Entrevista
Miércoles 06 de Septiembre de 2017

Consumos problemáticos: "Estamos sincerando lo que pasa hace bastante tiempo con niveles preocupantes"

Lucía García Blanco, especialista del Ministerio de Trabajo de la Nación, brindó una capacitación en la ciudad sobre la incidencia de esta problemática en los ámbitos laborales. En diálogo con UNO Santa Fe, la profesional contó cómo se aborda el tema en los lugares de trabajo y dijo que el Estado Nacional y las provincias deben comprometerse en su tratamiento.

La abogada y psicóloga Lucía García Blanco, extitular de la Dirección del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, que aborda la temática de los consumos problemáticos en los ámbitos laborales, participó en Santa Fe de una instancia del ciclo de capacitación "Hablemos claro", orientado a la prevención y el abordaje de estos consumos en los lugares de trabajo.

La actividad fue organizada por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social junto a la Agencia de Prevención del Consumo de Drogas y Tratamiento Integral de las Adicciones (Aprecod) y estuvo destinada a delegados de Comités Mixtos de Salud y Seguridad en el Trabajo, áreas de recursos humanos, asociaciones empresarias y gremiales, sindicatos y público en general.

El ciclo se enmarcó en el programa Abre Vida, para el Abordaje Integral de los Consumos Problemáticos de Sustancias y las Adicciones, que tiene por objetivo prevenir y abordar integralmente la problemática desde la perspectiva de los derechos humanos. Luego de la charla, la profesional dialogó con UNO Santa Fe sobre este tema.


—¿A partir de cuándo empieza el ministerio a trabajar las adicciones en el trabajo, y los problemas que esto genera?

—Nosotros tomamos este problema en 2008 dentro del gobierno nacional. Yo estaba en el Ministerio de Trabajo y distintas circunstancias relacionadas con el ámbito laboral hicieron tomar conciencia de que este es un problema social, pero que había que empezar a trabajarlo seriamente dentro del ámbito laboral. Sobre todo porque ese año se hizo una encuesta nacional de 51.000 hogares que hablaba del compromiso por sector y por edad. Entonces vimos que el compromiso estaba entre los 16 y los 65 años y que la población económicamente activa estaba involucrada. Sobre todo porque en el desagregado que se hace notamos que la franja de entre los 30 y 47 años, eran los que mayor compromiso tenían. Que también desmitificaba aquello de que el consumo era en jóvenes, y lo que pudimos extractar ajustando datos es que no solamente se daba entre adultos, sino que además se daba entre gente que además tenía trabajo. Esto, sumado a que los gremios en ese momento empezaron a hacer importantes reclamos.


—¿Qué tipo de reclamos realizaban los gremios?

—Llegaban con la preocupación al Ministerio de Trabajo y a la presidenta de la Nación. Entonces, conformamos un espacio específico dentro del ministerio que primero fue una coordinación y luego se convirtió en una dirección, donde se armó un equipo de 14 profesionales de distintas áreas del saber para trabajar esto interdisciplinariamente. Pero, a la vez, esta problemática que veíamos en el ámbito laboral, nos excedía. Como es una problemática social, se conformó una comisión interministerial que trabaja el tema con bajada a territorio. Entonces, yo puedo decir que en Argentina desde lo estatal el consumo y cómo impacta en el ámbito laboral lo empezamos a organizar en ese año. Hoy en día tenemos muy escasas personas que se ocupan de este tema en profundidad, y analizándolo más allá de una posición política o sectorial.


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—En estos años, ¿han notado un incremento en la cantidad de personas con consumos problemáticos?

