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Lunes 17 de Agosto de 2015

“Si nos vence el fanatismo y la desesperación, habrá más tragedias que lamentar”

En un mano a mano en Jerusalén con periodistas de diversas partes del mundo, David Grossman, escritor y activista israelí, habló de la necesidad insoslayable de alcanzar la paz en Medio Oriente y del verdadero poder de la palabra para ese fin. 

David Grossman (nacido en Jerusalén en 1954), es actualmente uno de los intelectuales más respetados de Oriente Próximo. No un escritor que se destaque por la picaresca, pero desde que publicó su trabajo Gran Cabaret, asegura que la gente lo detiene en la calle para contarle chistes. Es que el personaje central de la obra es un humorista. Pero no es precisamente sobre el mundo del humor por el que transita el libro, sino que se centra en las pérdidas que aún afectan al pueblo judío. Grossman sabe mucho al respecto: perdió un hijo en el ejército.
Hacía mucho calor en Jerusalén, y el hombre fue puntual en el club de periodistas de la capital religiosa del mundo. En segundos la charla empieza. Es inevitable: el conflicto de Medio Oriente se mezcla rápidamente con la literatura.
—¿Hasta dónde usted escribe por escribir y hasta dónde a través de sus textos, de sus libros, está buscando esa atención del mundo que requiere el conflicto entre estos dos pueblos?
—Quiero hacer una diferenciación entre lo que es mi escritura literaria y mi escritura política. Básicamente, la mayoría de lo que escribo es literatura de ficción y me gusta mucho más lo que es mi literatura que mis escritos políticos. Escribo textos políticos porque quiero describir la realidad que está en mi derredor con mis palabras y no con las que el gobierno o el ejército pueden definir. Pero cuando yo escribo mi texto, lo hago para tratar de influenciar sobre la opinión pública aquí. Pero cuando escribo una novela intento mostrar la complejidad de la vida lo mejor que puedo, lo más exacto posible. Hay en la totalidad de escribir una novela, una dulzura que no encuentro en otros discursos. Intento a través de mi escritura, tratar de entender que es “ser el otro”, que es ser como alguno de ustedes. Después de una idea determinada, es como que todos nos subsumimos dentro de una identidad. Nosotros somos hombre o mujer, derecha o izquierda, una persona racional o no racional, palestinos o israelíes; y a mí la escritura me da la posibilidad de esa libertad de movimiento que hay entre todo esto. Cuando escribí el libro La Vida Entera, que lo escribí desde el punto de vista de una mujer, tuve el privilegio de tratar de ver el mundo desde los ojos de una mujer. Lo mismo hice cuando escribí un libro desde el punto de vista palestino. O de un niño que es hijo de padres que vivieron en el Holocausto y que están criando bajo su casa un animal que sería “el animal nazi”. Escribir me permite ver cualquier situación humana, desde puntos de vistas diferentes. No solamente estar clavado en un solo punto de vista, evitando que una sola persona puede tener la verdad, sino que la verdad esté dividida en varias. Pueden entender entonces por qué prefiero escribir obras literarias y no políticas. Cuando uno escribe algo político, todo va con signo de admiración; cuando uno escribe una novela, son todos signos de pregunta.
—¿En algunos de sus escritos literarios se ha imaginado cómo puede ser el final del conflicto israelí-palestino?
—Lo hice en un escrito que era parte política y parte literario, escrito de casualidad, porque no sabía, una semana antes, que se firmaría el acuerdo de Camp David (firmado en 1978 con la mediación del presidente Jimmy Carter, en EE.UU., tras negociaciones secretas). El nombre de aquel texto era Imaginando la Paz. Justamente porque pensé que perdíamos la capacidad de imaginar la paz y justamente creía que teníamos que activar permanentemente este músculo de la conciencia que nos permita ver cómo debemos imaginar la paz. Hoy en día que tenemos una realidad tan pesada sobre nosotros, que tendríamos que utilizar de forma metafísica esta cuestión de la conciencia imaginativa para ver cómo podemos llegar al futuro.
—¿Qué cree que tiene que suceder para que se imponga lo que se escribe, la palabra, frente a la violencia?
