Economía
Domingo 12 de Julio de 2015

Bioeconomía: de granero a góndola del mundo

El agregado de valor en sectores como alimentación, maquinaria, farmacéutico o salud se impone como nuevo modelo de desarrollo.

La bioeconomía se presenta como el modelo de desarrollo a seguir en la Argentina. Muchas innovaciones en las industrias agroalimentaria y farmacológica ya están en marcha en el país pero las oportunidades son múltiples y tanto los actores vinculados al campo científico tecnológico, público como privado, están dispuestos a meterse en la batalla para transformar la historia y agregar valor allí donde todavía no lo hay. Tal vez la frase que sintetiza el camino a seguir es “pasar de ser el granero del mundo a la góndola del mundo”.

   El puntapié inicial ya está, pero hay mucho camino por recorrer. La actividad industrial en la región está ampliamente diversificada y abarca a la mayoría del procesamiento de alimentos, la metalmecánica y la industria farmacéutica tanto en salud humana como animal. En estos sectores se encuentra un extenso número de iniciativas innovadoras. Esto se complementa con una importante capacidad científico-tecnológica, tanto en áreas tradicionales como de avanzadas vinculadas a la bio y nanotecnología y a las tecnologías de información y comunicaciones. Y este complejo entramado constituye una formidable plataforma para el desarrollo de nuevas cadenas de valor ligadas a la bioeconomía. Los avances en el campo agropecuario, la producción de biocombustibles y la industria farmacéutica son ejemplos de este progreso, aunque el potencial es aún mayor.

   Durante el simposio “Bioeconomía: el potencial de las regiones” —organizado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación— que se realizó hace unos días en la ciudad, destacados especialistas nacionales del mundo de las ciencias expusieron sus experiencias y contaron en que están trabajando pero también se avanzó en el camino que hay por delante y los casos presentados por los panelistas internacionales completaron el escenario sobre lo que es posible.

   La secretaria de Planeamiento y Políticas del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación, Ruth Ladenheim, destacó durante la apertura del simposio que la bioeconomía “es crucial para afrontar los procesos de cambio globales que incrementan la demanda de recursos”. En ese sentido, explicó que el enfoque bioeconómico hace hincapié en la transformación de la biomasa en bioproductos, por ejemplo.

   “Así, se puede pensar a la materia viva como un yacimiento infinito de innovaciones tecnológicas”, subrayó la doctora en ciencias químicas y magister en economía y finanzas.

   Ladenheim destacó el trabajo que se viene impulsando desde la cartera que forma parte y señaló que “hay una política pública que generó 100 consorcios público-privado de los cuales muchos estántrabajando en el paradigma de la bioeconomía”, al tiempo que subrayó la importancia de la continuidad de esta política del Estado nacional “que tiene un reflejo a nivel de las provincias”.

   En ese sentido, también se manifestó el gobernador Bonfatti quien aseguró que la ciencia, la tecnología y la innovación son prioridad en la gestión provincia. “La bioeconomía como modelo de desarrollo es una oportunidad que debemos tener en cuenta. Creo en la sustentabilidad de la producción y en la interacción entre el Estado y el sector privado para que el valor agregado de la biomasa repercuta a nivel regional”, destacó el mandatario provincial.

   En ese marco, el secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación, David Asteggiano, manifestó que “la bioeconomía es un tema que hoy están en la agenda no sólo a nivel nacional sino también de las regiones, lo que habla de una nueva dinámica y de condiciones necesarias para poder pensar el desarrollo de estos tiempos”.

   “Las provincias que integran la región centro, en particular Santa Fe tiene maduras las condiciones necesarias tanto públicas como privadas, tenemos la oportunidad de avanzar en proyectos regionales focalizados en diversas aéreas donde, a través de la biotecnología, se potencien las actividades ligadas a la agroindustria, alimentos, energías alternativas, entre otros”, dijo el funcionario.

   Para dar una muestra de lo que es posible, la funcionaria nacional recordó los números de un relevamiento que detalla que en el país hay 180 empresas biotecnológicas produciendo y exportando. Esas empresas representan la mitad del tamaño de la industria del software y de la industria frigorífica. “Son tamaños que implican algo. Es un campo muy promisorio. La bioeconomía encierra la forma de pensar nuevas modalidades de desarrollo”, puntualizó.

   Ladenheim habló de un punto clave y este tiene que ver con la importancia de la sustentabilidad. “Tomamos en cuenta la sustentabilidad de todos los insumos, del suelo, del agua, los ciclos de los nutrientes, del nitrato, del fósforo. Todo eso involucra mucha investigación y una relación muy fuerte con la economía, por eso en la palabra bioceconomía están las dos cosas, la biotecnología y la economía, es decir el cálculo económico”, indicó al tiempo que agregó que el desafío es “buscar mecanismos creativos para generar ahorro de costos en muchos casos”.

   En este campo, la investigación juega un papel fundamental y es aquí cuando surge la cuestión de los tiempos en que lleva que la ciencia se transforme en ciencia aplicada. La titular del área de Planificación del ministerio de Ciencia y Tecnología habló de “una apuesta estratégica” con una mirada de largo plazo.

