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Lunes 04 de Abril de 2016

Japón rinde culto a la masculinidad en un festival donde se piden protecciones especiales

Los nipones desfilan por las calles portando falos de madera o metálicos. La celebración tiene su origen en las prostitutas del siglo XVII.

“Sí, es un poco vergonzoso, pero aquí hoy todos chupan algo así”, comenta la turista polaca Evita mientras disfruta de un dulce con forma de pene y mira pasar a grupos de hombres japoneses que pasean a hombros una escultura de madera del órgano sexual masculino en el marco del festival que todos los años celebra “la mejor parte del hombre”.

La estudiante de japonés, de 23 años, es una de los miles de turistas de todo el mundo que se acercaron a la ciudad de Kawasaki, cerca de Tokio, para asistir al festival anual que se celebra en un famoso templo.

Para Kawasaki la celebración forma parte de la llegada de la primavera: en el Kanamara Matsuri o falo de metal en español, todo gira en torno al pene que se guarda en el templo de Wakamiya Hachimangu.

La cita tiene su origen en el siglo XVII, cuando las prostitutas rezaban a los dioses para que el negocio les fuese bien y que las resguardase de enfermedades relacionadas con su oficio.

En la actualidad los japoneses piden a los dioses fertilidad durante esta fiesta, así como que nazca bien un hijo que está en camino o protección ante enfermedades de transmisión sexual. También hay festividades semejantes en otras partes del país.

En Kawasaki los japoneses veneran con gritos de júbilo relicarios con tres falos, uno de ellos de metal. Según la leyenda, la diosa original Izanami dio a luz al dios del fuego Kagutsuchi y sufrió graves quemaduras en el bajo vientre, tras lo cual fue cuidada por los dos dioses protectores de la fragua (de ahí el falo de metal). Desde entonces, ellos dos son considerados también los protectores ante las enfermedades sexuales y favorecedores de los partos sanos.

Otra imagen es de madera y es sacada a las calles en un pedestal portátil, mientras que la última es un pene rosado que fue donado por los empleados de un club de travestis. La gente come en las calles dulces de todo tipo con forma de falo, algunas japonesas se han fabricado sombreros con forma de espermatozoide y en el templo se venden camisetas, así como velas y otros souvenires con formas fálicas.

“Me gusta la celebración. Nosotros también festejamos en Zambia, cuando las niñas y niños llegan a la pubertad. De alguna forma esta fiesta me recuerda a eso”, explica Mushaukwa.

Es una manera además de recordar el problema de las enfermedades de transmisión sexual, algo que él conoce bien de su país. “Se trata de protegerse de esas enfermedades”, señala este africano que vive en Japón. Y eso que los nipones no suelen ser tan abiertos con el tema del sexo como durante este festival.

Por un lado, en todas partes del país se ven imágenes de alto contenido erótico, desde la televisión a los cómics, pero por otra los japoneses son bastante retraídos en cuestiones sexuales.

De acuerdo con un estudio de Instituto de Investigación de Población y Seguridad Social de Japón del año 2010, un 36,2 por ciento de los hombres no casados de entre 18 y 34 años nunca ha tenido relaciones sexuales.

A ello se suma que el país sufre por la caída en la tasa de natalidad y el envejecimiento de la población. De hecho, el número de habitantes va en retroceso en la tercera mayor economía del mundo.

Pero los que participan en el festival hoy piensan en otras cosas. “Queremos los verdaderos, queremos los penes verdaderos”, gritan dos chicas mientras chupan su “lollipop”.