—Es una pregunta muy correcta. Cuanto más brutal y violenta se hace la situación, más se disminuye el valor de las palabras para influenciar. De parte de los ciudadanos, los políticos y los periodistas, es cada vez más común hablar con una especie de eslóganes que son muy armados. Debido a que nuestro mundo está cada vez más definido por mensajes de medios masivos, hay cada vez más peligro para los pequeños detalles, para la palabra exacta. Todos ustedes trabajan en medios masivos de comunicación y tal vez vaya a decir algo que los enoje: esta forma de decir “medio de comunicación masivo” te lleva a la equivocación. Porque muchos piensan que son medios de comunicación que están orientados hacia las masas. Pero al final de cuentas se trata de un periodismo que convierte a los seres humanos en masas. Y por esta tendencia, es vuestro interés también luchar, ser testarudo en los pequeños detalles. Y cuando ustedes vienen acá a Israel o van al lado palestino, vienen a una región muy sangrienta, lo mejor que pueden hacer ustedes para los televidentes o lectores, es darle mucha importancia a los detalles de las situaciones, tener cuidado con los prejuicios, los estereotipos. Tratar que a cada persona que encuentran, observarla como un mundo entero.
 —¿Hasta dónde los temores definen la política de los israelitas?
—Netanyahu tuvo una victoria muy grande en las últimas elecciones y ganó de esa manera porque supo hacer una brillante manipulación sobre los temores de la comunidad israelí. Como dije anteriormente, toda la política de Netanyahu es una política basada sobre el miedo. Hace doce años que el señor Netanyahu es primer ministro y no escuché una frase de parte de él sobre su visión de cómo va a ser la paz en la región. Y la sociedad israelí, que es una sociedad que pasó muchos traumas, no tiene ningún tipo de alternativa frente a su capacidad manipuladora. Por lo tanto cada vez hay más y más gente que apoya la idea de derecha; la izquierda se reduce más y más, hay muchos menos debate intelectual pero hay mucha más recriminación de uno a otro y es parte de la peligrosidad de la situación.
—La sociedad israelí hoy está hablando de la aparición del terrorismo judío, pero el primer ministro no piensa en el mismo sentido.
—Es muy difícil para una persona como Benjamín Netanyahu de derecha, y su gobierno de derecha, confesar que la gente que cometió estos crímenes son realmente terroristas. Porque los gobiernos de derecha se preocuparon e hicieron crecer el movimiento de los colonos y les cuesta mucho poder confesar que esto terminó surgiendo del movimiento de los colonos.
—¿Qué grado de aceptación o influencia tienen trabajos como el suyo, tanto sean israelíes o palestinos, en la sociedad general? ¿Quedan circunscriptos a la elite solamente o hay un ida y vuelta, una reflexión por parte de…?
 —Te voy a hacer una pregunta: si yo te contesto que no tengo ninguna influencia, ¿debería dejar de escribir? Yo creo que mi influencia es poca y que cada vez hay menos gente que quiere escuchar lo que digo. Pero también creo que es importante que las cosas que yo digo, se digan. Que dentro de todas las voces y coros que se escuchan, son coros que gritan mucho acá en Israel, que haya unas cuantas personas, tal vez no somos muchos, que resguarden este canal que te da la esperanza de paz, abierto, que el canal nunca se cierre para aquellos que queremos la paz.
 —Agrego: ¿o sea que esta política de terror, en relación al miedo, va en detrimento de lo que es la reflexión?
—Estamos hablando de que lo que yo digo está en las antípodas de lo que piensa esta gente y les provoco la reflexión a ellos. Porque si nos vence el fanatismo y la desesperación, habrá más tragedias que sufrir. Hay veces que siento que la situación es de desesperanza completa para los pueblos, pero no puedo permitirme a mí mismo desesperarme porque esta tierra es muy querida para mí y quiero que mis hijos y nietos crezcan aquí. Recibo muchas veces invitaciones para ir a vivir a países mucho más tranquilos y cómodos pero no quiero abandonar este lugar porque Israel para mí es un lugar relevante. Y quiero vivir mi vida en un lugar que me sea relevante, un lugar que puedo decodificar.
—Respecto a la literatura, ¿cuál es el mejor momento para lograr unir varias historias en una sola?
—Cualquier buen libro une varios cuentos. Justamente el Islam se crea cuando se correlacionan distintos relatos y uno de mis disfrutes como escritor, es vivir en un mismo instante dos cuentos totalmente contradictorios. Y si vuelvo a la situación general nuestra, nuestra salvación es cuando israelíes y palestinos puedan contarse mutuamente sus propias historias. Incluso aunque ambas partes no acepten el punto de vista del otro, pero que entiendan que el otro lado tiene derecho a tener su narrativa. Este es el comienzo de la corrección de las complicaciones que hay aquí.
—¿Cómo lograr que el duelo siga el proceso y no se quede en el odio al enemigo?
