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Martes, 13 de abril de 2010 | 10:07

La novela de Palermo y Riquelme

Martín Palermo abrió la polémica al no festejar con Riquelme un gol que se originó en una jugada de Román.

Martín Palermo ventiló los pormenores de su mala relación con Riquelme. El destape fue luego de convertirse en el máximo goleador de la entidad que defiende y, de escaparle al festejo, a su compañero de batallas, Juan Riquelme: "Normalmente, cuando me toca hacer un gol a mí, trato de abrazarme con mis compañeros y compartirlo con ellos. Y después sí, saludar a los hinchas, a la gente y a la gente amiga".

Boca recuperó la sonrisa, en un encuentro que quedará en la historia como el día en el que Martín Palermo se convirtió en el máximo goleador de la institución. El Loco dejó atrás una sequía de seis partidos, hizo dos en el 4 a 0 ante Arsenal, llegó a las 220 conquistas, dejó atrás los 218 de Roberto Cherro y fue fundamental para que el Xeneize volviera al triunfo luego de tres derrotas seguidas.

Pero la polémica nos lleva al momento previo, esa jugada magistral que armo junto a Juan Riquelme y, en el momento de festejar el gol se vio evidenciada, la enemistad entre ambos, esa que tal vez llevó a este Boca a estar en el lugar que lo aloja en los últimos puestos de este torneo Clausura, en donde no pelea por nada y, el ex entrenador Abel Alves barre a los históricos, que tanta felicidad le dio a la entidad deportiva.

Ahora en poco tiempo llegará el nuevo entrenador y este deberá hacerse cargo de tomar la decisión de cómo manejar las riendas, de este vestuario de Boca que está en llamas y, quien se va y quien se queda.

El nuevo máximo goleador histórico del club, finaliza el contrato en junio y, aun ningún dirigente se le acerco para renovar el vínculo con la entidad, mientras que la salida del enganche pasa por ver quien se queda con el banco del club, para saber si este seguirá o se retirará por la puerta de atrás.

Ellos dos, los protagonistas principales de esta historia, siempre supieron que no era una noche más. El tema tabú que se habían vuelto por culpa de los dirigentes las renovaciones de sus contratos. El escándalo en Santa Fe y la renuncia de Alves. El anuncio demorado de Jorge Amor Ameal de que quiere que ambos sigan. Y la paciencia que se había acabado en la popular local: "Es la hora es la hora, es la hora de ganar / si no ganan esta tarde, que quilombo se va a armar".

Pero la Bombonera, salvo por ese aviso que bajó desde los cantos, se preparó para latir al ritmo del 10 y del 9. Con ovaciones para uno y para otro, sucesivas, idénticas. Y embanderada desde temprano. En adhesión a la causa de Riquelme, pidiendo por su continuidad. Y también por Palermo, con un flamante y optimista cartel que iba del gol 201 al 220, al cual ahora le sumaron otro que va del 221 al 240.

Y ese latido sentimental se trasladó a la cancha, contagió a los dos próceres, entregados en la búsqueda de la victoria, comprometidos, y en apenas nueve minutos, los dos se unieron como en los mejores tiempos. Se unieron para el gol 219, en un toque que hace más grande a Riquelme, más grande que si hubiera elegido definir él. Porque con un pase suyo, Palermo la metió después de seis partidos secos, pasó a Cherro y quedó como máximo goleador de la historia del club. Por eso el hincha de Boca primero soltó ese himno que ya es el apellido de Riquelme y luego, pegado, hizo lo mismo con el de Palermo.
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