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Sábado 25 de Octubre de 2014

“Me gusta mucho polemizar porque la historia está para eso”

En su paso por la ciudad, Felipe Pigna se prestó al diálogo con Diario UNO. Habló de sus inicios en los medios y sus actuales proyectos. Se mostró abierto a las críticas e incisivo con los políticos.

Dice que la historia de nuestro país no es azarosa. Todo lo que nos ha sucedido responde a una relación causa-efecto. Casi de esa forma fue su llegada a los medios. De realizar unos documentales en la escuela con los alumnos a las entrevistas en radio. Ahí comenzó todo. Prolífico, incansable, analítico y valiente con las críticas; Felipe Pigna, el historiador más popular de la Argentina, se prestó a un diálogo fluido y distendido con Diario UNO que pasó desde sus múltiples proyectos hasta la política y su visión sobre la actualidad.

—¿Cómo comenzó tu participación y tu vinculación con los medios de comunicación?

—Arrancó de una manera azarosa porque en principio no lo busqué. Fue a partir de un proyecto de audiovisuales en el Colegio Carlos Pellegrini. Yo en ese momento trabajaba en el departamento de historia, e hicimos 13 documentales con los chicos y docentes. Lo tomaron los diarios, y fueron llamando para hacerme entrevistas. A partir de allí me llamaban habitualmente para hablar de fechas históricas y efemérides. Luego, participé en un programa con Pacho O’Donnell y Teté Coustarot. A él le gustó mi manera de exponer y me convocó para otro programa de polémica en Radio Mitre, era Historia Confidencial, en el que estábamos Pacho, García Hamilton y yo. Eso fue un éxito total y de allí salió un libro, un programa de televisión y la pasamos muy bien, porque cada uno tenía opiniones distintas y se armaban lindas polémicas y además hicimos una amistad basada en el respeto por las diferencias de cada uno.

—¿Después de eso qué paso?

—De ahí me convocaron para hacer una columna de historia en la misma radio. Paralelamente estaba escribiendo mi libro, Mitos de la Historia Argentina, que fue un éxito inesperado para la editorial, para mí y para todos. Cuando salió, le mandé el libro a Mario Pergolini, le encantó y me llamó para una entrevista en Rock And Pop y hubo más de 300 llamados pidiendo que me quede como columnista, así que fui un columnista plesbicitado de “Cuál es”. Ahí empezó un principio de popularidad importante, lo de Mario fue fuerte. De allí surgió Algo Habrán Hecho, que fue mi salto a la popularidad sin escalas, de un día para el otro. Cuando salió al aire el programa un lunes, el martes me tocaban bocina los colectiveros, los basureros, todo el mundo me saludaba. No hubo transición en la fama, fue un programa que midió 25 puntos de rating. Una locura, ¿no?

—¿Fue un antes y un después en la manera de contar la historia en televisión?

—Ese programa no solo generó expectativas, sino que estaba hecho con muy buenas intenciones. Es como que estábamos haciendo algo por la patria, había esa sensación, digamos (risas). Estimuló mucho a los jóvenes, que era lo que nosotros queríamos. Acercar a los jóvenes a la historia. Entendíamos que ese programa era un interesante disparador, nunca un programa que contara toda la historia, no tenía esa pretensión.

—Te manejás muy bien con las nuevas tecnologías y los nuevos formatos, tu página www.elhistoriador.com es la página de historia más visitada del país. ¿Qué lugar ocupa en tu día a día?

—Para mí es una forma de devolverle a la gente todo el acompañamiento que me hacen. Y es un laburo también, es un equipo de seis personas que trabajan en contenidos, en la parte técnica, en la estética y en diseño. Ahí difundimos mis trabajos, y subimos todos los días un artículo que se complementa con el Facebook. Tengo 510.000 seguidores, que es un número increíble y cada nota tiene una réplica muy fuerte. ¡A veces llegan a 400.000 Me Gusta, realmente una locura! Lo cual habla de que hay avidez por la historia, ¿no? Es un medio interesante que bien usado puede estar bueno, es una forma de democratizar la cultura, porque es totalmente gratuito y la gente que no puede acceder a un libro puede encontrar allí muchísimo material. En ese sentido, internet es algo virtuoso.

