Santa Fe
Lunes 15 de Agosto de 2016

El desafío de coordinar políticas que beneficien a varios municipios

El arquitecto ecuatoriano Fernando Carrión Mena tiene una amplia trayectoria en la temática. La semana pasada disertó en la ciudad y aseguró que lo más difícil es lograr la articulación público-público

La semana pasada se desarrolló en la ciudad el Primer Seminario Internacional de Políticas Metropolitanas, que organizó el gobierno provincial. El evento que congregó a especialistas de América latina y el país se realizó a meses de que la Legislatura sancionara la ley de creación de áreas metropolitanas –en principio una por cada nodo– y que los concejos municipales de las diferentes localidades del Gran Santa Fe comenzaran a analizar los beneficios y las dificultades que puede traer la creación del ente coordinador, para luego definir si hay adhesión o no al área metropolitana.
En ese marco, llegó a la ciudad el arquitecto ecuatoriano Fernando Carrión Mena, que dialogó con Diario UNO sobre los desafíos y las dificultades que supone la creación de un área metropolitana.
"Hay dos o tres cosas que son importantes. La primera es que, viendo a Latinoamérica en su conjunto, vemos prácticamente el cierre de la migración del campo a las ciudades. Esto es que las ciudades crecieron a los niveles que pueden llegar. Hoy día, es muy difícil que se puedan formar grandes ciudades como Río de Janeiro, Buenos Aires o México. Y eso es porque ya no hay migración del campo a la ciudad. Una segunda cuestión es que con el proceso de globalización los territorios de América latina se redefinen y ya no se articulan a la globalización desde grandes ciudades, sino también desde ciudades medias y pequeñas que se unen entre sí formando, en algunos casos, áreas metropolitanas, clúster o mancomunidades para su propio desarrollo urbano y para su integración al mundo", expresó.
"En tercer lugar –continuó–, esto plantea nuevos desafíos a los gobiernos de estas áreas porque ya no se trata exclusivamente de manejar un territorio que está delimitado como puede ser una ciudad, sino de gobernar varias ciudades y un territorio mucho más vasto del que manejaban en una comuna o una municipalidad. En ese sentido, lo que ocurrió en muchos lugares de América latina es que se abrió la migración internacional".
Para Carrión Mena hoy ya no solo se requiere que haya continuidad espacial, como era antes en las áreas metropolitanas, sino que hoy "pueden ser ciudades discontinuas". Y agregó: "Las segundas o terceras ciudades más importantes de América latina ya no están en sus territorios nacionales sino que están afuera. Por ejemplo, en el caso de La Habana está en Miami. En el caso de México, se supone que la segunda ciudad está en Estados Unidos".
—¿Y cómo se articulan esos territorios discontinuos?
—Ese es el gran desafío que existe. Primero articular los territorios continuos, que están en su propio espacio. Luego se deben articular los discontinuos. Lo que ocurrió en América latina es que aparecieron oficinas de relaciones internacionales, y eso es importante. Pero no es suficiente porque las relaciones internacionales, o interurbanas en este caso, lo que hacen básicamente es establecer ciertos vínculos con la ciudad de aquí y la de allá. Hay un libro maravilloso de Bryan Roberts (Volviendo a Casa. Migración de Retorno en un mundo urbanizado con fronteras cerradas) que estudió la migración del campo a la ciudad y lo que dijo es que se crearon ciudades de campesinos. Hoy en día lo que diría es que se crearon ciudades de foráneos, de extranjeros. Eso es lo que pasa con la migración mexicana a los Estados Unidos. Los desafíos son mucho más complejos de lo que parecen.
—¿Esos procesos que está describiendo se dan en países que limitan con países centrales o también entre países de América latina?
—En ciudades fronterizas eso es mucho más común porque si de un lado de la frontera nace una ciudad, inmediatamente del otro también nace una ciudad. Un caso muy interesante es el que se da con El Paso, de EE.UU. y el de Ciudad Juárez, en México. Ahí están en la discusión de construir un gobierno metropolitano entre dos ciudades que están en dos países distintos. En la frontera de Ecuador y Perú hay 45 municipios, de ambos lados, que se han mancomunado para hacer una administración del territorio que ocupan esos 45 municipios. Son retos nuevos que no habíamos conocido y ahí está el gran desafío para estos gobiernos.
