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Domingo 30 de Agosto de 2015

En tres barrios, la obesidad superó los casos de desnutrición infantil

Carina Longoni es licenciada en Nutrición y docente de la Facultad de Ciencias Biológicas y Bioquímicas de la UNL. Compartió la experiencia de su trabajo e investigaciones en San Agustín, Santa Rosa de Lima y Pompeya. 

“Durante mucho tiempo se pensó a la obesidad como un problema de las clases sociales altas, como generalmente se asocia a los Estados Unidos, pero la realidad es que esto no es así, sino que no hay estadísticas de los barrios”, señaló a Diario UNO Carina Longoni, licenciada en Nutrición e integrante de la cátedra de Alimentación Infantil de la FBCB (Facultad de Ciencias Biológicas y Bioquímica) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). 
Por su experiencia profesional y académica, conoce lo sucede en algunos centros de salud barriales de la ciudad. Según afirma, uno de los datos fundamentales que ha podido ir corroborando es que en muchos de ellos“se ven más casos de obesidad infantil que de desnutrición”.
Al contrario de las antiguas creencias, el sobrepeso y la obesidad en la niñez no son sinónimos de salud. En la mayoría de las casos se trata de niños que por diversas razones (económicas,  culturales, familiares) consumen alimentos hipercalóricos aunque muy poco saludables para su normal crecimiento y desarrollo. Es decir,  están malnutridos.  
Longoni dialogó con Diario UNO y ofreció una “radiografía”, una descripción general de lo que en ese sentido ocurre en distintos centros de salud  de la ciudad,   en los cuales ella trabajó o trabaja. 
Bajo peso
“En el barrio Pompeya tenemos dos abanicos –comenzó describiendo la nutricionista–. Primero, hay chicos a los que derivan por bajo peso, aproximadamente un cinco por ciento de los pacientes pediátricos. La cuestión es que se lo incentiva para que aumenten de peso aunque no se modifica su altura (talla), algo que es más complejo de revertir. Como consecuencia, tienen un alto peso para su altura, ya desde niños. Eso se traduce en obesidad o sobrepeso. Por otra parte, llegan niños con malnutrición por exceso (con sobrepeso u obesidad). Estos casos superan el 30 por ciento de la población atendida en el centro de salud (no en la población infantil total del barrio porque no todos llegan a la consulta, debo aclarar)”.
—¿Por qué sucede esto?
—Principalmente por la calidad de la comida que consumen: rica en hidratos de carbono, azúcares refinados (golosinas, gaseosas), grasas saturadas y pobres en proteínas de alto valor biológico como las que contienen los lácteos, carnes y huevos. Otra cuestión es el sedentarismo: muchas horas mirando televisión, además de la inseguridad con la que conviven, que generalmente limita la práctica de algún deporte o de juegos al aire libre. También, muchos desayunan y/o almuerzan en un comedor, pero también lo hacen, antes o después, en sus hogares, motivo por el cual tienen doble desayuno y almuerzo diarios.  
“En esto se está trabajando ya hace tiempo para modificarlo. Otro caso es el de los padres que están mucho tiempo fuera de los hogares; y como «◄premio» de algún modo «compran» a sus hijos o  compensan esa ausencia dándoles alimentos”, agregó.
En San Agustín y Santa Rosa
Carina Longoni hizo referencia también a un experiencia junto a otros trabajadores de la salud en 2012–2013 en los barrios  San Agustín y Santa Rosa de Lima. La intervención duró cinco meses y fue en conjunto con  la pediatra Marina Batilana y el bioquímico César Gutiérrez . 
“Constatamos la misma tendencia que en Pompeya, teniendo como  base el Índice de Masa Corporal para la Edad”, dijo y acotó: “Con respecto a los tipos de malnutrición,  se encontró que el 69,6 por ciento de los casos la presentaban chicos con sobrepeso y un 8,7, con obesidad.  No se encontró desnutrición, sino un 21,7 por ciento con riesgo de desnutrición”. 