—Yo escribo sobre el duelo y también cómo es la vida después de haber perdido una persona querida. Nosotros perdimos a nuestro hijo; falta una semana para que sean nueve años. Semanas después de aquel momento intenté empezar a comprender qué fue lo que pasó. Y la forma para mí de entenderlo es a través de la escritura. A través de la escritura intenté llegar al punto donde todavía la vida toca a los muertos y descubrí que la libertad del ser humano se da cuando existe el poder de describir la libertad a través de las propias palabras y no a través de lo que los otros dicen. Y también entendí que cuando más fuerza se siente, es cuando se está cerca de la muerte. Ese acercamiento a la muerte, es donde más fuerte sentí la vida.
—A través de la literatura, ¿se puede construir a las nuevas generaciones para no violencia?
—Es muy difícil lograrlo en una zona que está tan influenciada por la violencia. Pero no encuentro otra manera de educar a la gente si no es a través de este medio. La versatilidad que tienen las artes, las posibilidades que te da de encontrar voces totalmente diferentes. Otra vez vuelvo a insistir en el punto de ser muy testarudos en respetar los pequeños detalles. Es el mejor arma que tenemos como escritores, como periodistas.
—Todo artista refleja en sus escritos lo que siente: ¿hasta qué punto usted como artista de la palabra puede evitar ser influenciado por el conflicto?
—No puedo evitarlo. Pero tampoco quiero estar inmune al conflicto, quiero estar expuesto a todo lo que ocurre en mi vida. Tanto a las mejores cosas que me pasaron en la vida, como a las peores. Este conflicto es algo terrible para cualquier ser humano normal, pero el escritor tiene un privilegio que es poder comprenderlo, describirlo. Este conflicto expone todo tipo de dilemas existenciales y morales. Yo, como escritor, quiero estar lo máximo posible expuesto a estos dilemas.
—¿Qué espera usted que cuando vayamos a nuestros países le contemos a nuestra gente?
—Traten de demostrar la integralidad de la vida aquí. Traten de relatar de forma honesta tanto sobre los israelíes como sobre los palestinos. Que al final de cuenta, algunos de una manera y otros de otra, todos somos víctimas de esta situación. Yo esperaría mucho mas de mi gobierno, que sea más activo, que tome más iniciativas, porque este país es más fuerte, este lado es más fuerte. Pero todos somos víctimas porque estamos hipotecados en una situación de guerra. Tal vez los medios de comunicación tengan una idea ya fijada de nuestra situación. Muchas veces cuando escucho cómo describen a israelíes y palestinos, veo cómo muchas veces hay un pensamiento estereotipado, una tendencia mala de describir al israelí como malo de la película y al palestino como el bueno de la película. Pero ustedes saben muy bien que hasta en un conflicto matrimonial no hay siempre uno que es angelito y el otro totalmente malvado. No se den por vencidos a los estereotipos, estamos hablando de dos pueblos que viven dentro de la tragedia. Dos pueblos que hace más de 100 años que están encerrados en una celda y ninguno de los dos tienen la llave. La llave va a venir desde afuera.
Contexto de la entrevista
La nota fue realizada en el club de periodistas que los corresponsales poseen en Jerusalén, en el marco de un seminario de comunicación. Cuando se realizó, había marchas de repudio por hechos ocurridos en territorios ocupados por Israel. Un grupo de religiosos incendió una casa de palestinos provocando la muerte de dos personas. Además en una marcha un ultraortodoxo asesinó a una joven de 16 años. Los periodistas que entrevistaron a Grossman provenían de 20 países, incluyendo varios del Caribe.
Una vida que quedó marcada por la muerte
David Grossman es escritor y ensayista. A sus 61 años, es conocido en todo el mundo por su intensa labor por la paz en Medio Oriente. Luego de haber estudiado filosofía y teatro, y tras haber trabajado como periodistas, comenzó escribiendo literatura para niños y jóvenes. Su primera novela para adultos fue La Sonrisa del Cordero, publicada en 1983, que luego fue llevada al cine. 
Durante lo que se conoció como la Segunda Guerra del Líbano, el 10 de agosto del 2006, junto a los escritores Amos Oz y A.B. Yehoshúa participó en una conferencia de prensa en la que instaron al gobierno de Israel a aceptar un cese al fuego con el fin de crear una base para una solución negociada. Dos días después su hijo Uri, de 20 años, sargento de una unidad de tanques, murió alcanzado por un misil lanzado por el grupo Hezbolá durante una operación de las FDI en el sur del Líbano. Tras ese episodio difundió una emotiva carta de despedida. Nunca cesó en su lucha.
Emilio Jatón, Senador provincial electo por el departamento La Capital, especial para Diario UNO.