El Mundo
Viernes 13 de Octubre de 2017

La francesa Audrey Azoulay fue elegida para dirigir la Unesco en medio de una crisis en la agencia

La exministra de Cultura de Francia, Audrey Azoulay, de 45 años, fue elegida para conducir la Agencia para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Este jueves Estados Unidos e Israel anunciaron que abandonaban la Unesco.

La exministra de cultura francesa Audrey Azoulay fue elegida hoy directora general de la Unesco, la agencia de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura, tras derrotar en la votación final al qatarí Hamad bin Abdulaziz.

La elección de la sucesora de la búlgara Irina Bokova fue apenas un día después de que Estados Unidos le asestara un duro golpe a la organización al anunciar que abandonaba la agencia por sus "persistentes decisiones anti-israelíes", una conducta que arrastró a la propia Tel Aviv.

"Este proceso electoral se ha desarrollado en un momento de crisis en el que es mejor implicarse para relanzar la Unesco, para apoyarla y reformarla, pero no para abandonarla", aseveró Azoulay en su primera intervención tras la votación, en la que fue elegida con 30 de los 58 votos del Consejo Ejecutivo.

Estados Unidos, el principal contribuyente de la Unesco, ya había dejado de aportar al organismo en 2011, en rechazo a la inclusión de Palestina como miembro de pleno derecho. Frente a esa postura, la electa líder de la Unesco, cuya sede está en París, aseguró que "los desafíos de la actualidad transitan por los campos de acción de la Unesco", por lo que pidió "más que nunca" sustentar su organización.

"Solamente con educación, con cultura, con ciencia podemos contribuir a largo plazo en los problemas del mundo actual", aseguró en una comparecencia ante los periodistas en la que no aceptó preguntas. Sin adentrarse mucho en las que serán sus prioridades, Azoulay aseguró que tratará de aplicar la Agenda de Desarrollo Sostenible de 2030 y que trabajará en la prevención de conflictos.

La nueva directora, de 45 años, fue presentada por el gobierno francés como la persona que va a unir a la Unesco: nació en París en el seno de una familia judía que estuvo estrechamente vinculada a la monarquía marroquí, con la que su padre, André, trabajó como consejero del rey Hasán II y del actual monarca, Mohamed VI. Su origen y el hecho de que su candidatura fuera presentada casi a último momento, en marzo pasado, generó el rechazo de algunos países árabes, que confiaban en hacerse con la dirección en esta ocasión.

Hasta cuatro candidatos procedentes del mundo árabe -la libanesa Vera El Khoury Lacoeuilhe, el iraquí Saleh Al Hasnawi, la egipcia Moushira Khattab y el qatarí Al Kawari- se presentaron al puesto, que también era pretendido por el chino Qian Tang, el vietnamita Pham Sanh Chau y el azerbaiyano Polad Bülbüloglu.

Contra los pronósticos oficiales, fue el candidato de Qatar -país que está en medio de una batalla diplomática con Arabia Saudita, Egipto, Baherein y Emiratos Árabes Unidos- el que tuvo más apoyo en las primeras votaciones, en las que fueron cayendo otros aspirantes. Ajena a las críticas contra su candidatura, Azoulay remarcó que dedicó toda su carrera a "poner sus competencias al servicio de la cultura y la difusión al público más amplio posible", informó la agencia de noticias EFE.

Alumna de la prestigiosa Escuela Nacional francesa de Administración (ENA), por cuyas aulas ha pasado buena parte de la élite política francesa, la futura directora de la Unesco egresó del Instituto de Estudios Políticos de París y de la Universidad de Lancaster, donde estudió Administración de Empresas. Su carrera profesional incluye diversos puestos en el sector audiovisual público del país, entre ellos la implantación de la televisión digital terrestre.

Como consejera del entonces presidente galo Francois Hollande, emprendió en 2014 el diseño de un plan para proteger el patrimonio en peligro, y dos años después, y hasta el pasado mayo, se desempeñó como ministra de Cultura y Comunicación en el gabinete socialista durante un año y medio. Azoulay, madre de dos hijos y casada con un alto funcionario, pregona que la educación es el "germen de desarrollo y de igualdad entre sexos" y planea convertir la Unesco "en un actor de referencia del desarrollo sostenible", aumentar su eficacia y hacer de la agencia un "foro intelectual al servicio de los valores universales".