Ciencia
Lunes 03 de Octubre de 2016

La conoció por Internet y se casó sin saber que era su nieta

Se conocieron en una página de citas, surgió el amor y se casaron. Tres meses después del enlace, se enteran de que son abuelo y nieta. No obstante, han decidido intentarlo

Érase una vez una pareja con gran diferencia de edad (44 años) que vivía feliz en Florida. Se casaron. Todo era perfecto hasta que, tres meses después de su matrimonio, se dieron cuenta de que eran abuelo y nieta.
Parece broma, pero no lo es. De acuerdo con 'Florida Sun Post', los enamorados descubrieron que eran familia mientras ojeaban un álbum familiar. Él, de 68 años, le estaba mostrando a su querida esposa, de 24 primaveras, instantáneas de su primera mujer y sus hijos. De pronto, a la joven se le pusieron los ojos como platos: uno de aquellos niños era su padre biológico.

¿Y cómo no se dieron cuenta antes?, te preguntarás. Muy sencillo: a la chiquilla la echaron de su casa siendo adolescente, después de quedarse embarazada por accidente. Y el hombre perdió todo contacto con su primera familia; después de un doloroso divorcio, su ex se mudó y se llevó a sus hijos con ella. Él intentó hallarlos por todos los medios, removió cielo y tierra, pero no hubo manera. Así que, años después, se volvió a casar con la que fue su segunda esposa, pero este matrimonio también acabó mal.

El señor acabó sin pareja, pero con decenas de millones en su cuenta de corriente. Dos años más tarde de separarse de su segunda mujer, le tocó un premio de "varios millones de dólares" de la lotería. Ya lo dice el refrán: afortunado en el juego, desafortunado en el amor. Años después, con varios ceros en el banco, conoció a la joven de 24 añitos en una página de citas, quien se convirtió en su tercera esposa.

Todo por el amor
Nuestro protagonista reconoce que al ver las fotos de la chica en la web, le resultó tremendamente familiar, pero que no le dio más vueltas. "Me sentí extraño al observar su rostro. Fue como una sensación de déjà vu, pero en ese instante no podía entender el porqué", dijo al citado medio, el cual ha prometido mantener el anonimato de la pareja.

Ambos quedaron, se enamoraron y se casaron. Luego descubrieron que por sus venas corría la misma sangre. ¿Qué hicieron al enterarse de que eran familia? ¿Se separaron? Nada más lejos de la realidad: siguen con su matrimonio, dispuestos enteramente a que funcione. Si la diferencia de edad no pudo con ellos, tampoco lo hará el ADN.

"Hemos tenido una vida feliz juntos sin saber que éramos abuelo y nieta, no sé por qué enterarnos de nuestro parentesco iba a echar por tierra todo eso", dijo el señor, quien añadió muy seguro: "Cada pareja es diferente y especial a su manera".

Elegimos parejas que nos resultan familiares
Llama la atención la declaración del protagonista de esta historia: "Su cara me resultaba familiar". Y quizá justo es eso lo que le llevó a fijarse en ella. Existe la teoría de que elegimos todo lo que nos rodea en función de lo familiar y cercano que nos resulte. Entre los psicólogos abunda la creencia de que al juntarnos con alguien que se asemeja a nosotros, inconscientemente estamos buscando que nuestros genes sean compatibles.

La ciencia asegura que al juntarnos con alguien que se asemeja a nosotros, inconscientemente estamos buscando que nuestros genes sean compatibles

De acuerdo a esta teoría, no solo elegimos aquello que sea similar a nosotros en apariencia, sino que tendemos a rodearnos de personas cuya personalidad es muy parecida a la nuestra. Esta premisa se extiende a todo lo que nos rodea. Seguro que más de una vez has pensando que el dueño de ese perro es calcado a su mascota, o que ese coche define a la perfección a quien lo conduce.

Así hoy podemos afirmar que los populares resultados de la investigación llevada a cabo por Berscheid y Walster en 1978, que aseguraban que "los extremos se atraen", están en su momento más bajo. Hoy la teoría que cobra fuerza es aquella que sostiene que la atracción entre dos personas se ve facilitada por sus semejanzas a nivel de actitudes y preferencias.


La diferencia de edad ya no es importante
Aunque 48 años de diferencia es mucho (¡muchísimo!), estamos en el siglo XXI, y aquí vale todo. Conocemos decenas de relaciones felices que surgieron sin importarles la fecha del DNI. De hecho, las últimas tendencias señalan que los hombres maduros las prefieren jovencitas, y ellas, mayores.

Dejando a un lado lo que está catalogado socialmente como "correcto" e "incorrecto", ¿qué lleva a una veinteañera a fijarse en un hombre mayor? ¿Y viceversa? Por norma general, todo apunta a que ella busca conocimiento, seguridad, protección, estabilidad, madurez y experiencia. Él, en cambio, encuentra en ella vida, frescura, diversión, belleza, pasión y cero complicaciones.

Asimismo, está demostrado que para que una pareja funcione ha de cumplir ciertos requisitos, y ninguno de ellos está reflejado el criterio de la edad.

Fuente: El Confidencial

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