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Viernes 22 de Enero de 2016

La increíble historia del joven que se congeló para luego "regresar de la muerte"

Estuvo tirado 12 horas al costado de una ruta, sin signos vitales y cubierto de nieve durante una noche de frío extremo. Los médicos usaron una nueva terapia para salvarlo.

Un joven estadounidense que estuvo más de 12 horas congelado, tirado sin signos vitales entre la nieve al costado de una ruta, logró sobrevivir tras ser dado por muerto por paramédicos que lo auxiliaron. Ahora sus amigos lo llaman Iceman (el hombre de hielo). Los profesionales que lo salvaron describen el caso como un "milagro médico" y aseguran que es, probablemente, la única persona que ha sobrevivido a una hipotermia tan extrema.

El protagonista de tan extrema circunstancia, Justin Smith, de 26 años, no sale de su asombro y se considera "afortunado".

Los hechos se desencadenaron en febrero de 2015, pero recién fueron dados a conocer el lunes pasado, cuando Justin regresó a hospital donde lo asistieron para agradecer a los médicos que le salvaron la vida.

Una noche de febrero de 2015, Smith, de McAdoo, Pensilvania, (EEUU), iba caminando a su casa después de una noche de copas con unos amigos, cuando tropezó y cayó inconsciente en la nieve. El no recuerda lo que pasó, pero los médicos creen que en la caída se golpeó la cabeza y terminó en un banco de nieve.

A la mañana siguiente, al ver que no había llegado a dormir, su padre, Don Smith, salió a buscar a Justin en su auto. Al borde de un camino el hombre vio unas botas asomándose. Bajó a mirar y comprobó que era su hijo.

Habían pasado cerca de 12 horas desde su desaparición. Estaba nevando y la temperatura era de 4 grados bajo cero. El hombre recuerda que el joven estaba azul y no tenía pulso. Su impresión fue de que estaba muerto. "Comencé a llorar y a decirle «Justin, no me dejes»", recordó Smith.

Los paramédicos que llegaron al lugar tampoco encontraron signos vitales y detectaron que su temperatura corporal estaba por debajo de los 20 grados. Las circunstancias también los llevaron a creer que el joven había estado muerto por un tiempo considerable.

Don llamó a la madre de Justin para darle la noticia: su hijo estaba muerto. Pero en esas instancias, el personal de emergencia llamó para pedir orientación al médico Gerald Coleman, del hospital de Lehigh Valley, quien no quiso cerrar el caso tan rápido.

"Mi pensamiento clínico es muy simple: alguien tiene que estar caliente para estar muerto", dijo Coleman. "Algo dentro de mí me decía que tenía que darle a esa persona una oportunidad", y ordenó a los paramédicos que le aplicaran a Justin reanimación cardiopulmonar (RCP) pese a que no tenía pulso y que parecía haber dado su último suspiro hacía medio día.

Los miembros del equipo de emergencia presionaron el pecho del joven y le dieron respiración boca a boca hasta que pudieron trasladarlo en medio de una tormenta de nieve al Lehigh Valley Hospital Cedar Crest, cerca de Allentown, donde estaba Coleman. En el camino las maniobras de resucitación se mantuvieron durante dos horas y no parecían dar resultado. Una enfermera recordó que el cuerpo de Justin estaba tan frío que se sentía como un bloque de hormigón.

Apenas llegada la ambulancia, el médico James Wu recomendó conectar a Justin a una máquina de oxigenación por membrana extracorporal (Ecmo, por sus siglas en inglés) para calentar y oxigenar su sangre.

Wu sabía que la máquina, generalmente usada para auxiliar a bebés prematuros y para salvar pulmones y corazones dañados por un resfriado o un ataque cardíaco, era la última oportunidad de sobrevivir para el muchacho.

Después de 90 minutos conectado, la temperatura de Justin comenzó a subir y su corazón comenzó a latir por sí solo. Sus signos vitales se restablecieron, pero su cerebro todavía no mostraba actividad. Estuvo 15 días en coma, tras lo cual despertó. Su cerebro estaba ileso a pesar haber sido privado de oxígeno durante muchas horas. Normalmente, las células del cerebro comienzan a morir a los pocos minutos sin oxígeno. El caso de Justin, sin embargo, estaba lejos de ser típico.

Las horas que estuvo congelado solo le costaron los dedos del pie y los meñiques, que fueron amputados por gangrena. Así que tuvo que aprender a usar sus manos y a caminar otra vez.

Smith salió del hospital en marzo y volvió a su casa el 1 de mayo del 2015. Ahora vive una vida normal, juega golf y planea retomar sus estudios de psicología en la Universidad Estatal de Pensilvania.

El lunes regresó al hospital con su familia para agradecer al equipo médico. "Es como si me hubiese despertado de un sueño, sólo que no fue un sueño", dijo.

Coleman, tras reunirse con su paciente "milagro", dijo que "cosas como éstas renuevan la fe sobre por qué hago lo que hago todos los días". "Este caso de hipotermia, el más fuerte que he conocido, me ha enseñado que a veces tienes que confiar en la propia intuición, aunque la lógica diga todo lo contrario", aseguró.

Dijo que el caso de Justin podría ser más que un milagro. "Es posible que hayamos sido testigos de un cambio de juego en la medicina; la medicina moderna se mueve hacia adelante en casos extraordinarios. La supervivencia de este joven es un cambio de paradigma de los protocolos para resucitar y tratar a quienes sufren de hipotermia".

Las bajas temperaturas causan estragos

El frío extremo causa estragos en el cuerpo humano, ya que ralentiza la tasa de respiración y el corazón a niveles peligrosos, lo que lleva a una pérdida de la conciencia y, finalmente, la muerte. Aunque esta sucesión con alarmante frecuencia resulta una tragedia, a veces la exposición a muy bajas temperaturas ralentiza los procesos metabólicos en extremo y hace que las células privadas de oxígeno puedan sobrevivir.
  De ese modo, con maniobras de resucitación y en el empleo de una máquina de oxigenación por membrana extracorporal los pacientes tratados por hipotermia tienen un 50% de probabilidades de sobrevivir, inclusive padecieron un paro cardíaco prolongado.
  La máquina de oxigenación se inventó hace tan sólo una década como soporte de vida para los bebés prematuros. Su uso para pacientes con hipotermia es muy reciente.
  La industria ha estado tomando nota de la tecnología y los científicos se preguntan si pueden dar un paso hacia adelante. Los médicos han estado experimentando con un proceso en el que se reemplaza la sangre de un paciente crítico con una solución salina fría, enfriando su cuerpo y reduciendo al mínimo la actividad celular.
  “Estamos suspendiendo la vida, pero no nos gusta llamarlo animación suspendida porque suena a ciencia ficción”, dijo Samuel Tisherman, un cirujano en el Hospital UPMC Presbyterian, a New Scientist. “Así que lo llamamos preservación de emergencia y reanimación”.
  La terapia no está exenta de polémica, pero parece que puede ser sólo el comienzo de la utilización de una idea potencialmente mortal como última medida para salvar vidas.