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Sábado, 26 de junio de 2010

Invertir y apostar: ¿las caras de una misma moneda?

El común de la gente tiene el prejuicio de que cualquier inversión en activos financieros se asemeja a un juego de azar,

A través de mi larga experiencia, he constatado que el común de la gente tiene el fuerte prejuicio de que cualquier inversión en activos financieros (exceptuando, en general, el plazo fijo) se asemeja a una apuesta en un juego de azar, a diferencia de los emprendimientos de la economía real, como montar una empresa o un negocio o comprar un inmueble. El principal argumento que se esgrime en este sentido es el contexto siempre incierto de las finanzas, cuyas fluctuaciones parecen imposibles de predecirse.

En algún sentido, podríamos concordar con esta apreciación. Pero lo sorprendente es que tienda a ser aplicada exclusivamente a los activos financieros y no se la considere a la hora de evaluar las inversiones de la economía real. Invertir es un método empleado con el objetivo de obtener una ganancia a través de un ingreso razonablemente predecible. Lo que es tan válido para los instrumentos “tangibles” como para los “intangibles”.

La diferencia central que permite distinguir una inversión de una apuesta es la definición del período de tiempo para obtener la ganancia y la predictibilidad de los resultados, que provendrán de un profundo análisis previo de las condiciones de la inversión. De esta manera, se hacen evidentes las semejanzas entre los activos financieros y los de la economía real. Cuando usted invierte en un negocio o una empresa, realiza un estudio exhaustivo, bajo condiciones de incertidumbre, con el objetivo de obtener una ganancia y una apreciación de capital a largo plazo. Ahora bien, ¿no puede suceder que las cosas no salgan como usted las previó, que no se generen los ingresos esperados y deba cerrar el negocio o la empresa? ¿No es posible que el emprendimiento no funcione por circunstancias ajenas a usted, como, por ejemplo, el cambio de las condiciones económicas del país? ¿Recuerda la crisis que ocurrió en la Argentina a fines de 2001, cuando el peso argentino se devaluó el 200%, pasando de 1 peso por dólar a 3? ¿Acaso el campo que no era rentable no pasó a ser una excelente inversión? ¿No revivió la industria nacional en detrimento de los productos importados que se encarecieron y cuya importación dejó de ser redituable? ¿No hubo un traspaso inmenso de riqueza? De la misma manera, la inversión en activos financieros requiere un análisis profundo de las condiciones económicas en las que se desenvolverá, es decir, de las perspectivas del mercado.

Y también, debido a factores exógenos, las expectativas pueden no ser colmadas. Sin embargo, invertir en activos financieros tiene al menos dos aspectos positivos incomparables. El primero, y de seguro el más fascinante, es que usted puede participar de emprendimientos que le parezcan atractivos, con excelentes perspectivas e ingresos relativamente predecibles, vía dividendos y rentas, y con posibilidades de apreciación a largo plazo y que, desde ningún punto de vista, podría realizar por su cuenta, ya que la mayoría requieren una enorme inversión y una experiencia que probablemente usted no posea. Por ejemplo, luego de la quiebra de Lehman Brothers en octubre de 2008, quien compró acciones de la empresa brasileña Petrobrás ganó a la fecha más del 100%. De seguro, usted no disponía del dinero para comprarla, aun cuando hubiera sabido que dicho incremento iba a producirse. Sin embargo, podría haber participado de ese emprendimiento. ¿De qué manera? Comprando acciones en 2008 acordes a sus posibilidades financieras. ¿No es maravilloso entrar en el mismo negocio que hizo rico a Bill Gates? Y mucho más que eso, ¿no le parece espectacular poder salir de dicha inversión de un día para otro, ante el cambio de las condiciones económicas? Porque si un emprendimiento de la economía real, un negocio por ejemplo, no funciona y lo tiene que vender, ¿cuánto demoraría en hacerse del efectivo? ¿Tres meses? ¿Un año? ¿Dos años? ¿Y qué sucedería si no hubiese interesados? ¿Qué haría con las instalaciones, la mercadería, los empleados? Un verdadero problema, ¿no es cierto? Exactamente allí reside la segunda ventaja del mercado accionario: Invertir en activos financieros y no financieros tiene muchas similitudes, y una gran diferencia: los primeros se pueden realizar con rapidez, mientras que los segundos no. Por lo tanto, una vez más, no hay que dejarse llevar por falsas creencias, sino tener presente que siempre es preciso realizar una evaluación concienzuda antes de decidir los pasos a seguir.

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