Solidaria
Lunes, 18 de enero de 2010La Casita del Sur de Los Troncos y una batalla contra la pobreza
La entidad se fundó con el objetivo de colaborar con la alimentación de las familias de la zona que por su realidad económica no pueden autosustentarse. Ahora atiende a más de 400 vecinos.
Alimento. Los niños reciben una ración de leche y pan antes de ir a la escuela.
Del crecimiento de la pobreza y la inequidad social pueden dar testimonio los responsables de los
comedores que funcionan en la ciudad y que diariamente brindan alimentos a centenares de niños. Un
ejemplo es la Casita del Sur del barrio Los Troncos que desde septiembre de 1999 comenzó a dar sus
primeros pasos asistiendo a 30 chicos en un lugar prestado y que hoy llega a cubrir las necesidades
de más de 400 vecinos en una entidad que ya es propia.
La entidad, que se fundó con el objetivo de colaborar con la alimentación de los santafesinos
que a causa de la crisis económica no llegan a autosustentarse, fue una iniciativa de la asociación
civil madre (Casa del Sur).
“Yo hace trece años me mudé a este barrio y comencé a tomar dimensión de la realidad que
vivían centenares de familias en esta zona. Sin poder mirar para otro lado, y gracias a la
colaboración de muchas personas solidarias que me rodean logré ponerme en contacto con el diputado
y fundador de la Casa del Sur: Leonardo Simoniello, y así se logró el objetivo”, dijo en diálogo
con Diario UNO, Elba Lastre, coordinadora de la institución.
Chicos, madres embarazadas y adultos mayores llegan todos los días –de lunes a viernes– a la
entidad que funciona en Azcuénaga y Reynares para recibir desayuno o merienda. “Hay niños desde 4 a
15 años aproximadamente que llegan desde la costa del Salado, de Acería, Loyola, Santo Domingo...,
es que no hay otro comedor por la zona”, explicó Elba.
Los insumos que sirven para asistir a los cientos de vecinos que buscan asistencia llegan
desde el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. “En un principio era la Casa del Sur la que
conseguía donaciones pero ahora tenemos un flete todos los días y por lo tanto podemos variar los
menúes, entregamos arroz con leche, la complementamos con maicena, cereal y demás”, dijo Lastre y
agregó: “Gracias a Dios los fondos que recibimos son suficientes para cubrir la gran demanda que
tenemos”.
En cuanto al número de colaboradores con los que cuenta la organización, Elba detalló que en
forma constante trabajan dos mujeres más que son del barrio. “Una de ellas recibe un recibe el Plan
Jefes y Jefas como contraprestación”, argumentó.
Círculo vicioso
Tanto la pobreza como la indigencia conforman círculos viciosos que coinciden con el ciclo de
vida. “El pobre nace, crece, se reproduce y muere en el mismo ámbito; las condiciones que lo rodean
desde su concepción predeterminan su futuro antes de nacer, reduciendo al máximo las posibilidades
de escapar a ese destino”, detallan los profesionales sociólogos que analizan el tema. Por ese
motivo, es usual encontrar en comedores chicos que aseguran que sus padres y hasta abuelos también
se alimentaron en lugares iguales a ésos.
De esa afirmación puede dar cuenta Elba, quien explicó: “Muchas chicas que hoy son madres
venían con sus padres y ahora traen a sus hijos. Es más, muchas vienen a colaborar también cuando
tienen tiempo y nosotros somos muy agradecidos de eso”.
Orgullo y esfuerzo
Mirando hacia atrás, luego de más de diez años de arduo trabajo, Elba ve el esfuerzo
realizado y se siente orgullosa del mismo. “Saber que fue una institución en progreso que cumple
con su objetivo principal de mitigar la pobreza e indigencia es una satisfacción muy grande”, dice.
En cuanto a los avances edilicios logrados detalla: “Hoy por hoy contamos con baños para
nenes y nenas, de esa forma pudimos inculcarles también prácticas de aseo personal por ejemplo”.
Respecto de las necesidades y proyectos a futuro, es bueno destacar que la institución
también es un ámbito de contención e inclusión social para los chicos del barrio y alrededores. La
Casita del Sur de Los Troncos cuenta con talleres de formación en percusión –para adolescentes–, de
murga, expresión corporal y apoyo escolar.
“Como meta para este año tenemos previsto comenzar a trabajar más con los adolescentes,
sabemos que están transitando una etapa muy difícil y es bueno poder darles algo”, explicó Elba y
concluyó: “Nuestra idea no es sólo ayudarlos dándole alimentos sino también buscamos estimularlos
para que encuentren una forma de expresarse y hacer lo que les gusta”.
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