales –por lejos– que sostuvieran jamás dos pesos pesados, ya que intercambiaron durísimos golpes durante 14 rounds, en una guerra que se extendió 42 minutos.

Thrilla in Manila
Con este nombre promocionó el festival Don King (¿quién otro podía organizarlo?), cuyo escenario fue el Coliseo Araneta, en Quezón City, en la Gran Manila, Filipinas. ¿Por qué acá? El exconvicto, celebérrimo por sus pelos parados, se aseguró los derechos del combate y a cambio de excelentes ganancias televisivas, programó la pelea en Asia. Para que se viera en horario central en los Estados Unidos, la misma empezó a las 10.45 de la mañana –hora filipina– del miércoles 1 de octubre. En territorio estadounidense, se desarrolló el martes 30 de septiembre, y comenzó a las 21.45 en Nueva York, a las 20.45 en Chicago, y a las 18.45 en Los Ángeles. Por eso, a la pelea se la recuerda con las dos fechas.
¿Y cómo llegaban ambos? George Foreman había aplastado a Frazier el 22 de enero de 1973 (le GKO 2 en Kingston, Jamaica, y le quitó el título). Ali, en su obra maestra –también organizada por Don King– se lo arrebató a Big George el 30 de octubre de 1974, en Kinshasa, Zaire (le GKO 8, y recuperó el cetro que le sacaron el 27 de abril de 1967, cuando se negó a ir a la guerra de Vietnam).
En la previa, la lengua de Ali funcionó a la perfección, como en toda su carrera (por caso, predijo 17 veces cuándo noquearía a sus rivales, y acertó en 13). Pero en esta ocasión, su inspiración fue aún mayor. Hasta llevó un gorila de peluche, al que golpeaba en las conferencias de prensa. "¡Vamos, gorila, estamos en Manila!", ante el enojo de Frazier, quien juró venganza cuando se encontraran sobre el ring.

Dos guapos de verdad
La pelea fue de toma y daca permanente, y ninguno dio ni pidió cuartel. Frazier, con su clásico juego de cintura, acortó distancias y con sus devastadores ganchos de izquierda –marca registrada– impactó en el cuerpo de un Ali quien, con sus jabs quirúrgicos y derechazos a fondo –también patentados–, golpeó a su retador con fiereza una y otra vez, sobre todo en la cabeza.
Durante toda su carrera, Frazier peleó con su ojo izquierdo prácticamente sin visión, porque padecía de
cataratas, de las que recién se operó tras su retiro: Ali concentró ahí su ataque. "No podía ver y la Mariposa (así lo llamaba Smokin' Joe a Ali) me cerró el derecho. Estuve casi ciego toda la pelea", recordaría.
Solo ellos y sus almas saben cómo aguantaron el esfuerzo sobrehumano de golpearse sin tregua desde la campana inicial, y bajo un calor sofocante de más de 40° en un estadio cerrado. En el descanso entre el 14º y 15º y último round, estaban al borde del desmayo. Eddie Futch, el DT de Frazier, decidió que el combate terminara y a pesar de las protesta de Smokin' Joe, quien quería continuar, le dijo: "Nadie olvidará lo que hiciste aquí hoy", y le indicó al árbitro Carlos Padilla que su pupilo, que había sobrepasado el límite de sus fuerzas, no seguiría.
Pero lo que Futch y Frazier desconocían era que el mismísimo Ali –quien tampoco daba más–, le había pedido al término del 14º round a su técnico, Angelo Dundee, que le cortara y sacara los guantes por el dolor insoportable que sentía en sus puños, lo que sería corroborado años después por el biógrafo personal de El Más Grande, Thomas Hauser.
Entonces, sorprendido por el abandono de su rival, Dundee le pidió a Ali que se parara: por el solo hecho de hacerlo y levantar su brazo en señal de victoria, se llevó el triunfo por KOT 14 y, de este modo, el oriundo de Louisville cerró 2-1 a su favor esta inolvidable trilogía entre dos verdaderos guerreros.
El Más Grande estaba tan cansado, que ni tuvo fuerzas para festejar y se desplomó en su rincón. Solo le dijo a Frazier sobre el ring: "Con vos nunca más, Joe. Esto fue lo más parecido a la muerte". Poco después, se lo repetiría en un hospital de Manila, donde ambos terminaron ese día.
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