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Domingo 28 de Febrero de 2016

Después del fuerte temporal, el Cepronat pide arborizar la ciudad

Afirman que es necesario compensar las especies perdidas, que no existe un plan de salvataje y que se debe realizar un catastro para conocer la realidad del arbolado público. 

“Perplejos”. Así quedaron los referentes del Cepronat -Centro de Protección a la Naturaleza- luego de la tormenta del viernes 19 de febrero. Desde la entidad sostienen que no existe un plan de recuperación para recomponer el arbolado. Para lograr ese objetivo, desde el Centro sostienen que es indispensable contar con un catastro informatizado para comprender el verdadero estado fitosanitario del arbolado público.
En diálogo con Diario UNO, Ezio Mazzarantani, vicepresidente del Cepronat, reconoció: “No lo podemos desconocer, acá hubo una catástrofe natural ambiental. Hay especies que durante 70 años no se cayeron y lo hicieron ahora. Los árboles añosos de copa muy armada que ejercían presión al embate del viento sufrieron las peores consecuencias. Hay especies altas que no cayeron pero aquellas que ofrecieron resistencia lo padecieron. También hubo muchos que se desplomaron porque estaban podridos o enfermos”. 
Además, consideró que el estado del suelo jugó una mala pasada. “El piso estaba flojo, los suelos estaban débiles y muchos árboles no estaban adheridos. La mayoría de los árboles que se perdieron quedaron con las raíces afuera, arrancados por completo”, explicó.
Si bien es difícil conocer con certeza la cantidad de árboles derribados por el fenómeno, desde el municipio informaron que alrededor de ocho mil toneladas de ramas y de árboles deberán ser recogidos. En este sentido, desde el Centro de Protección a la Naturaleza sostienen que se hizo muy poco por salvar algunas especies que se podían rescatar. “Acá se intentó actuar rápidamente y sacar todo lo que había caído en las calles”, afirmó Mazzarantani, aunque reconoció que el municipio viene realizando la poda correctiva de muchos árboles añosos de la ciudad que tenían ramas muertas y levantó las copas de diferentes especies que estaban bajas.
De todos modos, el vicepresidente del Cepronat insistió en la necesidad de que la ciudad se pueda “arborizar nuevamente” y subrayó: “Se deben compensar las especies perdidas. La Municipalidad, de acuerdo a la cantidad y calidad de los árboles caídos, deberá reemplazarlos a partir de un estudio sobre el espacio y el terreno, y llegar a tener un plan maestro de arbolado urbano”.
El ambientalista manifestó que la civilización es precaria ante las catástrofes ambientales. “Pienso que acá no hay planes de salvataje. Es necesario recomponer la ciudad arbórea. Hay que crear un catastro informatizado para conocer la realidad del arbolado público y el estado fitosanitario de los mismos”, planteó.
Sobre los objetivos que debe perseguir cualquier plan de arbolado público, Mazzarantani comentó: “Cuando hablamos de una gran ciudad, hablamos de un plan de arbolado urbano, correcto, ordenado y conocido por todos, porque es un objeto cultural. La ciudad es un paisaje cultural, artificial y construido. En la forma de edificar, de usar la tierra, de preservar, de mantener, de conservar lo existente y de plantar las especies, se ve la cultura de un pueblo”.
“Desde el Cepronat hemos luchado y militado muchísimo. Ver las consecuencias del desastre ambiental verdaderamente nos dejó perplejos. Los vientos tiraron pinos canadienses que tenían 70 años en la plaza Constituyentes y los sacó de raíz”, lamentó el vicepresidente de la entidad.
El episodio climático golpeó a los santafesinos y provocó que muchos ciudadanos reflexionen sobre los costos del fenómeno. “ Es como que la tormenta dejó preocupada a la sociedad. Antes, cuando había que preservar y mantener las especies no se hablaba, ahora sí. Hizo que tomemos conciencia del valor que tienen los árboles”, afirmó.
Mazzarantani destacó los beneficios que producen los árboles urbanos y dijo: “Pueden disminuir la temperatura ambiente en un 10 por ciento y reducir la demanda de energía entre un 10 y un 30 por ciento”.
El especialista se refirió a las especies más apropiadas para pensar en una forestación y explicó: “Por razones científicas, culturales, de adaptación y de mantenimiento, es conveniente plantar árboles nativos o autóctonos. Igualmente, es importante reconocer el lugar donde se va a plantar. Algunas especies son el curupí, la espina de bañado, el timbó, el ceibo, el laurel de isla, el ingá. Son especies que hacen a nuestra identidad y pertenencia”.
Mazzarantani advirtió que es fundamental conocer a las especies para saber dónde y cómo ubicarlas: “Es condición indispensable conocer en profundidad a los árboles para saber dónde colocarlos. Por ejemplo, a la hora de plantar un árbol en una vereda, debemos pensar en las dimensiones de la misma y en las características físicas de los árboles. Porque sino se producen inconvenientes”.
Si bien no existe un censo serio sobre la población de árboles y de especies, el ambientalista opinó que en la ciudad existen alrededor de 350 mil árboles. “Deberíamos apuntar a tener un árbol por persona, sobre todo atendiendo a que nunca se llega a ese objetivo. El fenómeno social de destrucción es increíble. La Municipalidad planta un árbol y quizás pasa alguien y te lo arruina. Existe un problema social”, finalizó.
¿Un árbol vale 196.250 dólares?
Para Luis Carreras, integrante del Cepronat, los servicios que brinda un árbol son ilimitados. “Nosotros no pagamos un peso por los servicios. Los servicios ambientales que nos brinda el árbol son inconmensurables, no se pueden medir en dinero. No tenemos que poner una moneda ni apretar un botón para que lo haga, lo hace solo”, manifestó. 
Para poder graficar los beneficios, un académico de la Universidad de Calcuta, T.M. Das, estimó que un árbol vale 196.250 dólares. El científico entiende que un árbol que ha vivido unos 50 años brindó a la comunidad servicios valuados en aproximadamente 196.250 dólares. De esta forma, aportó 31.250 dólares en concepto de oxígeno; 31.250 dólares en control de erosión de suelo, agregándole fertilidad; 62.500 dólares en control de contaminación del aire; 37.500 dólares en reciclaje de agua y control de humedad; 31 mil dólares en protección para animales y pájaros; 2500 dólares en proteínas, además de otros valores como flores, frutos e industria medicinal. Por otro lado, en la fase opuesta, el árbol talado y vendido comercialmente brinda menos del 0,3 por ciento de su valor real.
 

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