Y ejemplificó según lo que observa en su experiencia actual:“Tengo casos graves de obesidad, como un chico de 14 años con 121 kilos. Es muy común encontrar chicos entre los 5 a 8 años con más de 60 kilos”.
Lactancia materna, la clave 
—¿Qué investigaban en esa zona? 
—Este trabajo se hizo con chicos entre  uno a dos años, porque es una edad crítica, donde dejan la lactancia materna generalmente, momento clave para recuperarlos de la desnutrición, porque después ya quedan con baja estatura para la edad, empiezan a caminar y tener contacto con el medio ambiente y se suelen enfermar más. La idea desde un principio fue buscar desnutrición, pero por fortuna no  encontramos. También se realizó un trabajo en Santa Rosa de Lima, donde también se encontraron más casos de malnutrición por exceso (sobrepeso y obesidad) en edades pediátricas.
“Actualmente –agregó la nutricionista– hago consultorio en Las Flores II. También la pediatra me deriva más casos de malnutrición por exceso y casos de obesidad a temprana edad”
—¿Qué consecuencias tiene lo que describe?
—La malnutrición por exceso trae consecuencias a la salud en varios aspectos y, generalmente, son detectadas tarde. Llegan a la consulta con problemas de salud graves: cardiovasculares , diabetes tipo II e insulinorresistencia, que antes eran consideradas enfermedades del adulto.
Un emergente extremo
—¿Qué opinión le merece el caso del niño internado en el hospital  de niños Doctor Orlando Alassia con obesidad mórbida?  
—Estamos hablando de un caso muy extremo, pero que no deja de ser una alerta de lo que se esta viendo cada vez con más frecuencia, como es, a edades muy tempranas la malnutrición por exceso. En la mayoría de los casos es un problema familiar y encontramos que toda la familia tiene sobrepeso, por lo que se naturalizan hábitos alimentarios en el hogar. 
“Esto comienza durante la lactancia, donde generalmente además del pecho la mamá le da leche en mamadera, por lo que el bebé ya consume un mayor aporte de energía del que necesita; estando comprobado y recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS)  la lactancia materna exclusiva (solo pecho materno) hasta los seis meses. Se suman el tipo de alimentos que se suele consumir y la monotonía en la alimentación, lo que hace que las dietas no sean equilibradas, sino con alta cantidad de panificados e hidratos de carbono, como se menciono anteriormente, rico en azúcar y grasas saturadas”, resumió Longoni. 
En cuanto a los nuevos hábitos adoptados por los más chicos en los últimos años, enumeró como los principales: “Se suelen saltear comidas, por el ritmo de vida; no se consumen frutas y verduras, a los padres incluso no les gustan, por lo que tampoco lo consumen los hijos. Cambiaron mucho las actividades que realizan los chicos, son mucho más sedentarios, pasan horas mirando televisión, con las influencias que también tienen las publicidades alimentarias que ven en las mismas”.
“Los juegos son también en la computadora o con consolas, cuando se realizan actividades fuera de la casa, son en el club y escuela, donde generalmente se consumen gaseosas o comidas rápidas”, concluyó la especialista en nutrición.
Proyectos
Para el próximo año, desde la cátedra de Alimentación Infantil de la Facultad de Ciencias Biológicas y Bioquímica de la Universidad Nacional del Litoral se presento un proyecto para trabajar con los centros de salud de los barrios Las Flores II, Nueva Pompeya y el Jardín Nº 75 para promover cambio de hábitos.
El mismo grupo está trabajando con el Centro de Atención Familiar (CAF) Nº24 de Las Flores II, para mejorar el mosaico de menúes, a pedido de la directora, además de la incorporación de actividad física en el mismo.
También realizaron talleres en la escuela Beleno desde la misma cátedra, promoviendo los kioscos saludables.
Mariano Ruiz Clausen / Diario UNO 
 

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