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Sábado 07 de Mayo de 2016

Estiman que el 15 por ciento de los fumadores dejaría el tabaco

El incremento del 50 por ciento que sufrieron los cigarrillos en la última semana generaría un efecto positivo en la salud. Aseguran que estas medidas están vinculadas a políticas de salud y buscan prevenir.

El aumento que se registró en los cigarrillos tendría un impacto importante, ya que se estima que un 15 por ciento de fumadores dejaría el vicio. “Esto está estudiado a nivel mundial y es una política de salud que se desarrolla en una importante cantidad de países, en especial aquellos industrializados”, explicó el doctor Martín Maillo, especialista en neumología y alergias. Este tipo de política apunta a dos objetivos: primero a tratar de que la gente deje de fumar, pero fundamentalmente a hacer más difícil el acceso a los cigarrillos para los jóvenes, para que no empiecen con su consumo como se está viendo en la actualidad. “Este último es el objetivo fundamental del incremento de los precios”, recalcó Maillo. 
Hay que destacar que en la actualidad la edad promedio de inicio en la experimentación es de 13 años en nuestro país, un factor que está vinculado con un montón de razones pero es el promedio de comienzo con la experimentación del cigarrillo. A medida que pasan las décadas la edad va cayendo, cada vez más chicos.
En este contexto, los recursos para dejar de fumar para aquellos que tienen la intención de hacerlo y que por su cuenta no logran su objetivo, son diversos. En esa línea Maillo explicó que existen distintos enfoques para lograr abandonar el tabaco, se pueden distinguir los que tienen una base científica y generan un grado de confianza aceptable desde lo formal -científico y luego están aquellos que tienen una menor taza de éxito y de respaldo, que en general no se recomiendan, entre ellos el cigarrillo electrónico. “Lo que nosotros hacemos en sintonía con la mayoría de los lugares en Santa Fe, inclusive en el medio público que es el Hospital Sayago, es brindar tratamientos de cesación tabáquica a partir de técnicas conductivo comportamentales”, aclaró Maillo.

La técnica conductivo comportamentales se basa en la modificación de la conducta de la persona fumadora, mediante el análisis y el manejo de la enseñanza en cuanto a la información y educación con respecto al tabaquismo y a la orientación en la cesación tabáquica y eso a nivel mundial tiene una efectividad que varía entre el 50 y 80 por ciento.
Estas técnicas están basadas en un enfoque multidisciplinario. “Se van sumando especialistas a medida de la necesidad del paciente, ya sea en tratamiento individual o grupal”, explicó el profesional.
 En general, el tratamiento es comandado por un médico, sin embargo tiene que estar trabajado desde distintos enfoques, entre ellos el psicólogo, el nutricionista, el clínico, el neumonólogo y el psiquiatra, que se van sumando de acuerdo a la necesidad y a los recursos de cada centro de tratamiento. Con respecto a la medicación existen distintos fármacos con diferentes grados de efectividad y eso se individualiza. 
Cada persona debe ser enfocada y evaluada inicialmente para evaluar el grado de adicción que tienen en los tres aspectos que tiene el cigarrillo: desde lo físico, lo psíquico y lo social.

“ Son los tres niveles de adicción, de acuerdo a cada uno de estos se decide qué es necesario sumarle al equipo de tratamiento”, aclaró el médico. Pero fundamentalmente cuando se aborda el aspecto físico o sea el impacto que le da la nicotina a cada persona, que sería el elemento adictivo, se decide que fármaco se puede utilizar y obviamente a las características de cada persona. Un ejemplo claro son aquellos chicos que fuman socialmente, van a los boliches y fuman. Eso se transforma en una adicción más social que física o psicológica. Lo que pasa es que ese joven con el correr del tiempo, tarde o temprano, van a empezar a tener problemas en cuanto a las otras dependencias. 
También está el ejemplo clásico de aquella persona que se levanta y prende el cigarrillo casi con los ojos cerrados. “Ahí es donde uno observa un grado elevado de dependencia física a la nicotina”, aclaró Maillo. Ya que las horas que la persona durmió, al no consumir tabaco genera una dependencia tan grande que no puede estar ni un minuto sin fumar.

