Santa Fe
Sábado 26 de Noviembre de 2016

"El padre Catena nos inculcó el valor del trabajo en comunidad"

Es una de las frases que disparó María Ledesma, una vecina de Villa del Parque que conoció al sacerdote apodado como "el cura de los pobres". Se cumplen 30 años de su muerte y para los que viven en ese barrio: "Él sembró una semilla y hoy cosechamos los frutos"

El 29 de noviembre de 1986 y en el exilio, el sacerdote Osvaldo Catena dejaba el mundo terrenal y los vecinos de Villa del Parque recibían con tristeza la noticia. Y es que no es para menos, se trataba del cura que llegó un 26 de septiembre pero de 1956, de sotana y con una valija en la mano, al barrio El Triángulo –que luego fue lo que es hoy– y nunca más se fue. Se convirtió en un referente para chicos, jóvenes y adultos, un ejemplo de aliento, incentivo, empuje y la mayoría de las instituciones que hoy alberga ese sector de la ciudad, fueron obras de este sacerdote tercermundista.

Pasaron tres décadas de ese día, pero los más viejos del barrio aún mantienen vivos los recuerdos y guardan en su memoria palabras, gestos, vivencias y anécdotas. Carismático, amable, tenaz, emprendedor, solidario, transmisor de valores, y excelente músico. Son algunas de las virtudes de este cura que además de sembrar una semilla en Villa del Parque que hoy los vecinos cosechan sus frutos, es el creador de la Misa Criolla que interpretó Ariel Ramírez.

María Ledesma (66 años) es uno de los ejemplo de que aún está vivo el recuerdo en los vecinos de Villa del Parque. Ella llegó al barrio junto con su familia cuando tenía 11 años y finalizó los estudios primarios en la escuela Cristo Obrero que fundó el cura Osvaldo. Fue la primera promoción. Ahí conoció al sacerdote y trabajó mucho con él. "Recuerdo un montón de cosas, pero lo principal son los valores que nos transmitió como persona y como sacerdote, eligió vivir en el barrio entre los pobres", dijo la vecina de ese pequeño sector del oeste.
Lo primero que fundó fue la escuela, después llegó la guardería y más tarde las otras instituciones. Lo último fue la capilla que él no alcanzó a ver terminada porque debió partir forzosamente del barrio y nunca más regresó, pero sí llevó a cabo las gestiones para que se haga. María por supuesto aclaró que estas obras no las levantó él solo sino que los vecinos fueron los responsables de poner cada ladrillo, pero sí fue el responsable de alentarlos y sembrar en cada uno de ellos la cultura del trabajo. "Nunca hubiera podido lograr todo lo que hizo solo", enfatizó y luego agregó: "A nosotros nos quedó el aprendizaje de trabajar en comunidad".

En esta línea Ledesma trasladó eso que Catena les enseñó a lo que ocurre hoy. "Ahora estoy en la vecinal y con todas las instituciones del barrio trabajamos en red no solo para un acontecimiento importante como es ahora el aniversario de su muerte, sino que abarcamos todos los problemas del barrio y tratamos de buscarle o gestionar las soluciones", contó y luego dijo: "Yo aprendí de él que uniéndonos tenemos más fuerza y así se consiguen las cosas".

Una huella indeleble
María contó que el sacerdote caminaba todo el día por las calles de tierra del barrio y paraba en cada una de las casas. En una tomaba un mate, en la otra compartía un guiso y en la tercera ayudaba a hacer unas tortas fritas. Celebraba misa en donde se lo pedían o él elegía y congregaba a los vecinos. También ponía a disposición su hogar que era de puertas abiertas para todo aquel que necesitaba algo, pero además allí se celebraban las misas. Donde él vivía hoy está la parroquia Cristo Obrero y el comedor de ancianos en el salón parroquial. La calle es Giacchino entre Pasaje Vecinal y Padre Catena. "Siempre digo que él tiró la semilla y hoy tenemos que recoger los frutos y sobre todo transmitírselos a los jóvenes", agregó Ledesma.

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Legado. Construyó muchas instituciones, claves para este sector.
Legado. Construyó muchas instituciones, claves para este sector.

Vale destacar que las calles de Villa del Parque tienen nombres que no están en otros sectores de la ciudad, son únicos. Los mismos se eligieron en asamblea entre los vecinos y como estaba el proceso militar optaron por palabras como Liberación, Justicia, Soberanía, entre otras. Cuando el sacerdote falleció se designó el acceso principal al barrio como Padre Catena, y hay otras arterias que están vinculadas con el sacerdote como Solidaridad y Del Trabajo y existe una que se llama José Díaz, y es en homenaje al albañil que colaboró en las obras que él construyó.

Por supuesto que a la hora de describir al sacerdote, María no escatimó en elogios y dijo: "Era un cura muy carismático, te llegaba a lo más profundo con su sonrisa, hablaba con todos y no rechazaba nada. Si lo invitabas una copa, lo aceptaba, un mate, también; y si estabas comiendo y lo convidabas, por más que ya había comido, no te decía que no. Él vivía en comunidad con otras personas, pero siempre había mucha gente en su casa. Era muy convocante y a través de la música porque hay que destacar que era excelente en eso. En sus reuniones no faltaba por eso también el barrio es cuna de murgas, grupos musicales y solistas. En esto él también sembró la semilla y nosotros tenemos que cosechar y seguir trabajando".
"aprendí de él que uniéndonos tenemos más fuerza y así se consiguen las cosas" - María Ledesma, vecina de Villa del Parque
Para destacar
Es importante contar que Osvaldo Catena había nacido en Mariano Saavedra, en el departamento Las Colonias, provincia de Santa Fe, el 13 de abril de 1920. Hijo de una familia humilde, a los 13 años entró en el Seminario de Guadalupe gracias a la ayuda económica del sacerdote Luis Rotta, párroco de San Vicente. Tuvo una vida sacerdotal y social muy activa que lo convirtió en esta figura pública de relevancia para la ciudad. Entre las actividades en las cuales se involucró fue un excelente músico. Se perfeccionó con artistas de talla y se inclinó por lo popular y folklórico.

En Villa del Parque, tras 15 años de trabajo pastoral en esa zona de la capital, el sacerdote decidió quedarse a vivir entre su gente, en un humilde rancho de barro y techo de cartón. Muchos recuerdan que se sentaba en un cajón con su acordeón y hablaba a quienes se acercaban a escuchar. Fue un gran referente a nivel nacional en la música. En los últimos años, con las piernas ulceradas, trabajó atendiendo sus tres parroquias, asistiendo a los pobres. El 29 de noviembre de 1986 lo internaron, pidió un sacerdote para comulgar, y recibió la comunión de manos de José María Ramos, el sacerdote más joven de la diócesis. Luego falleció. Tenía 66 años.

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