Santa Fe
Domingo 20 de Noviembre de 2016

"Hoy el alumno estudia para la calificación en lugar de para aprender"

El pedagogo mexicano Ángel Díaz Barriga dio una conferencia sobre la necesidad de repensar el objetivo que la evaluación tiene para el docente, el estudiante y el Estado.

El desafío de pensar la evaluación como parte del método de aprendizaje y no como el fin último fue el eje de la conferencia del doctor en pedagogía Ángel Rogelio Díaz Barriga Casales (Universidad Nacional Autónoma de México). El especialista habló del rol del docente y del ambiente escolar que se debe generar para poder debatir las estrategias educativas. Además, cuestionó las evaluaciones externas pero indicó que, en el contexto actual, no pueden evitarse.
El mexicano brindó la charla "¿Evaluación o examen?" a quienes forman la primera cohorte de directivos que realizan los seminarios internacionales de la Maestría en Políticas Públicas en Educación y a un grupo de supervisores del Ministerio de Educación santafesino.
En su paso por la ciudad, dialogó con Diario UNO sobre evaluación del aprendizaje. "Una de las funciones que se han empleado, la que ha tenido más impacto en los alumnos y la que los docentes utilizan, y en ocasiones privilegian en lugar de crear condiciones de aprendizaje, que es decir «vamos a calificar» y «esto cuenta y esto no para la calificación». Eso hace que el alumno, en lugar de proponerse: «voy a aprender» se pregunte: «¿Qué es lo que tengo que hacer para obtener la calificación?». Entonces eso desvirtúa el acto de evaluación", dijo.
Y continuó: "En el ámbito de la didáctica tenemos que reconstruir el concepto de evaluación para hablar de evaluación para el aprendizaje y no de evaluación del aprendizaje. Es decir, que sea un acto de evaluación que va a tener, entre otras de sus consecuencias, la asignación de una calificación pero que esa no sea la única, tiene que servir para aprender y reflexionar sobre el proceso de aprendizaje del alumno".
A modo de ejemplo señaló la costumbre de marcar con rojo o con una cruz los errores cuando se realiza una corrección y dijo que ahí se busca señalar que hubo una respuesta incorrecta cuando se debería buscar que el estudiante analice su trabajo y llegue a la solución correcta. "Eso sería regresar a la estructura del debate didáctico para hablar de evaluación para el aprendizaje", marcó y atribuyó esa situación a la exigencia del Estado, a partir de la conformación en el siglo XIX de los sistemas educativos nacionales, de una calificación.
—¿Cómo debe empezar a plantear, en su clase, el docente ese cambio de lógica pero sosteniendo las exigencias del Estado?
—No veo como peyorativa la calificación. Los profesores nos enfrentamos al trabajo de calificar pero no hay que concentrar nuestro esfuerzo en eso y hay que ayudar al estudiante para que haga lo mismo y se concentre en el aprendizaje. Eso implica modificar el sistema de planificación del profesor, las estrategias didácticas tienen que estar asociadas a acciones de evaluación. Entonces evaluación y secuencia didáctica se van retroalimentando. Yo no tengo por qué esperar al final de una unidad para decir unos aprendieron mucho y otros poco. Me puedo ir dando cuenta en el propio proceso de trabajo de los estudiantes cómo van gestando los aprendizajes y, entonces, en ese momento, empezar a hacerles devoluciones para que ellos tengan la opción de reflexionar sobre cómo van aprendiendo. Pero la otra parte, de lo cual yo soy responsable, es construir la secuencia de aprendizaje y reflexionar si es la mejor alternativa para que mis estudiantes puedan aprender. Ahí aparece lo que llamamos evaluación formativa y donde tenemos que empezar a construir sentidos más sistemáticos. Porque si yo le pregunto ahora a los profesores si hacen evaluación continua, todos me van a decir que sí. Pero la cuestión es lograr materializarlo en el sistema de trabajo.
—¿Qué contexto debe acompañar a ese docente para lograrlo?
—Para mí el contexto que acompaña al docente es el ambiente escolar. Si ese educador no puede construir en equipo y discutir con sus colegas sus aciertos, dificultades y errores, es muy difícil. En el mundo de la investigación en ciencias duras cuando un experimento no sale, se reúnen cuatro o cinco colegas y empiezan a revisar desde las premisas iniciales hasta la última de las etapas para preguntarse dónde estuvieron las deficiencias. Eso tendría que hacerse con más fortaleza en el mundo de la educación. Pero eso implica crear un ambiente donde el docente no se sienta sancionado ni exhibido sino que sienta que está en un trabajo de pares, donde puedo escuchar la opinión de otra persona y compartirla o no. Se puede discutir, argumentar pero no convertir al otro en mi enemigo. Después tomaré la decisión que corresponda. Creo que eso falta en la práctica docente.

La mirada europea
Díaz Barriga se refirió también a las evaluaciones externas internacionales como las prueba Pisa, que son estandarizadas y no contemplan las características ni programas de cada país. El especialista cuestionó primero la cantidad de dinero que los Estados destinan a participar de ese ranking y, luego, habló de la necesidad de que América latina deje de medirse con la mirada europea.
"Forman parte de una era global. Cuando pasan estas cosas me acuerdo de Mafalda cuando decía: «Paren el mundo, me quiero bajar». No hay forma de parar, en este momento, las pruebas a gran escala, nacionales o internacionales. Pero sí se las puede estudiar críticamente", dijo y agregó: "A mí me parece que la prueba Pisa es muy específica para el primer mundo y que América latina debería exigir una Pisa latinoamericana. Además, habría que hacer una crítica a la visión con la que se implanta Pisa porque cada país que participa paga un millón de dólares solo por derecho a tomar el examen. O sea, hoy el tercer mundo sostiene una oficina de Suiza de la Ocde".
Pero, fuera de la cuestión política, también analizó que los resultados de Pisa y de las pruebas nacionales se quedan solo en la calificación. "En general no se hace nada con esos resultados. Si hiciera un símil con la medicina es como si a mí me hicieran un estudio de sangre y me dijeran que tengo un nivel de azúcar de 170 y que es muy alto pero nada más. Mientras yo no me pregunte a qué se debe y qué puedo hacer, el resultado seguirá siendo el mismo todos los años. Eso ha pasado con las pruebas a gran escala en América latina. Se dan los resultados y ni siquiera se interpretan", lamentó el investigador.
Por último manifestó: "Esperan que mágicamente los maestros entiendan qué está mal y lo corrijan. Por eso pienso que con esos resultados habría que hacer talleres docentes para que ellos, que trabajan el currículo, digan si enseñan o no esos temas, por qué los alumnos salen deficientes y qué se puede hacer. Mientras el docente no llegue a decir: «lo que yo puedo hacer con estos alumnos es A o B», vamos a seguir con estos resultados".


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