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Jueves 09 de Abril de 2015

Aunque usted no lo crea, la ciencia reveló que se puede morir por amor

Lo reveló un estudio de la Universidad de Glasgow. No sólo hay ejemplos entre los humanos, sino que es muy común entre animales y personas. Y si no, hay que ver la película Johnny ande June.

Un estudio de la escocesa Universidad de Glasgow revelóm que la pérdida de la persona amada puede conducir a la muerte, según se concluyó luego de haber estudiado la evolución de unos 4.000 matrimonios de entre 45 y 64 años entre 1979 y 2004. Las consecuencias del estudio, dirigido por la doctora Carole Heart, son claras: los primeros seis meses tras la pérdida son clave. En ese período se puede producir la muerte del viudo por diferentes causas, mientras que en los cinco años siguientes, existen altas probabilidades de desarrollar desórdenes cardíacos.
Sin embargo, se reconoce como una de las posibles causas de esa muertes el hecho que tras la pérdida del ser querido, su pareja comienza a adquirir hábitos no deseados: "Algunos comienzan a fumar más, otra gente bebe y, por lo general, tienden a alimentarse mal", señala destacó Heart.
Los desórdenes cardíacos a los que alude la investigación hacen referencia al "síndrome del corazón roto" o "miocardiopatía de Tako-Tsubo". Según esto, una situación de estrés emocional puede debilitar el miocardio (el músculo que se encarga de bombear la sangre). Las sensaciones son similares a las de un infarto: dolor en el pecho, mareo y dificultad para respirar.
"Se desconoce cuál es la causa que lo genera, pero en muchos casos ha habido un suceso emocional muy intenso en días u horas precedentes", explicó a su vez el cardiólogo Enrique Galve del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona.
"Aquí tuvimos un caso de una mujer que se le murió el hijo y que durante el entierro le dio un Tako-Tsubo", agregó el profesional. La mortalidad, según este cardiólogo, es mucho más baja que la del infarto, y cuando se detecta, además del tratamiento físico, se da apoyo farmacológico y, si es necesario, psicológico. "De todas formas, decir que es el síndrome del corazón roto me parece excesivo. No está probado aún que así sea", reconoce.
La psicóloga Irene Velasco, experta en duelos, asegura que el amor es una sensación casi opiácea. "Saber que lo tienes tranquiliza, como un analgésico de las emociones. Luego, como en todas las relaciones, las cosas son más complejas".
La profesional destacó la importancia del apoyo de personas que nos quieren y a las que queremos cuando se muere alguien muy cercano a nosotros. Sobre todo en los ancianos. "Cuando ya son tan mayores y se ven solos, la pena les conduce a una fuerte depresión. No pueden ni saben vivir sin esa persona. Poco a poco dejan de comer y enfermedades que en otras circunstancias podrían afrontar, ahora no son capaces", añadió Velasco.
Uno de los casos más paradigmáticos de la "muerte por amor" es el del rey del rock, Johnny Cash, que falleció tan solo cuatro meses después de que lo hiciese su mujer, June Carter. Aquí hay tanto de verdad como de mito. Cash falleció a los 71 años debido "a complicaciones derivadas de la diabetes que le produjo una insuficiencia respiratoria", según los médicos. Aunque sus amigos más íntimos aseguraban que tenía el corazón tan destrozado que ni pudo ni quiso seguir viviendo.
El doctor Miguel Ibáñez, veterinario especialista en comportamiento animal, asegura que «el amor y la ternura son muy comunes en los animales». "Muchas veces juntamos a dos animales de una especie para que se reproduzcan y se niegan. Y así, en repetidas ocasiones. Hasta que encuentran a una con la que sí quieren. Esto significa que los animales también eligen con quién quieren estar, eso es amor", añade.
El albatros, por ejemplo, una vez muere su compañero, no vuelve a emparejarse jamás. Y el amor materno-filial es comparable al de los humanos: «Los cachorros, por ejemplo, cuando son separados de sus madres, tienen muchas más probabilidades de sufrir inestabilidad emocional. Es equiparable a un niño de una familia desestructurada", explica Ibáñez.
La "muerte por amor" de animal a humano también existe, tal y como apunta este veterinario: "Se dan casos en los que cuando el dueño muere, el perro, por ejemplo, deja de comer y beber. Se podría decir que se suicida", explicó.