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Información general Lunes, 24 de octubre de 2011 | 10:09

¿La casa que se construyó Hitler en la Patagonia?

Una polémica teoría sostiene que Adolf Hitler no se pegó un balazo en su búnker secreto bajo la Cancillería de Alemania. Según esta hipótesis, el Führer no se suicidó ni los nazis incendiaron su cuerpo antes de que el Ejército Rojo hallara el refugio en Berlín.

En realidad –afirma–, Hitler huyó a España en abril de 1945, después escapó a bordo de un submarino a la Patagonia argentina y allí vivió al menos dos décadas, en una mansión escondida en las montañas de Villa La Angostura que había mandado construir dos años antes. La supuesta casa de Hitler en la Argentina sigue hoy en pie.

Una historia popular y tres libros de investigación avalan esa extraña tesis. El último de ellos, Lobo Gris: el escape de Adolf, se conoció días atrás y fue escrito por dos británicos, Gerrard Williams y Simon Dunstan. Ambos enfrentarán una demanda por plagio de Abel Basti, un periodista argentino de Bariloche que ya había publicado que Hitler se fugó de incógnito al sur argentino, con el aval de los Estados Unidos y la complicidad de personajes muy cercanos a Juan Domingo Perón.

La versión de que Hitler fue el dueño en las sombras de la residencia Inalco, un magnífico complejo sobre la orilla más inaccesible del lago Nahuel Huapi, fue motivo de atención en los periódicos de Villa La Angostura y forma parte del imaginario local. “Acá varias veces se dijo que en esa casa vivió Hitler, es una versión que circuló siempre”, admitieron en la Dirección de Cultura de la Municipalidad de La Angostura a PERFIL.

Basti, que se dedicó durante veinte años a seguir el rastro de criminales nazis en la Argentina, contó a este diario que “la residencia Inalco fue construida en 1943, cuando los nazis ya preparaban la huida, por el arquitecto Alejandro Bustillo, quien había hecho otras obras para exiliados alemanes en la Patagonia”. El autor de Hitler en la Argentina subraya que era impensable que en los años cuarenta alguien construyera un complejo de esa magnitud en un sitio al que sólo se podía llegar por vía aérea o lacustre.

Pero el primero en relatar la historia que aún circula entre los vecinos de Villa La Angostura fue el historiador italiano Patrick Burnside, quien a principios de 2000 sostuvo en su libro El escape de Hitler que el líder nazi reprodujo en la cordillera argentina el estilo de vida que llevaba en Berghof, su casa en los Alpes. Según Burnside, en Inalco se repetían las excentricidades arquitectónicas que Hitler y su esposa, Eva Braun, tenían en Alemania: dormitorios conectados por baños y vestidores, una casa de té junto a una minigranja o un bosque en la parte trasera que cortaba el campo visual desde afuera.

La propiedad de la casa es un tema aparte. El lote en el Nahuel Huapi fue adquirido en enero de 1943 por el abogado porteño Enrique García Merou, un lobbista ligado a capitales alemanes que, más tarde, se acercaría a Perón. Públicamente, la casa Inalco fue controlada durante años por Jorge Antonio, confidente y financista del líder peronista. En 1970, cuando Hitler ya había muerto (según la tesis de Williams y Dunstan), el complejo pasó a manos del banquero José Rafael Trozzo, cuya familia tiene hoy la casa en venta.

Claro que la controvertida teoría sobre el escape del ideólogo del Holocausto a la Argentina genera polémica entre los especialistas. Efraim Zuroff, director en Jerusalén del Centro Simon Wiesenthal y uno de los princiaples expertos en criminales nazis del mundo, aseguró a PERFIL que “no es la primera vez que se hacen afirmaciones acerca de que Hitler sobrevivió a la guerra, pero ninguna de ellas se comprobó”.

“Los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial han fomentado la imaginación hasta llevarla al nivel de las teorías conspirativas, y eso sólo sirve para desinformar y confundir a la opinión pública”, agregó Zuroff. Mientras que Sergio Widder, director del Wiesenthal en Buenos Aires, también insiste en que hasta ahora no hay absolutamente ninguna prueba de que Hitler haya salido de su búnker con vida. Es cuestión, entonces, de creerlo o no posible.

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