—Yo creo que hay un tema que no tiene que ver tanto con lo que se pudo haber incrementado desde entonces hasta ahora el consumo, sino con la posibilidad del tratamiento de este tema. Es decir, que la gente tratara el tema, que lo abriera. No en forma individual, sino un sindicato que te consulta y de repente viene otro y te dice nosotros también tenemos esto. Me parece que eso se ha ido incrementando en mostrarse como problemática que afecta en determinados lugares en la medida que hay un tratamiento y que hay alguien que se puede ocupar de esto y que hay que tomar alguna medida. Porque esto, más allá de cómo lo resuelvan los sindicatos, de cómo lo resuelvan las empresas, es un problema en el que hay que entrar. No hay otra. Entonces, esto hace que parezca mayor la cantidad de gente, pero al final estamos sincerando lo que está pasando hace bastante tiempo con niveles preocupantes. Esto es así.


—Cuando se habla de consumos problemáticos, ¿qué tipo de consumos están involucrados?

—Los consumos problemáticos están definidos por ley en Argentina. La Nº 26.934 define en el artículo segundo qué es y está en consonancia con lo que define la Organización Mundial de la Salud. Antes, la salud se definía por omisión de enfermedad. Ahora, lo que dice es que una persona es saludable cuando se puede incorporar socialmente en forma plena. Este es un poco el concepto. Cuando ese consumo te trae problemas para insertarte social, laboral o familiarmente, cuando está dificultando tu plenitud en un ámbito, eso significa que estás en problemas. Puede tener distintos grados, porque depende de la persona y del organismo. La definición es esa, pero además esta ley habla de consumo problemático en el caso que haya sustancias o no. Por ejemplo, la adicción al juego no te deja ejercer plenamente.


—Digamos que en este ámbito se intenta abarcar a partir de un nivel amplio cualquier tipo de adicción...

—No se trata de adicciones, se trata de consumos problemáticos. Porque si yo tendiera una línea, diría, hasta acá tengo un consumo responsable, que es cuando yo lo controlo; luego empiezo con un consumo problemático que me va complicando la vida; y el último tramo es la adicción, cuando ya estoy muy complicado y es muy difícil que me pueda insertar, por ejemplo laboralmente. Entonces, ese es un tema que tenemos que corregir, porque cuando hablamos de adicciones, estamos dejando afuera a la mayor gama de gente que puede llegar a tener un consumo. La adicción es una etapa de un consumo problemático, donde ya tenés tolerancia y abstinencia que te complica muchísimo más la vida. No es ya el problema de que te quedás dormido en el trabajo, por ejemplo. Es directamente que no podés ir a trabajar porque tu objetivo es ver cómo conseguís la plata para droga. Es un cuadro completamente distinto.


—¿Cómo se trabaja y cómo se detectan estos casos?

—Se trabaja preventivamente, ofreciendo una cantidad de información que permita ver que en ese ámbito es un tema que se ha incorporado a la dinámica laboral, que no es un tema que implique que me puedan despedir si alguien se entera que necesito una atención. Lo de detectar, es como que parece que hubiera una persecución sobre la persona. Entonces, creo que en estos ámbitos que son colectivos, hay que llevar la temática en forma colectiva. El detectar es ir detrás de alguien, viéndolo como un problema, y eso es contraproducente en la mayoría de los casos. A nadie le gusta que le vengan a señalar algo, por más de que lo hagan de la mejor manera. Por otro lado, a aquella persona que todavía no tomó conciencia de que lo suyo está en un grado problemático, es incorporarle un nivel de conflicto que no va a resolver, por más que uno le diga desde afuera. Entonces, me parece que en la instancia en la que estamos hoy en el tratamiento de este tema, lo mejor es abrir el juego, dejar que la gente confíe, que se informe, y que sepa que tiene recursos. Me parece que primero hay que conformar una base que le dé a la persona la sensación de que está tratando un problema de salud, con recursos a los que él puede acceder porque lo decide y puede ir incluso por su cuenta.


—¿Cómo se trabaja una vez que la persona solicita ayuda?

—Por un lado, tiene que haber políticas públicas que faciliten la existencia de políticas sanitarias. Por otro lado, aunque está separado, pero tiene que ver con lo mismo, tiene que haber un soporte para implementar estas políticas sanitarias. Recursos, no solo de plata, sino de gente capacitada para poder llevar adelante esas medidas de políticas públicas.


