Investigación publicada en “Science”
Sábado 16 de Enero de 2016

La historia evolutiva de las vaginas

Los penes de los animales se han robado la atención de los biólogos.

Los penes se han robado la atención de los biólogos a lo largo de la historia por sus extrañas apariencias: rectos, curvos, en forma de espiral o de horquilla. Pero en un simposio desarrollado en Oregon (EE. UU.) por la Sociedad para la Biología Integrativa y Comparada, la vagina fue protagonista. Los investigadores que estudian las ballenas, serpientes y otros animales llegaron a la conclusión de que los órganos sexuales femeninos tienen la misma complejidad y rareza que los masculinos.
Hace treinta años la biología evolutiva que comparaba los órganos genitales, a la cabeza del biólogo William Eberhard del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales en Panamá, se centró en las variaciones entre los genitales masculinos. El experto descubrió que estos venían en todas las formas y tamaños, desde aletas anales modificadas en forma de espiral hasta penes cubiertos con ganchos y espinas. Eberhard se preguntó por qué y cómo esta asombrosa diversidad había evolucionado y describió los equivalentes femeninos como “relativamente uniformes”, caracterización que llevó a otros investigadores a ignorarlos de un tajo.
Sin embargo, Sarah Mesnick, bióloga marina en Southwest Fisheries Science Center, en San Diego, California, informó en la reunión en Oregon que sus estudios sobre genitales femeninos arrancaron con cetáceos, como una forma de buscar pistas sobre los sistemas de apareamiento de las especies de ballenas en declive. En los últimos 10 años, Mesnick y sus colegas examinaron las vaginas de las 24 especies de ballenas y delfines mediante el estudio de especímenes varados. Los resultados demostraron que las estructuras de las vaginas van desde pliegues internos hasta hojas delgadas y laberintos intrincados.
Pliegues complicados se encuentran en especies de marsopas y las ballenas de Groenlandia, cuyos machos tienen grandes testículos, a menudo como una señal de que cada hembra se aparea con varios machos. Los investigadores sugieren que los pliegues de estas hembras sirven para que los espermatozoides fertilicen sus óvulos. Otro rasgo hallado por los expertos es el de la vagina sacacorchos de las patas, que crea una especie de “guante” para que el macho pueda aparearse con éxito.
Todavía hay vacíos en los datos sobre las cópulas y su mecánica detallada. En ballenas, e incluso en la mayoría de los vertebrados terrestres, “no tenemos ni idea de cómo los genitales masculinos y femeninos interactúan y cómo esas interacciones afectan el éxito reproductivo”, señaló Mateo Dean, biólogo evolutivo de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles a la revista Science.
Los investigadores que empezaron el estudio en cetáceos están tratando de determinar si los organismos de murciélagos machos tienen espinas en el pene, pero por ahora la atención se ha centrado en la hembras, para ver si tienen forros vaginales capaces de soportar el apareamiento.
Como los investigadores se están dando cuenta de que necesitan mejores maneras de describir los detalles de los órganos y el acto de la cópula, Dean y sus colegas desarrollaron un sistema de red para los huesos pélvicos. Hasta el momento han medido el báculo, un hueso en el pene de muchos mamíferos, y están empezando a describir la diversidad en el baubellum, un pequeño hueso en el clítoris de algunos de ellos. Estas mediciones más precisas, cuenta Dean, están ayudando a burlarse de las bases genéticas de la anatomía masculina y femenina tradicional.
La conclusión a la que estos científicos llegaron es que, en comparación con los penes, los órganos femeninos son más difíciles de trazar y su comportamiento en el acto sexual es más complicado de determinar. Pero Brian Langerhans, biólogo evolutivo de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, dijo a Science que ambos participantes en el acto fundamental de la supervivencia de especies en la naturaleza están entrando en foco. Dentro de cinco años, predice, “no creo que vayamos a estar hablando de una falta de atención hacia las mujeres”.

Fuente: El Espectador