—Con la irrupción de las nuevas tecnologías se está produciendo un cambio de lógica educativa. En este contexto, ¿qué papel juega la historia?

—Es un papel fundamental no siempre reconocido. Es como el pasado de una persona a nivel psicoanalítico, es la base de la personalidad. Somos lo que fuimos. Es nuestra identidad, es todo lo que nos pasó y que nos va constituyendo como sociedad y como país. Que los chicos conozcan la historia es muy importante. Sobre todo sacar la historia de los colegios, donde está naturalmente. Que la gente deje de pensar que la Revolución de Mayo es un hecho escolar, que remite únicamente a su infancia. Cierto relato de poder ha logrado reducir la historia a eso, a la memoria escolar y esto es, evidentemente, una operación política que se ha hecho en determinado momento. Hay que sacarla de ese lugar. La historia está en la escuela porque tiene que estar, pero también debe estar en lo cotidiano. Estamos hablando de nuestra independencia, nuestra revolución fundadora, y de tipos muy importantes de nuestro pasado que los seguimos vinculando a un elemento casi escolar.

—En algún momento se generó cierta polémica con algunos historiadores por tu forma de transmistir el conocimiento y la desmitificación de la historia. ¿Te afectan las críticas?

—Se me discute y está bien. Me parece que está bueno que haya distintas posturas y que la gente pueda adherir o no a lo que uno dice porque uno está opinando, ¿no? Aquellos a los que no les gusta lo que hago también opinan. Entonces la verdad que a mí no me molesta y me encanta el debate. Lamentablemente muchos de ellos rehuyen de él. Cuando tengo oportunidad me gusta mucho polemizar, porque la historia está para eso, y como afortunadamente no tengo problemas de ego no me lo tomo como algo personal. Trato de escuchar qué críticas me pueden servir, o si tienen razón en algo que dicen. La verdad que no me afecta en el mal sentido, sino que me alerta sobre si está bien lo que estoy haciendo. No basarme en la crítica descalificante para construir y convertirme en un replicante y, en definitiva, terminar hablando de lo que ellos quieren hablar. Me parece que uno tiene que hacer lo que cree que tiene que hacer y no estar todo el tiempo replicando las críticas que te hacen. Sí tenerlas en cuenta, pero no transformarlas en tu menú de opciones.

—¿Se puede comparar la situación actual del país con alguna otra época de la historia en particular?

—Con 30 años de profesión me he dado cuenta de que las comparaciones en la historia son bastante poco útiles. El pasado nos sirve para tomar elementos que no deberían repetirse o en los cuales insistir. Lo que se hizo bien, retomarlo y lo que se hizo mal, no volver a hacerlo. Yo creo que la Argentina vive originalmente desde el 2001. Originalmente, en el buen o en el mal sentido, porque fue una ruptura muy grande que obligó a hacer políticas disruptivas diferentes a las que se venían haciendo. Aunque, por supuesto que en el kirchnerismo hay elementos del primer peronismo, y otros que no tienen que ver. Lo que hay en el peronismo digamos, dado el carácter totalizador que tiene el movimiento, constituye gobierno y oposición permanentemente. Es la ambición de poder, clara y que no tienen muy marcadamente definida los otros sectores políticos que pierden su tiempo en chicanas, internas, vedetismos y falta de propuestas que los tornan poco atractivos para el resto de la sociedad, que siempre vislumbra la salida con algún candidato cercano o con algún condimento peronista.

—La fragmentación política que tenemos hoy con muchos candidatos a presidente, ¿por qué se produce?

