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Martes, 22 de diciembre de 2009

Causa Brusa: sentencias de 19 a 23 años para los acusados

Al ex juez federal le dieron 21 años. Los seis enjuiciados continuarán presos. En las afueras del Tribunal Oral Federal se juntaron 1.000 personas para esperar la sentencia que se conoció ayer .

Juicio Causa Brusa. FOTO: Javier Escobar. Juicio Causa Brusa. FOTO: Javier Escobar.

Santa Fe vivió ayer una jornada histórica: el Tribunal Oral Federal en lo Criminal condenó con penas de entre 19 y 23 años de prisión a seis represores que actuaron durante la última dictadura militar.
El tribunal fue exigido, y su respuesta fue tenaz: el ex juez federal Víctor Brusa fue sentenciado a 21 años de prisión por apremios ilegales. El ex comisario Juan Calixto Perizotti, quien estuvo a cargo de la Guardia de Infantería Reforzada, recibió 22 años de prisión, y su mano derecha en el control de las detenidas-desaparecidas, la guardiacárcel María Eva Aebi, fue condenada a 19 años de prisión.
Asimismo, los ex integrantes de la Patota que secuestraba y torturaba a sus víctimas, Héctor El Pollo Colombini y Eduardo El Curro Ramos, recibieron ambos 23 años de cárcel; y el ex director de la Comisaría Cuarta en los años de plomo, Mario Facino, fue condenado a 20 años de prisión.

La penas fueron anunciadas en la audiencia más corta que tuvo el juicio. Veinte minutos alcanzaron para leer el veredicto de la Justicia. A las 18.55, la voz del presidente del Tribunal, López Arango, desgarró el aire caliente, pronunció el histórico castigo y marcó el final de una historia de lucha contra represiones, impunidades y amenazas.

Cientos de santafesinos se habían acercado a la esquina de Primera Junta y San Jerónimo, para seguir en directo la sentencia. Pero no estaban solos, los nombres de los 30 mil desaparecidos llenaron los espacios entre las vallas, “por que la lucha fue de todos”, dijo un integrante de H.I.J.O.S.

Desde el comienzo de las audiencias, el 1 de septiembre y durante tres meses, reinó el vértigo en la sala de audiencias. Cada testimonio era un paso adelante, que no tenía retorno. El horror de las historias crecía, entre ellas se entrelazaban y reconstruían lo que pasó. El veredicto fue una lectura de corrido de ese rompecabezas.

Por eso, ayer, luego de cada condena pronunciada, estallaban bombas de estruendo. El olor de la pólvora se escapaba rápidamente, empujado por el viento de la tormenta que se aproximaba, pero los ánimos se avivaban. A las 19.13, López Arango terminó de expresar las penas y el grito de los presentes descargó la euforia general, y comenzó a llover.

En las pantallas que transmitieron en vivo la audiencia, se pudo ver el rostro de los imputados. Los seis afrontaron su destino. Esta vez no hubo gestos socarrones, no hubo burlas.

Esa patota que formó una tropa eficaz, ágil y diestra, que sistemáticamente sembró el terror en las calles de la ciudad, ayer ya no se reía. Actuaron bajo las sombras de la impunidad, en un país que se oscureció el 24 de marzo del 76. Eran tiempos de desprecio por la vida.

Qué pasó, a quiénes les ocurrió, quiénes lo hicieron, quedó escrito en las miles de fojas de la causa. El porqué ayer no importó. Nada, absolutamente nada, justifica tanto horror.
Santa Fe ya no está en la sombra: tiene voz, se puso de pie, recordó y castigó. Ayer fue sólo el principio de la reconstrucción de la historia y la identidad de la ciudad.

La memoria colectiva es obra del esfuerzo de las historias personales, pero también de la instancia creadora de posibilidades de acción.
Ni triste ni solitario fue el final. Las penas fueron altas, y cientos de santafesinos acompañaron a las víctimas que se salvaron, a las que ya no están y a todos sus familiares, y todos, en conjunto corearon otra vez: Nunca Más.

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