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Martes, 27 de julio de 2010

Generar mayores ingresos es posible

Hacer lo que a uno le gusta permite incrementar los ingresos.

El poeta y escritor ruso, Boris Leonidovich Pasternak (1890 – 1960), escribió: “El trabajo ayuda siempre, puesto que trabajar no es realizar lo que uno imaginaba, sino descubrir lo que uno tiene dentro”. En este sentido, podríamos sintetizar que, en general, las personas que se han hecho ricas son emprendedoras, poseen ambición, dedican mucho tiempo a su trabajo, además de planificar y organizar con cuidado su actividad.

Indudablemente la mayoría de nosotros trabajamos mucho, cotidianamente ponemos todo nuestro empeño para realizar nuestras tareas de la mejor manera posible y para maximizar nuestros ingresos, sin embargo, no siempre nos sentimos adecuadamente retribuidos ni totalmente satisfechos con los resultados. Incluso es posible que desarrollemos una actividad que nos guste y aún así sintamos que algo nos falta. Probablemente en la mayoría de los casos nos quejemos del monto que cobramos por nuestro trabajo, pero ésta es sólo la punta del iceberg, la fiebre producida por la infección, el síntoma que nos permite tomar conciencia de que algo no funciona en nuestra área laboral.
Porque como sostiene Barry Stevens:

“Aquel que trabaja en lo que no quiere siempre se siente mal pagado”.

Una afirmación que, a mi juicio, va más allá de la vocación, algo que no todos poseen y que no siempre se encuentra. Pero lo que es innegable es que cada uno de nosotros tiene inclinaciones, prioridades y necesidades distintas, con las que la actividad que desarrolla debe estar en sintonía para que la persona pueda sentirse a gusto, satisfecha y, en consecuencia, sea capaz de dar lo mejor de sí.
El dinero, indudablemente, es fundamental, pero viene por añadidura. Porque cuando alguien se siente bien con lo que hace, le dedica más tiempo, pone más empeño y despliega toda su agudeza, su talento y su capacidad en ello.
Por lo tanto, es importante conocer lo que se denomina el “anclaje laboral”, es decir, la combinación de la competencia, con las motivaciones y los valores recibidos que una persona no está dispuesta a resignar, y que representa “su verdadero yo”. Es indispensable tener en cuenta estas características a la hora de decidir el futuro laboral o los cambios de actividad. No se trata tanto de contenidos, sino de formas y habilidades. No se trata de en qué se trabaja, sino de qué rol se elige dentro del trabajo. Porque, de lo contrario, uno puede verse tentado por incentivos externos e involucrarse en tareas que no terminen produciendo los resultados esperados, porque se siente que “realmente no es uno” o “que eso no es para uno”.
Por ejemplo, cierta literatura específica, algunos artículos periodísticos e incluso muchas revistas suelen resaltar las bondades del trabajo independiente. Se pondera la autonomía financiera, la inexistencia de un techo en los ingresos, la posibilidad de manejar el tiempo propio, la ausencia de jefes, etc. Sin embargo, lo que es bueno y conveniente para algunos, no lo es para otros.
Y éste es el primer gran mito que se debe desterrar, porque:

Uno siempre trabaja para sí mismo, más allá de que lo haga dentro de una empresa o por cuenta propia.

Esto significa que es posible crecer y desarrollarse en cualquier medio, dentro de una empresa o de forma independiente, porque lo fundamental es:

Hacer lo que a uno le gusta y lo que cree que es bueno.

Lo esencial es permanecer siempre activo, aprender nuevos contenidos y habilidades que le permitan crecer y expandirse, dentro de cualquier empresa o en su propio emprendimiento. A lo largo de mi carrera he conocido a innumerables personas que se han enriquecido trabajando en relación de dependencia y otras tantas que se han empobrecido de la misma forma. Y también a la inversa. Recuerdo, por ejemplo, el caso de un joven que se hizo cargo de la empresa familiar, hasta que tomó conciencia de que, por sus características personales, a él le cuadraba mejor el trabajo en relación de dependencia. Aunque le costó tomar la decisión, finalmente se incorporó a una compañía como representante de ventas y terminó ganando no sólo mucho más dinero del que percibía antes, sino que, debido a las comisiones, cobraba incluso más que el dueño. Porque para tener éxito en lo que se hace, lo esencial es conocerse a sí mismo y saber cuál es el anclaje laboral con el que más se identifica y que le permitirá desarrollar al máximo todo su potencial.

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