Ovación
Lunes 11 de Julio de 2016

"Es un hermoso premio"

La santafesina Julia Sebastián cumplirá el sueño de participar de los próximos Juegos Olímpicos de Río, que ya se asoman en el horizonte, tras la confirmación que hizo la FINA la semana pasada. "Buscaré bajar mi marca y tratar de alcanzar el mejor puesto que pueda", dijo

La legión santafesina que estará en los próximos Juegos Olímpicos del 5 al 21 de agosto es cada vez mayor. Una muestra cabal del potencial deportista que se gesta en una ciudad que conoce de innumerables logros épicos. Precisamente la natación es una de las que mayor crecimiento exhibió, con Santiago Grassi alcanzando su pasaporte en los Panamericanos de Toronto, en una actuación colosal.
Pero la semana pasada, la FINA (Federación Internacional de Natación) confirmó también la presencia de Julia Sebastián, de 23 años que, con su récord sudamericano de 2'27"03/100 en los 200 metros pecho, quedó en el 1º lugar del ranking de marcas B. Es verdad que no logró cristalizar su clasificación directa, pero era consciente de que tenía un tiempazo y que era una chance concreta de que fuera tenido en cuenta.
De esta manera cristalizó el sueño de todo deportista, máxime si se tiene en cuenta todo lo que debió laburar para ingresar al círculo más privilegiado del planeta. Algarabía generalizada para una chica que nunca bajó los brazos y se animó a hacerle frente a todo.
En diálogo con Ovación, Julia compartió sus sensaciones luego de recibir este premio en lo que es su segundo hogar: el club Regatas.
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—A sabiendas que la posibilidad de clasificar era latente, ¿solo había que terminar con la ansiedad?
—Sí, fue terrible. Necesitaba que me lo digan para estar tranquila de una vez (risas). Si me pongo a pensar fríamente, era la que más posibilidades tenía de llegar, pero nada me aseguraba el lugar, entonces la incertidumbre crecía.
—Esta confirmación se produjo el jueves pasado, ¿cómo fue?
—Fue raro, porque se dio justo cuando estaba durmiendo. Me llegó un llamado del vicepresidente de la Confederación, Raúl Araya, quien me dijo que ya se había oficializado. Así que exploté de alegría. Esa es la verdad.
—¿Sentís que es la concreción después de todo el trabajo que hiciste desde que te iniciaste en el deporte?
—Después de Londres (2012) pensé en tirar todo por la ventana y mis papás me dijeron "¡no!". Que siga, porque terminaba recién la secundaria. Entonces me persuadieron para que pruebe un tiempo más y fue así como volví a sentir el contagio de correr y competir; después aparecieron los buenos resultados y hace poco, cuando logré el récord sudamericano, rompí quizás con esa malaria de estar estancada. Fue una parte en la que, en vez de decir, "tiro todo", había que mejorar y saber que se podía. Entonces confié en eso y se dio el récord, mejorando en más de segundo mi mejor marca. Muchos me preguntaron si estaba enojada porque había quedado a solo siete centésimas de la marca A, pero la verdad es que no, estaba recontenta. Sentía que estaba un paso más cerca con dos torneos más por delante. Así que alegría total por todo esto.
—¿Qué cambió para que llegues?
—Es difícil encontrar los por qué. Creo que hubo una gran maduración. Después del Mundial no estaba bien de ánimo, eso me bajoneó un montón y, si bien yo quería mejorar, no estaba en mi mejor momento emocional. Entonces busqué un cambio psicológico con un profesional que se llama Mariano Carmelé, quien me ayudó un montón y de ahí en más empecé a remontar en mi rendimiento. «Muchas veces la solución no está solo en el agua, sino también en todo el contexto». ¡Ojo! Se fue dando todo de apoco, no se dio de un momento para el otro, entonces pasaron varias competencias hasta que se dio lo del Sudamericano, que era Selectivo. Ahora se vienen los Juegos Olímpicos, que realmente serán incomparables y para ello hay que estar tranquila.
—Está más que claro entonces que todo atleta de elite necesita de una ayuda externa...
—Desde ya que sí. Pero también es importante en mi caso la ayuda que me brinda mi entrenador (Roberto Ortiz), que es casi como mi segundo padre, de mi preparador físico (Marcelo Visuara) que siempre está para lo que sea; y mi familia. Pero la realidad es que a veces todos no te entienden, porque quizás no tienen los medios para ayudar y apelan a soluciones lógicas, que sin dudas es grandioso, aunque puede que no sea suficiente. Un psicólogo hace bien.
—¿Sin esa contención de la familia vos no estarías acá?
—Mis viejos y mi hermano son increíbles, sinceramente. Son mi gran apoyo en todo sentido y sin ellos todo lo que hago no sería posible. También tengo que destacar a mi médico, que a cualquier hora que lo llamo me soluciona lo que sea.

