Espectáculos
Domingo 13 de Marzo de 2016

"Vinyl", nostalgia por los años salvajes del rock

La miniserie producida por Scorsese y Jagger peca en sus desbordes y clichés, pero igual refleja el espíritu de una época dorada del rock.

"Scorsese le mete merca y mafia a todo", comentaban en Twitter dos periodistas sobre "Vinyl", la flamante serie rockera de HBO producida por Martin Scorsese y Mick Jagger. Hubo varios comentarios socarrones de este tipo en las redes sociales, mientras la miniserie de 10 capítulos, que va los domingos a las 23, se estrenó con éxito y tuvo buenas críticas en promedio.
"Vinyl" vino precedida por mucha publicidad y grandes nombres en la producción: Scorsese (no necesita presentación), Jagger (tampoco) y Terence Winter, productor de "Los Soprano" y "Boardwalk Empire". Scorsese dirigió el primer capítulo doble, desde donde ya se notó que estábamos ante una superproducción lujosa y desbordada. ¿Qué falló entonces? Justamente eso, el desborde, más su trazo grueso de asuntos complejos y otras flojeras del guión.
Pero hay que remarcar que, aún con sus puntos flacos, "Vinyl" logra reflejar una época intensa que hoy parece demasiado lejana.

El personaje central y casi excluyente es Richie Finestra, el dueño de American Century, una discográfica pionera del rock que no está pasando por su mejor momento. A punto de quebrar pretenden venderla a la multinacional Polygram, pero nada va a ser tan sencillo. Finestra también está cruzado por una crisis personal: está mal con su esposa y siente que perdió el vínculo que tenía en un principio con la música. Pero es 1973 en Nueva York, y a la vuelta de la esquina se están cocinando el punk, la música disco y el hip-hop. Y Finestra ve en este renacer del rock una nueva oportunidad.

Es decir, en el centro de la escena hay un protagonista en busca de redención (otro más y van) y en el medio hay de todo: Led Zeppelin rechazando un contrato, Lou Reed cantando delante de Andy Warhol, una banda protopunk liderada por James Jagger (el hijo de Mick) y hasta una subtrama policial con mafiosos incluidos. Todo está batido en una coctelera que mezcla realidad y ficción, drogas y alcohol, gritos y música, en un ambiente entre narcotizado y onírico.

Lo que arruina a "Vinyl", lamentablemente, es su construcción didáctica y cuasi "billikinesca" de la historia del rock. Hay una reiterada pretensión de abarcar demasiado y remarcar lo obvio, dejando de lado rincones oscuros que podrían haberse iluminado. En ese sentido hay muchos clichés y pocas sorpresas, y los personajes parecen preanunciados por cualquier biografía rockera. En "Vinyl" no hay singularidades, hay trazos gruesos sólo disimulados por la intensidad de su protagonista, tan bien interpretado por el actor Bobby Cannavale (en Estados Unidos es una estrella de Broadway) que uno llega a sentir empatía por su empresario melómano y contrariado. Lo mismo pasa con Devon, la esposa de Richie Finestra, que interpreta Olivia Wilde. Es la mirada profunda y enigmática de Wilde la que hace creíble y próximo a ese personaje, que de otra forma sería una caricatura.

Más allá de las cuestiones formales, hay un elemento que sobrevuela a la serie y que de alguna manera la justifica: es la nostalgia. Nostalgia por un tiempo de la historia del rock salvaje y vital, que desde este presente algo árido, disperso y frío puede sonar ahora exagerado y mítico, pero la verdad es que algunas de las situaciones que ahí se reflejan realmente pasaron. Y puede haber mucha estilización visual en la serie de Scorsese, es cierto, pero su mirada sobre la industria discográfica es siempre ácida.

La nostalgia sobrevuela con la presencia constante de la música. La música es protagonista en "Vinyl", y es el medio perfecto para hilvanar los flashbacks sin marear ni desentonar. Hay canciones cruzando muchos de los subgéneros del rock, desde el blues hasta el punk, y se nota una preferencia marcada por la música negra, que habla de la presencia de Jagger en la producción.

Nadie ha dado cifras de los costos, pero es más que evidente que detrás de "Vinyl" hay una superproducción y mucha plata. La recreación de época es impecable, imponente y lujosa. Sólo recrear las oficinas de la discográfica debe haber salido una fortuna. Y ni hablar de la escena en la que colapsa un boliche rockero mientras están tocando los New York Dolls. Eso se llama tirar la casa por la ventana. Sin embargo, la serie corre el riesgo de aburrir con sus clichés a pesar de la ostentación y los detalles cuidados, y más si ya están pensando en una segunda temporada.