Economía
Domingo 02 de Agosto de 2015

La crisis económica de Brasil impacta en Santa Fe

La recesión brasileña se traduce en una menor demanda de manufacturas industriales y agropecuarias de firmas de la provincia.

El derrumbe de la economía brasileña impacta de primera mano sobre las exportaciones santafesinas, ya que las ventas locales de automóviles, autopartes, granos, cereales y productos lácteos convierten a ese país en el principal socio comercial de la provincia.

Así lo destaca un informe elaborado por el Instituto Provincial de Estadística y Censo (Ipec): “contra lo esperado en la década pasada, el desempeño económico de Brasil entre los años 2011 y 2014 no ha sido para ponderar positivamente, y sus perspectivas, al menos para este año y el próximo no son auspiciosas”, señaló el director del organismo, Jorge Moore.

El organismo recordó que la economía de Brasil “posee una muy significativa influencia sobre el funcionamiento de la economía argentina en general, y de la economía provincial en particular”, y que “las aduanas de Santa Fe canalizan una parte significativa de las manufacturas industriales como agropecuaria”.

El gigante del Mercosur atraviesa una tormenta perfecta con una doble crisis económica y política que parece no tener fin, y que incluso pone en riesgo la permanencia en el poder de la presidenta Dilma Roussef, enredada en los escándalos de corrupción que sacuden al Partido de los Trabajadores y atada a una imagen positiva de sólo 17 por ciento.

La retracción brasileña se siente sobre la industria manufacturera argentina al menos de dos maneras: por una parte, vía el enfriamiento de la demanda de autos y autopartes fabricados a nivel local.

Pero además, la recuperación de este tipo de ventas al país vecino se aleja cada vez más a medida que se profundiza la depreciación del real respecto al dólar estadounidense.

“Mayor será el impacto de este efecto cuanto mayor sea el desalineamiento entre la evolución del tipo de cambio en Brasil y la del tipo de cambio oficial en Argentina”, señaló Moore.

En ese sentido, agregó que el panorama para los sectores que exportan a Brasil “difícilmente mejore en el curso de este año”, ya que no se esperan cambios sorpresivos en el contexto macroeconómico argentino al menos hasta que asuma el próximo presidente, lo que recién ocurrirá a finales de año.

Historia reciente. El trabajo del Ipec recuerda algunos de los factores que ayudaron a armar el “milagro brasileño” bajo los dos gobiernos de Lula Da Silva, entre los cuáles destaca la recuperación de la demanda agregada gracias a una mayor inversión pública, así como una serie de reformas regulatorias que permitieron incrementar el ingreso y el consumo de más de la mitad de la población brasileña, hasta entonces de ingresos medio-bajos y bajos, y en condiciones de extrema pobreza.

Esa situación comenzó a cambiar a partir de 2003, cuando los mayores rendimientos esperados en Brasil así como en otras economías emergentes favorecieron los ingresos de capitales y la percepción de estabilidad jurídica y macroeconómica, y permitieron contar con un riesgo país bajo y un fluido ingreso de capitales.

“A su vez, la mejora de los precios de los commodities impulsó los ingresos por exportaciones generando expectativas de un salto de inversiones extranjeras, m odernización de la infraestructura, y baja de costos luego del descubrimiento de las cuencas petroleras en el Atlántico”, agregó el funcionario.

Con la llegada de la recesión internacional cuyo exponente más visible fue la crisis subprime en Estados Unidos, las expectativas positivas se fueron desvaneciendo.

A partir de ese quiebre la contracción del comercio mundial y la débil recuperación de las economías desarrolladas afectaron la demanda de exportaciones brasileñas hasta la actualidad.

“En gran medida el ingreso de divisas se sostuvo gracias al fuerte aumento de los precios de commodities que se observó entre 2012 y mediados de 2014. Sin embargo, las exportaciones manufactureras muestran signos de debilidad aun hasta el presente”, precisó Moore.

El cuadro se agrava ya que la prometida modernización de infraestructura se vio demorada y en parte interrumpida por costos burocráticos y prácticas que en la actualidad están siendo objeto de investigaciones judiciales.

A su vez, las expectativas de crecimiento de utilidades empresariales han retornado a los niveles previos al entusiasmo que despertaba Brasil entre los inversores locales y extranjeros, añade la investigación.

Escenario de ajuste.“Los ajustes alcistas de precios de bienes no transables, de bienes manufacturados, inmuebles y costos variables, han restado competitividad a la economía brasileña”, indicó Moore, y agregó que “a esto ha contribuido una política cambiaria de flotación administrada que tardíamente empezó a reaccionar, dado el visible deterioro de la competitividad”.

Por otro lado, el funcionario mencionó “la intención de no revertir el énfasis redistributivo vía expansión del gasto público en un sendero de baja inflación, que trató de sostener vía subas de tasas de interés, que terminaron enfriando la demanda agregada”.

En cuanto a los problemas de acceso al crédito y la suba del costo del crédito interno, debilitaron la compra de bienes durables y complicaron la refinanciación de pasivos del sector privado. El resultado, inevitable, fue la desaceleración del nivel de actividad, el “desinfle” de la demanda del sector privado, y la presencia a partir de 2014 de “déficit trillizos”: en la balanza comercial, en la cuenta corriente de la balanza de pagos y en las cuentas del sector público.

Finalmente, Moore señaló que “el horizonte para el corto plazo es de un ajuste fiscal, conflictivo, que requerirá medidas pro-inversión, sumado a un descenso gradual de la inflación recién para 2016. Por consiguiente, es difícil imaginar que no se acelere la depreciación del real, salvo que por alguna razón hasta ahora inesperada, se produzca un masivo ingreso de capitales”, concluyó.