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Julia no pudo ocultar su emoción por haber logrado su gran sueño.
Julia no pudo ocultar su emoción por haber logrado su gran sueño.

—Sabiendo que ahora tenés casi como meta principal seguir bajando marcas, ¿cómo marcha el entrenamiento?
—Ya veníamos preparando todo para los Juegos. La Confederación me seleccionó para estar con el equipo que participará en Río, en México, donde entrenamos. Entonces me aboqué a esa base, incluso desistiendo de ir a competir a un clasificatorio en Perú (Lima). En ese sentido sabía que yo tenía un buen registro y que era poco probable que hubiera una mejora sustancial en tan poco tiempo, por ende aposté a esta práctica en la altura (en San Luis de Potosí) durante 10 días. Así que ahora estamos de vuelta haciendo la puesta a punto.
—¿Demasiadas cosas en tus espaldas en estos seis meses?
—Impresionante la verdad, pero el año pasado fue todavía más cargado. Por suerte en su momento me pude tomar unos días de vacaciones para alcanzar lo mejor, porque realmente lo necesitaba. Todo esto sabiendo que después se venía lo difícil, porque una semana sin actividad para el nadador es como un mes para cualquier otro deportista. Por eso pensamos que a veces es necesario frenar y darle descanso al cuerpo, porque sino después el tiempo te pasa factura con alguna lesión.
—¿Con qué cosas esperás encontrarte en Brasil?
—Estuve en villas de nivel mundial, pero siempre las vi casi vacías. Creo que esta vez la cosa será bien diferente, porque estaré 14 días disfrutando de todo, además de las celebridades (risas). Hay que aprovecharlo, porque es un lindo premio ir a los Juegos.
—¿Pensás en lo que viene después?
—Si sé como viene. Está el José Finkel en Brasil, que es selectivo para el Mundial de pileta corta. Es una buena posibilidad porque superé por seis segundos las marcas con las que clasifiqué a la edición anterior, así que voy a apuntar todo a llegar ahí. Es a fin de año en Canadá y sé que hará mucho frío (risas).
—¿Qué decir de Roberto Ortiz?
—Creo que congeniamos bien. Es una persona obsesiva, en el buen sentido, y demasiado bueno (risas). Esas dos cosas lo caracterizan. Como que encontró el equilibrio para llevarme a mí también, porque tengo un carácter fuerte y él es demasiado bueno. Es como un padre para mí, me conoce desde los 10 años y siempre entrené con él; hay que pensar que lo veo más que a mi viejos, porque estoy cinco horas al día entrenando.
—¿Insistís con que el fruto de esto es producto de tu grupo de trabajo y familiar?
—Ni hablar. La natación argentina tiene mucho que ver también, porque tuvimos en los últimos años más medios para aprender. Aparecieron las becas y, actualmente, estamos bajo un proceso que tiene el asesoramiento de Bill Sweetenham, un entrenador australiano con mucha experiencia, así que sacando provecho de cada cosa. Pero es indudable que la gente que compone mi grupo es la que me ayudó a alcanzar este lindo objetivo. Es gracias a ellos.
—¿Sos la misma piba que no pudo llegar a Londres 2012?
—(Piensa) No, sigo siendo la misma chica con cara de pocos amigos que llega a entrenar todos los días (risas).
—¿Ya está el sueño cumplido?
—No, para nada. Tengo que ir, después competir y continuar con el ciclo olímpico, porque el techo de la natación mundial es altísimo. Mejoré un montón y apenas si me sirvió para entrar. Por eso buscaremos bajar mi marca y tratar de alcanzar el mejor puesto que pueda.

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