Espectáculos
Domingo 16 de Agosto de 2015

“Conservamos la inquietud de cuando éramos niños”

Catupecu Machu.La banda llegará a Santa Fe en el marco de la gira Madera Microchip “El Grito Después-20 años”. El 22 de agosto se presentará en el Cine Teatro Luz y Fuerza, desde las 21. Escenario charló con Fernando Ruiz Díaz sobre este tramo recorrido en la escena del rock

En el marco de los festejos de sus 20 años, Catupecu Machu viene realizando su gira Madera Microchip “El grito después-20 años”, que los trae de regreso a la ciudad (tras cinco años de su ultimo show en la capital provincial). La cita será el 22 de agosto en el Teatro Luz y Fuerza (Junín 2957).
 
 
En 2014 Catupecu Machu cumplió 20 años de trayectoria y para festejarlo se editó el Box Set “El grito después-20 años”, colección que incluye un libro de fotos, dos DVD y dos CD. También se realizó una muestra itineraria de fotos y objetos de la banda y se llevó a cabo una extensa gira por la Argentina y varios países de Latinoamérica.
 
Catupecu Machu, fiel a su estilo innovador, desarrolla este formato donde fusiona lo clásico con la vanguardia en un espectáculo que propone un recorrido por toda su discografía. En Madera Microchip, la energía y pulso bailable, se fusionan con las nuevas posibilidades que ofrece la tecnología. Se mezclan las máquinas con los instrumentos acústicos. Se da una particular fusión de madera (las guitarras españolas, el cajón peruano) y microchip en forma de aplicaciones, resultando un show sofisticado y diferente.
 
Escenario charló telefónicamente con el líder de la agrupación Fernando Ruiz Díaz sobre lo que se podrá ver en la ciudad, lo que significan 20 años de carrera, y destacó el trabajo de músicos santafesinos como Rodrigo González excantante de La Cruda y actualmente frontman de su Experimento Negro. 
 
—Una vuelta a Santa Fe tras cinco años sin venir por estas tierras. ¿Por qué decidieron ponerle el nombre Madera Microchip a la gira?
—En realidad es un nombre que salió tras la entrevista para una revista. Eso fue cuando estábamos presentando Laberintos entre Artistas y Dialectos que fue el primer disco de la banda tras el accidente de Gabriel.  Nos pareció una buena idea cuando lo dijo el periodista porque resumía lo que veníamos haciendo. En ese caso habíamos planteado un disco mucho más acústico, pero cuando vino el periodista a entrevistarnos vio que había siete laptops entonces tiró esa frase. Nos gustó y la adoptamos. De hecho fue el título de la nota de esa publicación. 
 
—Es un buen resumen para Catupecu.
—Totalmente. Somos de tocar con guitarras acústicas o clásicas y pasarlas por un Ipad para darle un proceso de sonido y cosas así. Creo que es una buena manera de describir el trabajo que hacemos que siempre es una mezcla de las dos cosas.
 
—¿Y con este show pasa lo mismo?
—Sí. Es uno de los shows más raro y logrado que hemos hecho. Se combinan muchas cosas. Tiene climas muy diversos. Hay ambientes que atraviesan intimidad para luego ir a algo más poderoso y ruidoso. Es una mezcla de todo y el nombre le queda bárbaro.
 
—Si analizamos la carrera de ustedes y los comienzos de Catupecu también hay algo de esto. A lo mejor vos eras más como la madera y el cimiento y Gabriel era el que se animaba a volar un poco más y meterse en búsquedas no convencionales.
—Sí, tal cual, hay mucho de eso. Es una impronta que viene desde que empezamos. Siempre teníamos esa mezcla. Por ejemplo Cuentos Decapitados fue el primer disco en Argentina grabado íntegramente en Pro Tools. Era algo que no se veía por esos momentos. Creo que es una tradición que siempre la banda trabajó de esa manera. Cuanto Gabriel no pudo seguir, a esa posta la agarró Macabre que tiene un perfil parecido en esas búsquedas de procesos y sonidos nuevos. Así es que la banda crece y ya lleva 20 años en escena. Siempre nos vamos buscando y encontrando y esa es la virtud de la banda. Creo que es como un juego de niños. Lo entendemos así y es la manera en que nos entretenemos y la pasamos bien haciendo lo que nos gusta. Intentando, buscando, empezando de nuevo y transitando el camino sin que nos duela o moleste. 