—Santa Fe está iniciando el camino de construcción de su área metropolitana, ¿cuáles son los elementos políticos y sociales que no pueden faltar en ese proceso?
—Uno de los elementos más importantes es la conectividad. Si estamos hablando de un territorio que ahora se va a gobernar en un espacio mucho más amplio, donde hay incluso otras entidades jurídicas, el desafío es cómo construir esa conectividad. Y no solo son vías, nuevas tecnologías de la comunicación, entre otras cosas, sino que además es cómo generar una construcción jurídica que les permita actuar en común. Y ese es uno de los pasos más complejos que hay. Se habla de la cooperación público-privada, pero la cooperación público-público es una de las más complicadas. En un área metropolitana por lo general hay una o dos ciudades grandes y otras alrededor. Cómo lograr que eso opere es lo que yo llamo conectividad y, a mi manera de ver, es el tema principal.
—¿Cómo se maneja la relación de fuerzas para que las grandes ciudades no terminen absorbiendo a las más pequeñas?
—Ese es un problema. Pero también el problema es político. Puede ser que un municipio sea de otro color político. Por eso esta absorción no solo que en la práctica es necesaria o justificable, sino que también hay que ver cómo se la mira políticamente. Porque a la larga voy a depender del otro partido político que no es de mi signo. Ahí viene un tema de confianza y de la necesidad de tener un proyecto de área metropolitana para toda la región. Hay un caso interesante en San Salvador (El Salvador), donde en su área metropolitana existen seis municipios y en algunos casos son de signo político distintos y lo que ocurre es que se rota la presidencia de esa área metropolitana y tienen construida una oficina de planificación y que es autónoma de todos los municipios y es subordinada a todos los municipios.
—Por su experiencia, ¿hay una pérdida de identidad de las pequeñas localidades que son absorbidas por la gran ciudad o se benefician del impulso que les da una gran urbe?
—La gran ciudad tiene un peso muy importante. Eso no se puede negar. Pero cuando hay una propuesta de integración lo que generalmente ocurre es lo que llaman el "gane y gane", donde todos salen ganando. Ahí se logran economías de escala, proyectos conjuntos y de hecho ya están funcionando como área metropolitana y lo que falta por construir es la estructura política. Y la articulación de políticas comunes, porque el resto, en la práctica, ya está operando como área metropolitana.
—Cuando usted llega a un lugar y le tiene que explicar a la gente en qué le va a cambiar la vida un área metropolitana, ¿qué les dice?
—En términos cotidianos y a corto plazo es difícil, son proyectos a largo plazo.
—¿De cuánto tiempo está hablando?
—Depende de cada ciudad, pero no menos de 10 años. Pero si se formó un área metropolitana por conurbación, es decir que esta ciudad que es más grande fue creciendo y absorbe a otra, en la práctica está operando. Lo que falta es la estructura política y ahí vienen los problemas porque cada una tiene la suya. Pero en términos electorales generalmente no hay cambios porque ahí sí habría problemas de identidad territorial. Esto no se hace de un día para el otro porque lo que se discute mucho son las transiciones. Eso es lo más complicado.
—¿Por qué?
—Porque es ahí donde se va definiendo cómo nos vamos articulando. Puede suceder que yo tenga un signo político y enfrente haya uno de otro y no le interesa articular. Pero si se queda afuera se da cuenta y luego quiere incorporarse. Pero la transición, como en este caso que planteaba, puede ser desigual en el tiempo con otras ciudades.
—Una vez que se formó el área metropolitana, ¿cómo cambia la relación con otras localidades?
—Ahí hay vínculos diferentes. Con la globalización hay ciudades portuarias que tienen más posibilidades que otras y hacen que las sumas de la producción generen ventajas interesantes. Mientras que si otras áreas no siguen un proceso de integración, pueden terminar bajo el área de influencia de esta área metropolitana. Por eso la impresión que tengo es que en América latina hay un proceso de integración que se da bajo distintas metodologías: las áreas urbanas, la mancomunidad y los clústeres. En Chile existe el clúster del salmón donde se articulan más de 30 ciudades pero solo por la producción del salmón; o el Cuzco, en Perú, con el turismo. Los dos son interesantes porque se constituyen para integrarse al mundo.

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