“Todos los pasajeros y el chofer vivimos un verdadero infierno”
Policiales
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Sucedió el sábado a la madrugada. El joven tiene 26 años y fue víctima, junto a otras personas y el
chofer de un colectivo de la línea 5, de una gavilla de violentos delincuentes que los asaltaron.
08 de marzo de 2010
La víctima juntó valor y narró los difíciles momentos que pasó siendo pasajero de un colectivo de la línea 5.
Ayer por la tarde, Diario UNO de Santa Fe, mantuvo un diálogo exclusivo con uno de los pasajeros
que viajaban durante la madrugada del sábado en un colectivo de la línea 5 que fue asaltado por
tres delincuentes, dos varones y una mujer, armados que despojaron al chofer del ómnibus y a los
pasajeros, de dinero, documentos personales y teléfonos celulares.
La víctima se encargó de aclarar que es un empleado gastronómico de 26 años, que había
terminado de trabajar a las cuatro de la mañana, y cobró la quincena de su sueldo (800 pesos), que
se lo robaron los ladrones. Destacó particularmente la actuación de los policías de la comisaría
7ª, el Comando Radioeléctrico y del Cuerpo Guardia de Infantería zona norte, que atraparon a la
gavilla de delincuentes.
—¿Cómo sucedió el ataque de delincuentes a un colectivo de la línea cinco donde usted viajaba
como pasajero?
—Yo soy empleado gastronómico en un reconocido bar chopería ubicado sobre bulevar Pellegrini,
terminamos de trabajar a las cuatro de la mañana, y alrededor de la cuatro treinta subí al
colectivo de la línea cinco que me trae hasta mi casa.
El colectivo fue por 9 de julio hasta Santiago del Estero de allí a avenida Freyre y al
llegar a la esquina con bulevar Pellegrini, justo enfrente de la cancha de Unión, subieron tres
jóvenes a los gritos, que se negaron a pagar el boleto y se sentaron junto al resto de los
pasajeros.
—¿El chofer les permitió viajar sin haber pagado el boleto?
—Sí. Lo que pasa es cualquiera se daba cuenta de que estaban redrogados, y yo me imagino que
el chofer quería evitarse cualquier tipo de problemas y por eso eligió seguir conduciendo hasta
completar con el recorrido, bajarlos donde eligieran bajarse, y terminar definitivamente con el
problema.
—¿Pero eso fue justamente lo que no sucedió nunca?
—Claro. Cuando el colectivo ingresó por calle Caferatta hacia el norte, más o menos a la
altura de la parte de atrás de la cárcel de Las Flores, dos muchachos y una joven comenzaron a
amenazarnos, y se tocaban con insistencia la cintura para hacer ver que estaban armados, mientras a
los siete pasajeros y al chofer nos hacían vivir en un verdadero infierno.
A mí por ejemplo, que había cobrado los 800 pesos de la quincena justo esa noche, me dejaron
sin nada, sin un mísero peso, a otros le robaron dinero, teléfonos celulares, documentación, y fue
un hecho concretado con mucha violencia. Nos intimidaron siempre.
—¿Cómo terminó todo esto?
—Bueno, un colectivo de la misma línea iba en sentido contrario, y el chofer de esa unidad
advirtió que alguna anormalidad estaba sucediendo, llamó a la policía, y minutos después el
colectivo estaba rodeado de policías y de patrulleros. Ahí fue donde detuvieron a la mujer y los
dos delincuentes, los arrestaron y nos salvaron a nosotros.
