Espectáculos
Domingo 07 de Febrero de 2016

"Cacho" Castaña: "Por qué las drogas me dejaron al borde de la muerte"

En un adelanto exclusivo de su flamante autobiografía, el popular cantante expone con honestidad su lucha contra la adicción y el impacto en su salud

Cacho Castaña anunció su flamante autobiografía donde expone su lucha contra la droga y cómo esa adicción impactó en su salud a lo largo de su vida.
El libro, que está próximo a presentar a mediados de este mes, lleva por título “Vida de artista. Cacho de Buenos Aires” y en él Cacho cuenta de todo, desde situaciones conocidas o sospechadas hasta otras que tenía bastante guardadas en su interior y que tal vez nunca comentó.
El portal de noticias Infobae dio a conocer algúnas partes del lubro con declaraciones íntimas del artista: 
Mis problemas graves de salud fueron por la droga. Primero empezó a joderse el bobo, después se complicaron los fuelles por el faso, se hace una rueda. La droga, el cigarrillo, el alcohol. Yo no era de tomar tanto pero la droga te hace tomar alcohol, necesitás alcohol y el alcohol te hace fumar más. Empecé a sentirme mal, los electrocardiogramas no salían bien. Los pulmones, los riñones. Un combo jodido. Y sabiendo que me estaba matando yo no podía dejar la merca. Igual que el cigarrillo.
Venía con problemas de presión alta ya en la época que volví de Estados Unidos pero los problemas de presión los pude controlar. Hasta que empezaron los problemas con el bobo. Me faltaba el aire, cantar me empezó a costar cada vez más, me fatigaba mucho. Tenía muchas pulsaciones. Se me disparó el colesterol.
Las primeras dos internaciones ya me advirtieron que el corazón estaba medio dormido, que estaba laburando al 60% y el otro 40% estaba boleta. Y no les daba bola. En el momento sentía miedo pero cuando me acomodaban arrancaba de vuelta con la falopa.
Sí, tuve mucho miedo la última vez.
Primero porque ni me acuerdo como me llevaron de acá. Creo que me desmayé. Marina me llevó en la ambulancia y ahí fue que estuve dos meses en Los Arcos que decían que no me iba a despertar más. No recuerdo absolutamente nada. Me contaron que venía Palito y que me hablaba al oído, que vino casi todos los días. Ni siquiera éramos grandes amigos. Los médicos decían que no me iba a despertar pero Marina estaba segura de que iba a despertar. Ella también me agarraba de las manos y me hablaba. Y así pasaron los días.
Hasta que me desperté.
Estaba relativamente bien, me faltaba mucho el aire y me hicieron una traqueotomía. Y ahí me llevaron a Remeo, el instituto de rehabilitación de Pilar donde estuve en cama nueve meses. Sin tomar agua, sin comer, por la traqueotomía. Y la cabeza mal: tenía un cagazo padre. Ahí te arrepentís de todo lo que hiciste, de tantas pelotudeces. En el medio me operaron tres veces de la cadera. Iba de Los Arcos a Remeo. No me recuperaba nunca. Fue una locura. No sé cómo vivo. Marina se pasó los nueve meses al lado mío durmiendo en una silla.
Yo la había conocido antes de separarme de Andrea. Ella me levantó a mí. Lo primero fue cuando me mandó café. Una bolsa de café Cabrales, que son de la familia de ella. Llego a mi casa de Belgrano cuando todavía estaba con Andrea. Agarro la tarjeta que decía «Para que los disfrutes con tu familia» y esto que el otro y a los dos o tres días digo: «La voy a llamar a esta mina». En la tarjeta decía Marina Rosenthal, ejecutiva de Café Cabrales. Pensé que era una mina grande. La llamé y chamuyamos un rato largo. Yo le agradecí por el café y ella me contó que me había visto varias veces en el teatro y así estuvimos como una hora. Y a mí me pareció que era una mina joven.



—¿Sos casada?
—No, soy soltera.
—Entonces ya que estás decime cómo sos. ¿Rubia de ojos celestes?
—Sí, rubia de ojos celestes.
—Ah, mirá vos qué bien. Ya que me mandaste café, un día de estos tomemos un café.
A los dos o tres días la volví a llamar. La llevé a tomar algo y ya no nos separamos más. Yo seguía con Andrea pero estaba todo muy mal ya. Es una mina muy inteligente, me caza todos los tonos. Le llevo 34 años. ¿Pero qué es un número? Ni siquiera es una palabra. No le podés poner número a todo. ¿Quién inventó los números? ¿Las horas, los días, las semanas? ¿Para qué?
Cuando estaba solo y me empezaron a dar ataques de pánico llamaba por teléfono a Marina a la noche y ella venía. Yo sentía que me moría. Me daba chamuyo, me llevaba a pasear. Conmigo no tuvo momentos de felicidad todavía, pobrecita.
Pero ya empezamos a estar juntos. Vendí el departamento que tenía en Belgrano y nos vinimos para Olivos. Todavía con los ataques de pánico yo...
Marina es de otro planeta. Sabe todo lo que tomo, lo que no tomo. Diez pastillas a la mañana, otras diez a la noche. Ella sabe los nombres, los componentes, las pide en la farmacia. Es una mina muy talentosa y gamba, con un sentido del humor espectacular. Y yo creo que la risa es uno de los motores más grandes que tenemos nosotros. Es muy bueno tener una pareja con la que te reís. Nosotros tenemos esa complicidad de la risa, que es la base de la pareja y que a mí me ayudó a salir adelante. Es mi compañera definitiva, que no me falte porque ahí sí que me muero...
Y la cuestión sexual no es ningún problema. Tomo pastillas, tomo viagra... ¡Si se la ve muy contenta! Cuando me desperté del coma no sentí que hubieran pasado dos meses. Para mí era como despertarme de la noche anterior. Debe ser como la muerte, no te das cuenta de nada. Como decía Facundo Cabral cuando se iba a hacer la siesta:
—Voy a ensayar un poco la muerte y vengo.
Yo creo que estuve muerto y me desperté. Pero no vi ninguna luz, ningún túnel. Vi un semáforo de tres colores. Es que los drogadictos a cierta altura empezamos a soñar cosas raras, viste...
Para prevenir el doctor Cahe me había hecho poner dos stent en el Instituto del Diagnóstico y justo al lado estaba internado Sandro. Hablábamos todo el día por teléfono.
—Viste vos, somos unos pelotudos, tenemos que cuidarnos...
—¡Vos me lo decís, hijo de puta!
Fue muy gracioso, que a la vuelta de la vida terminásemos internados en el mismo lugar. Mi relación con él siempre fue muy esporádica, no éramos amigos. Si bien en los comienzos compartimos como representante a Anderle, nos cruzábamos y nos veíamos pero nunca hicimos amistad. Yo siempre fui muy respetuoso de él, toda la vida, pero no disfrutamos muchas cosas juntos.
Pero ahí en el Instituto del Diagnóstico yo le daba manija.
—¡Ponete bien, pelotudo, largá el escabio que te vas a poner bien!
—Sabés que pasa, Cacho, me tienen que hacer un trasplante. Y lo que estoy necesitando yo es un combo porque me tienen que trasplantar los pulmones, el hígado, los vasos y el bobo. ¿Cómo van a hacer para conseguirme todo eso?
—¡No te amargués, che, en Carrefour hay de todo!
—¡La concha de tu madre, todavía tenés ganas de joder! —¡Si te llegás a morir mejor que no te cremen porque tomaste tanto alcohol que vas a durar seis meses prendido!


Fuente: Infobae