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Miércoles 12 de Agosto de 2015

El relato del calvario vivido por la familia Mondino en Colombia

La esposa del empresario accidentado, llegó este miércoles a Santa Fe en el mismo avión que trasladó a su marido y contó una odisea que duró 27 días

A pocas horas de arribar a la ciudad, tras luchar por trasladar a su marido a Santa Fe desde un país extranjero, Silvia, la esposa de Juan Mondino, el empresario accidentado en Colombia, relató en exclusiva a Diario UNO el calvario vivido durante los 27 días en los que el empresario estuvo internado en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital de San Andrés. 
 
—¿Cuáles son las perspectivas para la recuperación de Juan?
—Ahora lo están evaluando. Llegamos recién a media mañana, así que todavía no me explicaron bien. Hay que ver si sigue en la terapia intermedia, o si pasa a una sala para ir viendo los avances, y después ver si hay que pasarlo a un centro de rehabilitación, a otra clínica o donde él necesite.
 
—¿Cómo fueron los días en los que estuvo internado?
—Un calvario, desde el día del accidente se terminaron las vacaciones, se terminó todo, y quedó algo feo. Justo nos quedaban dos días y ya nos volvíamos. Pero bueno, ya está. 
—¿Qué recuerda de la mañana en que sucedió el accidente?
—Habíamos ido hasta el centro a comprar los últimos regalos y volvimos a las 11, y como faltaba para el almuerzo, Juan decidió bajar a hacer careteo (snorkeling) en el hotel que tenía un acceso al agua muy fácil, y nosotros nos quedamos con Carina, mi amiga, tomando sol. Pasaron cuatro minutos y sentimos que los demás turistas del hotel gritaban, y mi amiga corrió hasta el muelle y me avisó que lo habían atropellado a Juan. Cuando llego al lugar, veo que las dos personas que manejaban el jet sky que lo atropelló lo estaban sacando del agua desvanecido. Mientras tanto yo había ido a pedir una ambulancia al comedor. En eso llegó la gente de Defensa Civil y lo llevó hasta la playa que era a 30 metros. Después llegó la ambulancia, le hicieron primeros auxilios, lo cargaron y partieron hacia el hospital. 
 
—¿Cómo continuó todo?
—Los primeros días el cuadro era gravísimo y no me daban buenas perspectivas, pero después de una semana empezó a mejorar. Estuvo internado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), y a los ocho días le sacaron el respirador. Después empezó a despertar de a ratos cuando le bajaban la sedación, y está como hasta ahora que no se conecta con el medio, y no reconoce. Hay momentos en los que parece que está funcionando, pero son fugaces. 
 
—¿Cómo pudieron resolver la estadía y los trámites a realizar?
—El accidente fue un jueves, y el domingo nos volvíamos. Cuando lo llevaron a Juan al hospital quedamos hasta ese sábado en el hotel, y les pedimos quedarnos un día más, pero nos dijeron que no, que ya estaba completo. Así que el director de la UCI nos consiguió un hospedaje cerca del hospital que tuvimos que pagar. Estuvimos casi 15 días ahí hasta que un abogado se encargó de hablar con el hotel, y nos dijo que ellos se tenían que hacer responsables de nuestro hospedaje, y ahí nos mandaron a otro hotel de la misma cadena donde estuvimos hasta volver.
—¿Cuál es la cadena de responsabilidades detrás del accidente? 
—Este accidente pasó porque hubo una sucesión de irregularidades y nadie hizo nada. El hotel ofrece bajada al mar y pone una escalera, y no la tiene permitida. Tendrían que tener boyada la zona del muelle porque está prohibido bajar al mar y no lo tenían. Además, no es zona para jet sky por la poca profundidad, sin embargo, los alquilás y te dicen que podés andar por donde quieras. Y nadie se hizo responsable, está el chico que lo chocó que era un turista que manejaba la moto, pero le tomaron declaración y ese día él se volvió a su ciudad, cerca de Bogotá.
 
—Mientras tanto, ustedes necesitaban traerlo a Juan al país, pero nadie se hacía responsable.
—No, pedimos en la Secretaría de Turismo, pedimos hablar con la gobernadora, y pedimos hablar con Prefectura y se echaban la culpa unos a otros, pero no nos dieron ninguna respuesta. Ni del Ministerio de Salud, ni de Asistencia Social, nada de nada. El único que nos ayudó fue el Consulado que hacía lo que podía, porque tampoco tiene muchas posibilidades. No cuenta con medios, ni con fondos, y me dijeron desde un principio que aviones no tenían y dinero tampoco. Pero bueno, se movieron por otro lado para tratar de conseguir el traslado. 
 
—¿Por qué costó tanto que el seguro se hiciera cargo? 
—Costó mucho. Es más, asumió los costos porque me pidieron que ampliara la denuncia para que ellos después pudieran encontrar algún tercer responsable solvente para poder recuperar los gastos. Este miércoles antes de venirme tuve que hacer una ampliación de la denuncia que no querían tomar. Desde el día del accidente, nadie pidió un médico forense para que lo evalúe a Juan, cuando eso dicen que se debe hacer al segundo día. Pasaron 27 días y nadie había ido. El miércoles, a último momento tuve que ir y rogarles que me tomaran la denuncia, porque sino no me dejaban subir al avión. Así que lo logré, a las 6.20 de la tarde, y a las 9 llegó el avión.
 
—¿Piensan iniciar acciones contra el hotel, o la empresa que alquilaba los jet sky?
—Sí, quedó un abogado allá tratando de resolver ese tema y luego se verá. Lo que yo quería era salir de ahí y traerlo a Juan. Lo que a mí me urge es que reciba la asistencia que necesita. A él en el momento del accidente lo atendieron muy bien, pero esa etapa ya se cumplió, y tenía que salir de ahí porque no cuentan con infraestructura para atender a un paciente así.
 
—¿Qué le deja esta experiencia?
—La gente de allí que fue maravillosa. La forma en la que se brindan al turista, gente que conocí por casualidad en el hospital y que se puso en contacto con argentinos que viven allá, y que se ofrecían para lo que necesite. Se pusieron en contacto con la Fuerza Aérea, con la policía y ellos llamaban a todos, eso fue bárbaro. La atención del director de la UCI también, excelente. Nos brindó desde el primer día, no solamente atención para Juan, sino también a nosotras que estábamos en un estado catastrófico. Y bueno, después cuando se volvieron nuestros amigos, llegó mi hija con el novio y también nos asistieron en todo momento. Pero faltó la ayuda del Estado colombiano, y sentimos que a nadie le importó. Ellos lo único que tienen es el turismo y tendrían que cuidarlo un poco más.

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