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Sábado 26 de Marzo de 2016

El Padre Ignacio pidió que la riqueza del país llegue a los bolsillos de la gente

Frente a más de 300 mil personas y con una tenue lluvia de fondo, las frases del padre Ignacio Peries en el cierre del tradicional Vía Crucis fueron una invitación hacia las reflexiones en busca de paz.

“Pedimos por más paz y seguridad para Argentina. Por todo lo que merecemos para ser felices. Este es un país muy rico, y esa riqueza tiene que llegar a los bolsillos de todos para poder disfrutar la vida”. Minutos antes de la medianoche de ayer, frente a más de 300 mil personas y con una tenue lluvia de fondo que bendijo, las frases del padre Ignacio Peries en el cierre del tradicional Vía Crucis fueron una invitación hacia las reflexiones, a la búsqueda de paz, a mantener en alto los valores de la fe para poder afrontar con la misericordia de Dios los momentos de mayores dificultades. Y también pidió atender los flagelos que atentan contra la sociedad actual.

   “Ojalá que no existan más divisiones. Ojalá que todos, los ricos y los pobres, reconozcan que bajo esa ropa todos somos seres humanos. Debemos entender eso”, destacó Ignacio en sus palabras. “El hombre divide, pero hay que multiplicar más que dividir. Hay que construir sin odios, ni broncas. Deben entenderlo, sobre todo los que tienen el poder de transmitir. Tiene que ser con paz. Si los religiosos y los políticos respetaran esa condición, seguramente sería un mundo mejor”, graficó con especial énfasis el sacerdote.

   Otra vez una multitud protagonizó el Vía Crucis que se realizó anoche en los alrededores de la parroquia Natividad del Señor, en pleno barrio Rucci, y convirtió esta celebración de Semana Santa en un nuevo gesto de confirmación como uno de los actos de más convocatoria en la ciudad.

   Al pie de la enorme cruz en el acceso a la autopista a Santa Fe, se concentró el momento de mayor intensidad de pedidos, rezos, encuentros, promesas, testimonios, agradecimientos y emociones. Desde ese lugar, Ignacio pidió que recen por él. “Pidan por mí para que pueda dar lo mejor de mi vida para ustedes. Es una alegría estar con ustedes y sentirme uno más. Gracias por el calor y el cariño que compartimos”, remarcó.

   Anoche, barrio Rucci abrió sus brazos y su corazón para cobijar esta impactante muestra de fe. Una costumbre que se repite cada Viernes Santo, que se potencia con el halo lumínico y el mensaje revitalizador de Ignacio.

   Cada paso, cada cuadra, cada estación del Vía Crucis fue emotividad pura. Introspección religiosa en estado de pureza. Un necesario repaso por la pasión y muerte de Jesús, en el año de la misericordia. En ese marco, quedó evidenciado que la mayoría de las rosarinos combinaron anhelos colectivos, con otros deseos más particulares, que parecían anidar en situaciones de necesidad o padecimiento. Y sin dudas, los pedidos más recurrentes fueron por la salud de familiares y por cuestiones de seguridad y trabajo.

   “Cada uno que viene, tiene su pedido. Sabemos que algunos piden por trabajo, otros por enfermedades, algunos porque quieren embarazos. Hay diferentes sentimientos y todos necesitan la gracia de Dios”, le confió Ignacio a La Capital antes de arrancar el recorrido.

   “En este Vía Crucis dispongo todo mi corazón para acompañar en todo momento a los que sufren, a los que necesitan, a los que buscan la paz de Dios. Siento que mi misión es ser servidor de Dios, para poder aliviar el peso y el dolor de los demás”, confesó.

   Otra vez, el trayecto fue acompañado por un relato radial que incluyó varios idiomas (inglés, italiano y castellano), demostrando el carácter abarcativo e inclusivo que persiguieron las argumentaciones de Ignacio. Y en esta edición, también hubo transmisión televisiva. Según los organizadores, la emisión llegó a más de 25 países.

   Así, luego de más de tres horas y con una contundencia espiritual conmovedora, el Vía Crucis de la parroquia Natividad del Señor se erigió nuevamente en el centro testimonial de las celebraciones de Semana Santa. Fue una manifestación de religiosidad emocionante, que elevó un mensaje decididamente esperanzador, a través de las palabras siempre sustantivas del padre Ignacio.

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