sociales
Lunes 25 de Abril de 2016

El lugar del vecino

Con 83 años de vida, la institución de Villa María Selva se erige como un espacio de inclusión y servicio. Actualmente es la casa de más de 500 socios, quienes disfrutan de todas sus bondades

La Vecinal Unión y Trabajo nació a la par del barrio. En sus inicios, era una zona semirrural, poblada mayormente de quintas y, con la llegada de los inmigrantes, la cantidad de habitantes creció exponencialmente. Empezaron a convivir familias criollas y familiar extranjeras, sobre todo italianos, polacos y españoles, entre tantos otros.
Las casas era muy humildes, confeccionadas de barro y paja. Luego llegó la época de la urbanización y así también las construcciones de material, aunque las calles seguían siendo de tierra, con mucha maleza y poca iluminación. Precisamente por las necesidades que tenía el barrio fue que un grupo de personas decidió formar una vecinal. 
Se reunieron por primera vez en una casa que estaba emplazada en lo que hoy es barrio Mayoraz y fue allí donde se formó la primera Comisión Directiva el 23 de febrero de 1933. Con el paso del tiempo y, después de intensas conversaciones, se confeccionó el estatuto y se oficializó el pedido de personería jurídica.
Lógicamente que carecer de una sede complicaba en demasía las cosas, más que nada para llevar adelante las reuniones y resolución de proyectos. Hasta que surgió la posibilidad de comprar un predio que estaba en Pedro de Vega al 2000, donde se pusieron manos a la obra para cristalizar el sueño. Justo enfrente había un terreno baldío que, posteriormente, sería el epicentro de lo mejor de las bochas, con un reducto al aire libre, pero con las condiciones básicas.
Por su parte, en la sede solo funcionaba una vivienda precaria que hacía las veces de secretaria, punto de reuniones y buffet. Entonces, de golpe y porrazo, se transformó en un punto neurálgico para los vecinos, que se apersonaban con al fin de pasar un buen momento, como jugar a las cartas y tomar un aperitivo. Esa onda expansiva deparó en el surgimiento de nuevas actividades, como el básquet y el tenis. Sobre todo el deporte de la americana, con destacados equipos en la década del 50, más que nada femeninos, con títulos y participaciones internacionales.
También se hizo muy reconocido por los tradicionales bailes de Carnaval, que le daban vitalidad y mucho color a un lugar que no para de dar satisfacciones y cumplir con el socio y el vecino.
El paso del tiempo fue un condicionante en su historia y, producto de los avatares políticos y de la vorágine, la institución se fue deteriorando en todo sentido, estructural y económico. Eso dio lugar a la decadencia, con lo cual su resurgimiento fue muy costoso. 
Pero el trabajo fue siempre un gen en este sector de Santa Fe y fue así como otro grupo de personas, amantes del barrio, tomó las riendas con el fin de sacarlo adelante. Así como, después de intentar una y mil cosas, recuperó a esa esencia que hoy ubica a la Vecinal Unión y Trabajo (la denominación no hace falta aclarar de dónde proviene) como el motor fundamental en la vida de la comunidad.

Comentarios