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Sábado 02 de Abril de 2016

El desafío de Blanca, una enfermera santafesina que trabaja en Roma

Blanca Viera es una enfermera santafesina que vive en Roma hace 12 años. Trabajó en distintos centros de salud en la capital italiana, en breve se jubilará y volverá a vivir a la Argentina. 

No es fácil lograr encontrarse con Blanca en Roma, es una de las personas más activas que puede haber. Su vida es trabajo, amigos y viajes. 
Blanca es la que se puede definir como la “clásica gringa santafesina“: rubia, piel clara y ojos profundos azules. Elegante, lo demuestra no solo como se presenta al saludar, sino tambièn la postura y sus aros de perlas, símbolo ancestral de femenidad, que no es fàcil encontrar en las nuevas generaciones.
Después de un capuccino y un “cornetto” (clásica medialuna italiana) Blanca   Viera contó que nació en Santa Fe, comenzó su vocación de enfermera como auxiliar en el Hospital Cullen, “no recuerdo bien el año, yo era muy joven, fue hace bastante tiempo” comenta sonriendo; su marido médico ayudó a esta decisión, que poco a poco fue tomando una forma más concreta, inscribiéndose en la Universidad Nacional de Rosario y logrando su Diploma de Licenciatura.
Otra experiencia que recuerda con gran orgullo, fue cuando, junto a su esposo, fueron llamados para ocuparse del Centro Asistencial en el pueblo de San Agustín. “Era todo nuevo, y nosotros hacíamos de todo, desde pequeños controles hasta partos. Fue ahì que conocí la gente de campo, fue una experiencia hermosa”.
El viaje a Roma
La llegada a Roma fue en el 2004 y casi por casualidad, una casualidad que dura 12 años y que está por concluirse con su jubilación y sucesivo regreso a Santa Fe donde la esperan sus familiares.
“Mientras estaba haciendo un curso de actualización en enfermería, me llega la noticia de una empresa interesada en enfermeros argentinos, que ofrecía pasantías remuneradas en Roma” explica Blanca. El interés de esta empresa se funda principalmente en el alto nivel de estudios y capacitación de los enfermeros argentinos.
Fue así que inició sus trámites para trabajar en Europa, conocer su profesión en otra parte del mundo y experimentar nuevas vivencias. Un año después fue llamada para iniciar esta aventura en Italia, tuvo 15 días para preparar las valijas, 12 horas de viaje y de repente ya se encontraba en una de las ciudades màs hermosas del mundo.
“No fue para nada fácil el inicio, el inconveniente mayor fue el idioma, las técnicas de trabajo eran distintas, y había competencia con los colegas italianos”, aeguró Blanca.
Por otro lado comentó que el personal de la empresa que la había contratado y muchos colegas latinoamericanos fueron muy amables y la ayudaron a insertarse porque de otra manera, habría pegado la vuelta mucho antes a la Argentina.
Es evidente que su capacidad le dio sus frutos. Trabajó muchos años en el “Policlínico Umberto Primo de Roma” uno de los hospitales más importantes de toda la región; luego fue transferida al Hospital de Rehabilitación “San Giovanni”, y desde hace algunos años trabaja en un gran centro para ancianos “Casa di Riposo RM3” en donde asistió entre otros, a la hermana del ex Presidente Italiano, Giorgio Napolitano.

Blanca apenas llegada a Roma con otros colegas argentinos en el Policlínico Umberto Primo
 
Conocer las raíces y viajar por Europa
Otras de las grandes satisfacciones que logró Blanca en estos años, fue la posibilidad de viajar por casi toda Europa. Londres, París, Barcelona, Berlin entre otras grandes ciudades que llegó a conocer y que la enriquecieron mucho como persona.
Pero el viaje que más la gratificó emocionalmente fue al de sus raíces en las Islas Canarias. “Viajé por primera vez en el 2013, donde nació mi abuelo paterno Crecencio Viera, en Las Palmas de Gran Canaria. Fue hermoso conocer mis raíces españolas” explica Blanca. Un abuelo que como muchos de los nuestros llegó a Argentina para trabajar y ayudar a construìr el país que hoy conocemos, en este caso emigrando a Coronda donde inició los cultivos muy particulares de frutillas.

Blanca tuvo la suerte de conocer el lugar donde nació su abuelo y recorrer todo Europa en estos años. 
Del capuccino se pasó al aperitivo (en Italia se toma antes del almuerzo o la cena) y el reloj indica que en una hora inicia su turno de trabajo.
Sin darse cuenta, con los ojos lúcidos, Blanca confiesa: “volver a Santa Fe es una gran alegría, pero Italia y Roma están en mi corazón, y después de 12 años de vida aquí no va a ser fácil, voy a extrañar mucho”. Tuvo la oportunidad de tramitar desde aquí su jubilación, y es ahora que quiere disfrutarla junto a toda su familia en la tierra donde nació, a orillas de la Laguna Setúbal, que no será tan famosa como el río Tevere de Roma, pero que la vio crecer junto a sus hijos y sus nietos que hoy son su don más grande.
Por Valeria Fornari, especial para Diario UNO de Santa Fe.