 
—Pasaron 20 años. Dejando de lado cosas obvias que han pasado ¿Es más fácil o más difícil tener una banda?
—Qué sé yo. Es raro. Una banda siempre es como un imposible. Nosotros lo vivimos así desde siempre. Es una vida completamente diferente a la de cualquier persona. Vivimos de gira, estamos en los estudios, vivimos de noche o las 24 horas viajando. Es algo intenso es como correr el Dakar todo el día. Ese tipo de vida hace que todo esto no sea tan fácil. Siempre es difícil más allá de que sea altamente placentero. La forma que tenemos de vivir tiene que ver con nuestra obra. Pasó lo de Gabriel que fue algo muy duro para nosotros y pudimos superarlo. Este camino alimenta nuestra propia vida. 
 
—¿Y qué cambia en 20 años?
—Si miro para atrás recuerdo cuando filmamos la película, no podíamos creer todo lo que habíamos hecho. Todo lo que recorrimos. Hay cosas que ni nos acordábamos. Igual lo más importante es que el motor sigue siendo el mismo. Le hicimos afinación, pero el motor es el mismo de siempre. Y eso se nota. Cambia la música y la manera de percibir ciertas cosas y la manera de mostrarla. Cambia la manera de componer y lo que queremos decir. Igual lo bueno es que el espíritu es el mismo. El arte no se cansa y eso es lo que nos da fuerzas. El cuerpo se cansa, dormís y seguís. Pero es el espíritu el que debe estar vivo para que aparezcan canciones y las ganas de grabarlas y llevarlas a rincones del mundo que muchas veces ni nos imaginábamos que íbamos a estar. 

“Lo más importante creo que es la convicción que tenemos de lo que queremos hacer y mostrar. Creo que no nos va a alcanzar la vida para mostrar todo lo que queremos”. 
 
—Recorriendo varios DVD siempre aparecés como invitado. Si prendemos la tele siempre estás cantando con figuras como Las Pelotas o Los Decadentes y si escucho discos de bandas locales también aparecés en algún tema de La Cruda, una de las mejores bandas locales de la historia ¿Por qué te gusta tocar con otros artistas? 
—Sí toqué con varios (risas). No sé por qué se da. Me quieren mucho los músicos. Siempre en las giras te cruzás con alguien y surgen amistades. Creo que es una de las cosas con las que me siento muy pleno. Estuve girando con La Vela Puerca y Los Decadentes por EE. UU. y la pasamos bárbaro; después con Las Pelotas hay una muy buena amistad y quedó registrada en su DVD. Y qué bueno que recuerdes lo de La Cruda porque es una excelente banda que me encanta. ¡Y el Negro, qué cantante por favor! Un fenómeno, es un artista de la puta madre. Cómo me gustaría que vuelva a juntarse La Cruda. Una de las bandas más increíbles. 
 
“Bueno todas estas relaciones tienen como común denominador la música. Ella nos une y nos va regalando amistades. Nosotros no somos prejuiciosos y eso hace que podamos juntarnos o tocar con tanta gente. Creo que es como una misión cumplida en mi vida porque me da mucha alegría”. 
 
“Somos sinceros en cuanto a lo que queríamos hacer o seguimos haciendo. No hay mucha vuelta. No hay una estrategia de ventas y esas cosas. Creo que todo eso hace que nos hagamos amigos o que otras bandas se sientan tranquilos con nosotros. Pasaron cosas grosas. Por ejemplo tras el accidente de Gabi, Zeta fue nuestro bajista, algo que nunca nos habíamos imaginado. Cuando Gabi se estaba recuperando recuerdo que un día al costado de su cama estaban los dos bajistas que más admiraba: de un lado Diego Arnedo y del otro Zeta Bossio y los dos le hablaban y para él fue un regalo hermoso. Creo que ese tipo de cosas son las que la banda fue juntando estos 20 años. Buenas relaciones muchos amigos y un camino lleno de anécdotas hermosas”. 

Maxi Marano / mmarano@uno.com.ar

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