Los pacientes
La mayoría de las personas que habitualmente buscan ayuda para dejar de fumar están por arriba de los 45 y hasta los 65. “Ese es el rango de edad que mayormente buscan dejar de fumar, los jóvenes son el grupo menos frecuente”, sostuvo el especialista.
Hay que tener en cuenta que en torno a la adicción hay etapas psicológicas y la mayoría de los jóvenes se encuentran en la que es conocida como la de contemplación, la cual es previa al empezar a hacer algo para dejar de fumar, ya que aún no se reconoce el consumo de tabaco como un problema.
“Los chicos no empezaron a pensar que el cigarrillo es un problema, por lo tanto no buscan dejar de fumar o empiezan a intentar a su modo y nosotros tratamos de ayudar fundamentalmente a aquellos que ya lo han intentado en alguna ocasión por su cuenta y que no lo lograron. Es ahí donde buscan a los especialistas”, explicó el consultado.
Las etapas psicológicas contemplan cinco fases: la de precontemplación, contemplación, preparación, acción y, eventualmente, recaída.
“Estas consisten en etapas psicológicas que van avanzando o retrocediendo en la vida de cada persona y tienen como base la consideración del cigarrillo como un problema o no”, analizó Maillo.
Por eso cuando una persona se encuentra en la etapa precontemplativa no le importa dejar de fumar, no lo piensan. En la contemplativa empieza a ver que otros lo hacen y piensa en dejar de hacerlo, aunque no sea en ese momento. La preparación se basa en acomodar el terreno para intentar un abandono o dejar de fumar y se considera que el cigarrillo es un problema.
La etapa de acción es cuando desarrolla una estrategia para dejar de fumar, que puede ser retraso o el manejo de una menor cantidad de cigarrillos. “Y obviamente tenemos la cesación cuando la persona deja de fumar y se acompaña del abandono definitivamente o la recaída, que es algo muy común en las personas”, manifestó el entrevistado. En general el tiempo para que una persona deje de fumar puede variar entre 15 días y un mes y medio. Eso es lo habitual, pero de todas formas dependerá de cada persona.
Sin embargo, para poder afirmar que “una persona dejó de fumar”, deben haber transcurrido entre seis meses a un año de haber parado (sin secas ). Es dentro de ese lapso de tiempo cuando están solidificados los mecanismos psicológicos del abandono. “En general se le plantea al paciente que llegue al año sin fumar para considerar que dejó de fumar. Mientras tanto está dejando de hacerlo”, aclaró el profesional sin dejar de destacar que el paciente es considerado un fumador que no fuma, al igual que los alcohólicos que no toman, que están en abstinencia, eso sucede con el cigarrillo.
El fumador va desarrollando a lo largo de los años, neuronas en su cerebro que son adictivas, se trata de un mecanismo denominado neuroplasticidad. “Esas neuronas cuando la persona deja de fumar quedan guardadas, pero un día puede surgir una situación o recuerdo emparentada psicológicamente con el consumo y esa persona tenga ganas de fumar, aunque hayan pasado 20 a 30 años desde la última vez que fumó”, aclaró el doctor. 
Esas neuronas permanecen ahí y solo necesitan la presencia de nicotina para estimular nuevamente a la persona a querer fumar. “Lo que pasa que aquella persona que dejó de fumar y llegó a evolucionar las etapas psicológicas, sus mecanismos van a hacer que frene y no se enganche con el cigarrillo”, aclaró Maillo.