—La verdad que no encuentro la explicación, me parece que hay una enorme mediocridad de la oposición. No hay candidatos sólidos que tengan un discurso interesante en cuanto a propuestas, son en general críticas permanentes. Como si la política consistiera nada más que en desautorizar lo vigente, nada más. Al lado debería haber una propuesta, que lamentablemente no aparece. Creo que hay una gran política que es la Presidenta, que marca los ritmos, y atrás la oposición respondiendo a lo que ella hace. Tengo muchas críticas, para con el poder y el modelo, pero lo que uno ve objetivamente es que la única protagonista de la escena política es la Presidenta. El resto es como que va detrás.

—Se habla de década ganada, ¿vos evaluás esta etapa de la misma forma?

—No me gustan las totalizaciones. Yo creo que habría que tomar por rubros qué es lo ganado y qué es lo que falta. Hay temas en los que yo no diría que es una década ganada, por ejemplo la salud. Creo que este rubro es altamente deficitario y el transporte también. Hubo un antes y un después tras el accidente de Once, donde empezó un cambio en el esquema de transporte, pero hasta ese momento era pésima la política del gobierno en esta área con funcionarios corruptos como Jaime y demás. En tanto, creo que existe una buena política educativa, una muy buena política exterior en términos generales y, por supuesto, de derechos humanos. También creo que hay que plantearlo así, rubro por rubro. Por otro lado, yo soy historiador, no político. Por eso mi análisis tiene que ser equilibrado, consciente y racional. A mí no me gustan las totalizaciones, el estuvo todo bien, o estuvo todo mal, que es un poco el esquema argentino clásico. Somos blanco o negro, no hay grises y la historia de nuestro país está llena de grises. Hay que evaluar en qué se ganó, en qué se perdió, en qué se empató y qué falta por hacer. Esa es la forma de analizar un período.

—¿Los argentinos estamos siempre en el mismo lugar?

—Esta dicotomía lleva a malquistaciones en la forma de entender la política. Si uno no es absolutamente favorable a un modelo se transforma en enemigo y si sos un poco critico, lo contrario. Todas esas miserias que tienen que ver con el fanatismo. Algo que está lejos de la razón. El fanatismo con la razón no se llevan bien. Lamentablemente, estamos asistiendo a una dicotomía muy violenta donde todo es de un lado o del otro y en el medio no hay nada, cuando la vida generalmente transita en los medios, y no en los bordes. Creo que, particularmente, alguien que se dedica a la historia tiene que tener una mirada totalizadora a partir de cada elemento de los que estamos hablando, porque sino sos un opinante de tribuna. Lo que me preocupa seriamente a muy poco tiempo de las elecciones es la ausencia de propuestas. ¿Qué vamos a hacer con este país? De esta veintena de candidatos que tenemos no escucho decir qué van a hacer con el país, sinceramente. Escucho que van a derogar leyes y que van a perseguir a los actuales funcionarios, pero no más que eso. Es preocupante.

Los proyectos a futuro

En noviembre saldrá a la venta el nuevo libro del historiador. Se llamará La Voz del Gran Jefe y contará la vida del Padre de la Patria, el General José de San Martín. Según destacó Pigna, es un trabajo que le insumió “muchísimos años. Es un libro muy soñado. Me di mi tiempo para escribirlo y estoy muy contento”. Contó además que volverá a hacer televisión con el segundo ciclo de un programa de archivos llamado “Si te he visto no me acuerdo”, que se emitirá por la TV Pública.

Por último, relató que terminó de realizar un “hermoso proyecto” para el Canal Encuentro en coproducción con la TV Pública. Enigmático al respecto, deslizó que se trata de un ciclo de trece capítulos de historia argentina. “Es algo muy original de lo que no puedo contar mucho. Estará encarado desde una visión y una estética muy particular que creo que les va a gustar mucho. Lo hicimos con mucho cariño y fue un laburo de dos años que no podíamos creer cuando lo terminamos. Hubo más de un año de preparación de guión y de preproducción y fueron varios meses de grabación y posproducción. Le dimos muchas vueltas para ver de qué forma distinta se podía contar la historia y calculo que en mayo lo van a poder ver”.

Por Jorge Toum / Diario UNO  de Santa Fe