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Viernes, 09 de julio de 2010

La política post-Mundial

Tras finalizar la participación de Argentina en el Mundial, se abren nuevos escenarios.

Desde el restablecimiento de la democracia, en 1983, existieron tres liderazgos políticos muy claros: Alfonsín fue el líder en los 80, Menem en los 90 y Kirchner en la primera década del siglo. En los tres casos se verificó una primera etapa de consolidación del poder, después una de apogeo o hegemonía y finalmente una tercera de declinación. Así como las derrotas electorales de 1987 y 1997 marcaron el inicio de esa fase postrera para Alfonsín y Menem, respectivamente, el 28-J de 2009 podría haber tenido el mismo efecto para el kirchnerismo.

Pero una etapa de declinación no implica la desaparición de la política ni mucho menos. Alfonsín comenzó su declinación en 1987, pero seis años después gestó el Pacto de Olivos, y una década más tarde organizó la Alianza que derrotó al peronismo. Menem inició su período menguante en 1997, pero seis años más tarde quedó primero en la elección presidencial de 2003, aunque renunció a competir en el balotaje.

En cuanto a Kirchner y su vocación de retener el poder, se plantean tres escenarios: que pierda la elección en 2011 y no retorne al poder en 2015; que pierda y que retorne entonces; o que gane en 2011. En este último caso, para ganar la elección, Kirchner tendría ante todo que reconciliarse con el campo. Ello es posible, pero creo que poco probable.

Kirchner tiene hoy un tercio de los votos aproximadamente, y dos tercios van a la oposición. La situación es muy similar a la registrada un año atrás. Ello no cambió con cierta recuperación en los sondeos, que además es limitada. La combinación del “efecto Bicentenario” con la mejora del consumo y el Mundial de Sudáfrica crea una situación particular que no se mantendrá durante un año y medio, hasta las elecciones de octubre del año próximo.

Respecto al candidato del oficialismo, en política nada es seguro. Es muy probable que el kirchnerismo se presente con una alternativa propia. Hasta hoy es Kirchner, pero no se puede descartar que sea Cristina, ni tampoco alguien como Daniel Scioli. Entre Cristina y su marido hoy no existe una diferencia electoral importante. El escenario sería otro si el kirchnerismo optara por alguien como Scioli, quien podría captar votos no kirchneristas, aunque también puede perderlos desde el ala izquierda del movimiento.

En lo que hace a la oposición, está dividida en dos ejes en proceso de reorganización: el PJ Federal y el Acuerdo Cívico y Social. La situación, desde esta perspectiva, es la misma que la de un año atrás. La cuestión es cuál de las dos alternativas representa mejor el voto contra Kirchner. En 2009, en la Provincia de Buenos Aires, lo representó más el peronismo disidente con Francisco de Narváez, pero en la suma nacional de votos el Acuerdo Cívico y Social tuvo más sufragios. Y cuando se acerca la elección, el votante suele hacer un voto práctico y opta por aquella alternativa que ve con más posibilidades de impedir el triunfo de quien no quiere que gane. Esto sucederá el año próximo, en mayor o menor medida.

Faltan 13 meses para la interna del PJ y, en consecuencia, muchas cosas pueden pasar. El peronismo disidente podría competir por dentro del PJ en las internas –donde deben poder votar obligatoriamente los no afiliados– si piensa que puede convencer a todos los que no quieren que gane Kirchner de que derrotándolo en esa instancia electoral pueden impedir que el ex presidente gane nuevamente. Pero, hasta ahora, la opinión dominante en la disidencia peronista es la de Eduardo Duhalde: no concurrir.

Respecto a Ricardo Alfonsín, su triunfo por ahora no es el escenario más probable. Primero debería ganar la interna contra Julio Cobos y después convencer al electorado independiente de que puede dar mayor gobernabilidad que el PJ Federal. Y éste es el gran desafío, que no parece fácil de resolver. En una hipotética segunda vuelta de Kirchner contra Alfonsín, el primero no satisface la vocación de cambio que hoy tiene la sociedad, pero puede dar garantías de gobernabilidad. Con el segundo sucede lo contrario: puede dar garantías de cambio, pero no de gobernabilidad, por su falta de experiencia y los fracasos anteriores de los Gobiernos radicales.

En cuanto a Cobos, era el único candidato radical hasta el triunfo de Alfonsín en Buenos Aires: fue quien tenía mejor imagen y el opositor con más intención de voto. La cuestión es que ahora el vicepresidente tiene un escenario más incierto, pero también lo tiene el radicalismo en general.

Hasta las elecciones de octubre de 2011, muchas cosas pueden cambiar. Pero lo más probable es que la derrota electoral de 2009 haya iniciado la fase declinante del ciclo Kirchner, más allá de que el ex presidente siempre doblará la apuesta y se las arreglará para seguir vigente en la política, como sucedió en el pasado con Alfonsín y Menem.

La derrota argentina en el Mundial puede graficar esta instancia. Seguramente, Cristina recibió a la Selección en la Casa Rosada, buscando prolongar el efecto del evento deportivo. Kirchner, por su parte, apoyará a Maradona para que continúe al frente del equipo. Cabe recordar que el año próximo, meses antes de las elecciones, se jugará en la Argentina la Copa América. Y Kirchner piensa que la Selección dirigida por Maradona podría ganarla.

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