—¿Qué pasa luego de las capacitaciones que dan con el ministerio?

—En realidad, con una sola charla no se hace nada. Lo que se logra es colgar el cartel y presentar el problema. Por eso es tan importante que cuando se hacen estas charlas informativas, después se haga una etapa formativa, donde se da una cantidad de elementos, para que haya dentro de los lugares de trabajo gente capacitada para recibir algún tipo de consulta o puedan hacer un asesoramiento.


—¿Asesoramiento de qué tipo?

—No sos médico, ni abogado, esto hay que tenerlo claro, lo que se puede hacer es orientar. Eso es importante dejar formado, porque con una charla vos planteás el problema y mucha gente se queda pensando en esto, pero si esto queda ahí, quedó ahí. Todos sabemos cómo son estas cosas. Entonces, me parece que se debe continuar, después de una charla de presentación, con el armado de una red. Tienen que formarse cuadros en los lugares. La formación tiene que estar en los lugares de trabajo, que el trabajador tenga un compañero o un referente con quien pueda consultar, y ahí sí implementar cómo sigue. Pero, una sola charla en el mejor de los casos deja una buena impresión y el interés de algunos por seguir trabajando, pero sin elementos se corta ahí.


—¿Hay estructuras en Argentina para abordar estos consumos problemáticos?

—A la par que se deben especializar profesionales de la salud, a veces hay que modificar desde dónde se va a tratar a la persona. Se debe trabajar en los lugares que reciben a los pacientes, que cuando llegan les dicen que no hay camas, o que no tienen un servicio especial, o que no lo pueden recibir. Entonces, te quedás con un paciente que lo tenés que mandar a la calle de vuelta en medio de una crisis. Tenés que enriquecer los lugares y acercarlos a la gente, para que pueda ir cuando tiene esta problemática. Creo que desde la ley de salud mental se viene trabajando en que este tipo de pacientes puedan ser tratados en un hospital polivalente, pero existen resistencias. Y como hay toda una cosa de prejuicio previo y una conceptualización de que es una persona diferente la que llega con esa problemática, no lo abordamos. Entonces, no terminamos de ver si funciona bien o no la ley de salud mental, que muchos atacan y otros defienden. Yo ni la ataco, ni la defiendo. Digo: ¿por qué por tener un problema de consumo no podés atenderte en un hospital? ¿Por qué hay que ir a un hospital especializado en salud mental? Digo, probemos, tenemos que dejar jugar a ciertas instituciones. Después nos quejamos y decimos que no hay leyes, pero cuando está, le encontramos todos los peros para no implementarla. Entonces, corrijamos sobre la marcha, pero pongamos algo en marcha.


—¿Forma parte esto de un tabú y de temas de los que es muy difícil hablar?

—Creo que es cuestión de tiempo y cómo todos los paradigmas cambian. Lo que no sabemos es en cuánto tiempo van a cambiar. Pero, yo creo que este paradigma va a cambiar, que está abonado por políticas de países muy grandes, que entienden que la lucha contra la droga es el narcotráfico y dejan del otro lado todo lo que tiene que ver con asistencia y salud de la población. Yo creo que se va a superar por la misma inercia, porque va a haber un momento en el que no se va a poder negar más. No sé si es la mejor manera de llegar a esto, pero esto es una realidad, y si todos lo vemos cuando nos reunimos y conversamos y convergemos en ciertos temas centrales, estamos de acuerdo, entonces, creo que esto se va a revertir. La sensación más concreta que tengo de esto es que nosotros no fuimos a ningún foro a llevar esta temática, vinieron los agentes del mundo del trabajo a plantear la problemática y ver cómo resolverla. Estamos en eso, creo que si el Estado nacional y las provincias se comprometen, lo que implica aunar fuerzas de distintos sectores para enderezar un poco esta situación, en más o menos tiempo, por lo menos esto se va a tener que tratar.