Ovación
Martes 21 de Junio de 2016

Filtraron qué sucedió en el vestuario de México después del 7-0

Luego de la caída frente a Chile en los cuartos de final de la Copa América, la selección azteca vivió instantes de tensión; un suplente "retó" a todos sus compañeros

La puerta se cerró detrás del último jugador mexicano que entró al vestuario. Del otro lado quedaron las miradas reprobadoras, los murmullos intimidatorios y ese 7-0 gigante que se reflejaba en la pantalla del estadio y del que habían sido víctima frente a una inspiraba selección de Chile. Pero allí, dentro del vestuario, la vergüenza seguía dominando la situación. Es que el silencio retumbaba en cada rincón, mientras los futbolistas ni siquiera podían cruzarse las miradas. ¿Qué decir? ¿Qué hacer? "Nada", pensó la mayoría.
Pero hubo una voz que se alzó entre tanta frustración. La de Rafa Márquez, el experimentado defensor, de 37 años, que no fue titular por una 'decisión táctica', según explicó el entrenador Juan Carlos Osorio, aunque algunos aseguran que fue por haberse ausentado de la concentración durante algunos días por el nacimiento de su hijo. El ex jugador de Barcelona se puso de pie, miró a sus compañeros uno por uno y les ordenó: "Levanten las cabezas. Ahora, van a salir y le van a pedir disculpas a los hinchas".
Márquez hizó hincapié en que "todos eran todos", con un claro mensaje dirigido a Chicharito Hernández y Guillermo Ochoa, que no habían hablado con los medios en toda la Copa América. Y así lo hicieron. De todas formas, Chicharito recordó que no hablaba con los periodistas de su país porque habían sido muy críticos con él.
Así lo detalló el diario mexicano Récord, que menciona a una fuente anónima del seleccionado.
La otra reacción de Márquez
Durante el partido, Rafa Márquez ya había protagonizado un episodio que desmotró su influencia dentro del equipo, pese a no haber jugado. Se levantó del banco de suplentes, se acercó al entrenador y le marcó algunos errores del equipo. Eso fue grabado por las cámaras de la transmisión oficial.

Fuente: La Nación

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