La recaída
“La mayoría de los que recaen lo hacen por múltiples causas, no hay una en general sino que hay algunas que se repiten, y en una misma persona pueden ir variando los motivos”, respondió el doctor al ser consultado sobre los motivos que generan la marcha atrás en el tratamiento.
La mayoría de las recaídas se dan entre el segundo y tercer mes de haber abandonado, porque es cuando la persona se empieza a sentir confiada en su situación de abandono y se relajan. 
El primer mes, en el que la dependencia física está latente y el paciente está peleando ante la falta de nicotina y se usan los medicamentos, es donde si existen recaídas dependen de la abstinencia que no se puede tolerar.
Pero cuando la recaída se da entre el segundo a cuarto mes de haber parado de fumar, se deben habitualmente a una inmadurez psicológica respecto del abandono. Es decir que el paciente no llegó a generar los mecanismos defensivos apropiados para poder frenar una invitación a una seca o la relación entre el alcohol y el cigarrillo. 
“Esos son los motivos habitualmente, que todavía no se entrenaron de manera adecuada en cómo controlar las ganas de fumar que se les puedan presentar”, puntualizó. 
Sin embargo, las ganas de fumar pueden repetirse de manera cada vez más aislada a lo largo de la vida de la persona que abandonó, inclusive muchos años después. Pero en los primeros meses de la cesación, la persona va generando mecanismos psicológicos para poder decir “no quiero fumar” o “ya dejé de fumar”, que si no están bien manejados pueden provocar la marcha atrás en los objetivos logrados.
En el proceso, el rol de la voluntad que tenga la persona es fundamental, ya que si esta no existe, junto a la intención de parar de fumar, no puede hacerse absolutamente nada. “Si no existe la intención firme y real, la persona no va a poder parar de fumar, porque no está preparado y tiene una adicción, la cual es muy difícil de controlar”, sentenció el profesional de la salud.
Si no hay una base sólida, el paciente es derivado a terapia para generar una motivación. Si la persona no la tiene, habrá que generar otro momento de discusión o de diálogo sobre el tema, y elegir un momento posterior más efectivo y con una mejor base.
Los mitos que se tejen sobre el hecho de dejar el cigarrillo son varios, algunos de los cuales son ciertos y otros no tanto, pero hay una realidad. “Está demostrado que una persona haciendo las cosas bien con todas las recomendaciones que se dan de aumentar la actividad física, iniciar una dieta saludable, aumentar el consumo de agua, etcétera”, afirmó Maillo. 
 Aún así puede ganar entre uno a dos kilos de peso al año, eso es posible, no obstante al momento de comenzar el tratamiento el esfuerzo está puesto en trabajar sobre la modificación de conducta alimenticia justamente para que eso no ocurra o no se vaya de las manos. “La realidad es que se puede prevenir la ganancia de peso”, sentenció el consultado.
La persona que deja de fumar tiene cinco o seis aspectos importantes que generan que gane peso. Uno es la oralidad, que si bien es discutido, se relaciona con el hecho de que la persona tiende a llevarse las cosas a la boca por una cuestión de relación mano-boca. Cambian los gustos, se modifica el olfato, los gustos y la comida sabe de otro modo, se vuelve más rica en general. Además existe una mayor retención de líquidos en la persona que deja de fumar, que es transitorio en las primeras semanas.
El metabolismo cambia ya que la nicotina es un fármaco que aumenta su velocidad. La persona incluye una caloría que se evapora rápido con la nicotina, cuando esta falta, los mecanismos metabólicos se normalizan. Lo que genera que el organismo retenga y forma parte del peso. Estos son los aspectos más importantes que hacen que una persona gane algo de peso y en algunos casos de manera desproporcionada cuando deja de fumar. “Es prevenible y siempre es más fácil trabajar desde el primer momento no solo para que deje de fumar sino también para que desarrolle conductas saludables y de esa manera trabajar sobre la posible ganancia de peso”, reiteró. 

Recomendaciones
Dejar de fumar siempre va a tener más beneficios que contras, por una razón clara, el 70 por ciento de las personas no fuma. Sin embargo hay que entender que el fumador tiene una adicción que debe ser enfocada de manera individual, para esto es necesario que el paciente intente dejar de fumar por su cuenta. 
“La recomendación general es empezar a comer saludable, volcarse al consumo de frutas y verduras, empezar a tener una actitud saludable que sería pensar en el peso y la actividad deportiva”, aconsejó Maillo. A medida que el paciente se va orientando a cuestiones de salud, el cigarrillo comienza a quedar de lado.

Por Romina Elizalde - relizalde@uno.com.ar / De la Redacción de UNO Santa Fe

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