   “No podemos detenernos en un momento en que los precios estén arriba o estén abajo. Son proyectos de largo plazo en donde la puesta es estratégica. Hay que pensar que países como Alemania, que con el clima que tienen y los suelos que tienen y las capacidades productivas ya están pensando en largo plazo e invirtiendo enormes cantidades de dinero en investigaciones en el paradigma de la bioeconomía. Holanda también y muchos países europeos. Nosotros tenemos una enorme cantidad de biomasa, estamos haciendo las primeras estimaciones que dan cuenta de 300 millones de toneladas y por ahí hay mucho más. Hay que seguir dimensionando y profundizando los procesos bioquímicos, químicos y las capacidades que ofrecen nuestras investigaciones de calidad”, subrayó.

   Al pensar en bioeconomía hay que tener en cuenta tres líneas estratégicas. La primera vinculada al procesamiento de la biomasa, que muchas veces es considerada un desecho urbano, de industrias. “En los consorcios públicos-privado estamos demostrando que hay todo tipo de desechos que se pueden convertir en energía o bioproductos. Hay investigaciones idiosincráticas, no se puede traer de afuera algo llave en mano, la biomasa es propia de cada país, de cada región y de cada localidad. sobre eso hay que investigar, por eso estamos tratando de generar capacidades en cada región”, explicó Ladenheim.

   El otro campo de investigación importante es continuar aplicando la genómica, la bioinformática, la protónica para caracterizar las especies argentinas, para diversificar la producción. “Poder hacer desarrollos nuevos a partir de modificaciones genéticas o mutagénesis u otras formas de modificar genómas para lograr mayor eficiencia de cultivos, de animales y de biomasa. Investigación para lograr nuevos esquemas de biofertilización, mecanismos biológicos de control de plagas, iniciativas para hacer mejores esquemas terapeúticos de animales y plantas, diagnóstico”, detalló la funcionaria.

   En este punto habló de incluir las investigaciones sobre suelos “que encierran un yacimiento enorme ya que en un cm3 de suelo hay miles de especies hongos, bacterias, virus” y apuntó que “relevar esa calidad de suelo es una línea a cuidar”.

   “Son investigaciones que pueden dar resultados que hoy económicamente no se ven, pero que en el futuro pueden valer millones de dólares. En Argentina con las capacidades que hay, y en particular en esta región y esta provincia creo las oportunidades son enormes. Es una provincia que tiene una capacidad de investigación comprobada, instituciones muy prestigiosas y que hay que seguir apoyando para seguir avanzando en este paradigma”, subrayó.


Experiencias. Argentina está muy bien posicionada a nivel mundial y demuestra día a día su capacidad de investigación e innovación. Ladenheim contó que el Conicet quedó ubicado en el puesto 79 de un ránking que tuvo en cuenta a más de 5 mil instituciones de todo el mundo.

   Durante el simposio referentes internacionales contaron sus experiencias y el público siguió atentamente el relato sobre los diferentes modelos globales implementados en torno a la bioeconomía. El director de Proyecto en la unidad Recursos Económicos dentro de la División Bioeconomía (BIO) de la localidad alemana de Jülich, Thomas Assheuer, dio a conocer las estrategias de investigación que llevan adelante.

   El académico propuso una visión de un ecosistema interdisciplinario para la bioeconomía y señaló como caso de éxito el desarrollo de un cluster de bioeconomía en su país, y especialmente en Jülich donde hay un campus con 51 centros de investigación y más de 5.500 trabajadores.

   “Basar a esta disciplina en el conocimiento implica aprender de aquello que venimos haciendo para poder basar nuestra economía en un modelo de biología sustentable”, puntualizó.

   Assheuer contó que los fondos que se prevén para la bioeconomía en el presupuesto alemán rondan los 135 millones de euros.

   El investigador subrayó que “hay que hablar de una bioeconomía basada en el conocimiento, en una economía natural y sustentable” y dijo que si se quiere avanzar hay que tener en cuenta diferentes disciplinas: biología, química, energía, computación, ciencias sociales, económicas y muchas otras.

   “La bioeconomía es pensar en ciclos, en sustentabilidad implementando una economía que funcione en 100 años”, subrayó Assheuer y por eso destacó que el gobierno alemán creó un consejo de profesionales que recomienda los temas estratégicos que se financian en bioeconomía.

Biomasa. Otra ponencia destacada fue la de Ramiro Costa, economista perteneciente a la Bolsa de Cereales de Buenos Aires quien clasificó al país dentro de aquellos con alta disponibilidad de biomasa y bajo desarrollo industrial, pero afirmó que ésta no es precisamente una debilidad, ya que actualmente el 15% del Producto Bruto Interno (PBI) pertenece al sector bioeconómico. “Estamos bien encaminados”, subrayó.

   En ese sentido, el economista argumentó que “existe una producción de biomasa distribuida federalmente, que brinda la oportunidad de incrementar las cadenas de valor y diversificar la estructura productiva del país, entre otras posibilidades”.

   Costa advirtió que Argentina puede tener tantas bioeconomías como biomasas tenga en las diferentes regiones y estimó que existen 300 millones de toneladas disponibles entre las diferentes fuentes, cultivos agrícolas, azucarera, mani, oleaginosa, subproductos agrícolas y ganaderos o residuos sólidos urbanos.

   En rigor, y para dar una magnitud económica de lo que puede generar la bioeconomía el analista explicó que el valor de una hectárea de caña de azúcar como producto principal puede tener un costo de 50 mil pesos mientras que si se trata del cultivo para etanol pasa a 100 mil pesos.

   Precisó que actualmente el peso de la bioeconomía en el PBI de Argentina ronda el 15,4% y dijo que es una cifra “muy importante” pero subrayó que la potencialidad es inmensa.