El país
Domingo 24 de Julio de 2016

"El desafío es detener la epidemia de obesidad en la Argentina"

El referente nacional en nutrición y hoy funcionario de Salud de la Nación expresó su decisión de reducir los índices de sobrepeso que, según él, afectan al 60 por ciento de las personas en el país

"Nuestro desafío es ser el primer país del mundo que logre detener esta epidemia (de obesidad) y mejorar el bienestar de la gente", sintetizó, apenas comenzando la entrevista Alberto Cormillot con Diario UNO. Encargado hoy del nuevo Programa Nacional de Alimentación Saludable, sostiene que en la Argentina la población con sobrepeso aumenta cada año y ya alcanzó el 60 por ciento, por lo que "para detener esta epidemia hay que cambiar el ambiente obesogénico, es decir aquel en el que la comida engordante es la más barata, rápida, práctica y rica".
—¿Cuáles son las incumbencias del área a su cargo?
—Buscamos dar visibilidad a la problemática y generar acuerdos con los sectores industrial, comercial, agrícola y educativo para detener esta epidemia. Para ello es necesario cambiar el ambiente obesogénico, y en este sentido, la dificultad está planteada por los poderosos intereses que hay detrás de las costumbres y hábitos que se intentan modificar. Estos intereses se activan cuando nosotros ponemos en marcha el cambio y provienen de la industria que intenta vender ciertos productos.
Y agregó el experto: "Para poner en práctica el programa se apuesta a lograr acuerdos con los sectores involucrados antes que imponer reglamentaciones".
—¿Hace mucho tiempo y desde distintos ámbitos que se intenta hacer eso. ¿Por dónde se comenzará? ¿O cómo retomará ese trabajo?
—Con el sector educativo, por ejemplo, se trabajará para incluir en la currícula una materia sobre alimentación y modificar los alimentos y bebidas que se venden en los kioscos y comedores escolares, para disminuir la cantidad de sal, azúcar y grasa que consumen los niños y adolescentes. Con los sectores industrial y de comercio, se intentará cerrar acuerdos para cambiar las etiquetas y añadir información nutricional complementaria, así como disminuir, paulatinamente, el contenido de sal, azúcar y grasa de los productos.

"No pueden vivir a gaseosas"
Cormillot también fue enfático en considerar que "la publicidad destinada a los niños debe cambiar, no pueden vivir a comidas y bebidas azucaradas".
"La idea es también darnos una estrategia de precio: aumentar la cantidad de alimentos saludables incluidos en el programa Precios Cuidados, y que estos estén disponibles en más establecimientos", dijo.
Y argumentó: "Existe evidencia consistente sobre la efectividad de intervenciones poblacionales tanto de promoción, prevención y tratamiento, que justifican llevar a cabo acciones de política pública que pueden producirse modificaciones apreciables de los indicadores sanitarios".
—¿Cuáles son hoy las principales causas de obesidad y sobrepeso?
—Los más importantes son el consumo de alimentos hipercalóricos, y en menor medida influyen la falta de actividad física y horas de sueño, y el uso de medicación psiquiátrica. Actualmente el sobrepeso y la obesidad se encuentran entre los principales factores de riesgo de muerte y de carga de enfermedad a nivel mundial. Cada año fallecen alrededor de 3,4 millones de personas adultas como consecuencia del exceso de peso.

Su mirada sobre lo local
Cormillot recordó que en la provincia de Santa Fe, según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, "la prevalencia de la obesidad es del 24,5 por ciento y, del sobrepeso, del 35,1 por ciento". El dato se obtuvo de una población bajo estudio de 18 años y más.
"Además –agregó Cormillot–, gran parte de la carga de enfermedades no transmisibles pueden atribuirse al exceso de peso como el caso de la diabetes (44 por ciento ) y las cardiopatías isquémicas (23 por ciento ), y entre el 7 por ciento y el 41 por ciento de la carga de ciertos tipos de cánceres".

Reducir las grasas trans
Cormillot también se detuvo en las grasas trans, que "se consideran hoy un ingrediente nocivo que la industria agrega a ciertos alimentos. Aumentan el colesterol malo, que genera depósitos de grasa en las arterias. En Dinamarca y Nueva York están prohibidas", dijo. Y enfatizó: "Aunque no lo sepamos, la mayoría de nosotros crecimos consumiendo alimentos que contenían una sustancia hoy considerada un ingrediente peligroso: los ácidos grasos trans o grasas trans".
Según el profesional, recién a partir de 2006 los expertos comenzaron a crear conciencia en los consumidores sobre los riesgos de estos componentes, que hasta entonces solían llamarse "grasas parcialmente hidrogenadas".
—¿Qué tienen de diferente a otras?
—Las grasas trans son un tipo de grasa vegetal que al ser sometida a procesos industriales de hidrogenación se transforma del estado líquido al sólido con graves consecuencias para la salud. Estos compuestos no tienen ningún valor nutritivo. La industria las utiliza para extender el tiempo de caducidad de los alimentos, aumentar su consistencia o transformarlos en sólidos. Se encuentran principalmente en la comida rápida, los alimentos fritos, la margarina, los productos de pastelería, los productos de copetín (papas fritas, palitos, chizitos) y las galletitas.
Y siguió explicando: "Los estudios han mostrado que, igual que las grasas saturadas, las grasas trans aumentan el colesterol malo, vinculado al desarrollo de depósitos de grasa en las arterias, y además disminuyen el bueno, lo que conlleva mayor riesgo de enfermedades cardio y cerebrovasculares".
Y citó por caso una investigación llevada a cabo en la Escuela Médica de Harvard, Estados Unidos, "que reveló que solo en Inglaterra podrían prevenirse anualmente unas 7.000 muertes y unos once mil infartos si se redujera un uno por ciento el consumo de estas grasas".
También, dijo que en los últimos años se han publicado varias investigaciones que muestran los efectos peligrosos de estos compuestos para la salud del corazón, en particular el riesgo de enfermedad coronaria.
—¿De qué modo puede reducirse su consumo, entonces?
—Es importante regular la cantidad que consumimos, y evitar las grasas saturadas y los productos que podrían contener grasas trans. La mejor forma de evitar las "grasas malas" es no consumir grasas "sólidas" como margarina y manteca, ni productos fritos en aceite que se haya usado varias veces, como las papas fritas y otros alimentos de los locales de comida rápida.
"También, ser moderado en el consumo de productos como margarina, manteca, golosinas, chocolate, productos de confitería y panificación (facturas, masitas, budines, panes lactales, entre otros), productos de copetín (papas fritas, palitos, chizitos, entre otros), galletitas saladas y dulces, tapas para empanadas y tartas, sopas instantáneas, entre otras", concluyó.

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