Policiales
Sábado 31 de Diciembre de 2016

La declararon inocente tras pasar 12 años presa por el crimen de su marido

La maestra María Antonia Gauna fue notificada esta semana de la resolución de la Corte provincial que la absuelve de culpa y cargo por el homicidio

El miércoles era un día especial para María Antonia Gauna. Era la fecha del cumpleaños de Omar, su esposo, que murió por ocho puñaladas en su casa de Arequito. Como en los últimos 11 años, despertó en la alcaidía de Casilda y recordó aquella noche de 2005 cuando los encontraron cubiertos de sangre en el jardín de la vivienda, casi de la mano: él sin vida y ella agonizando con cortes en las muñecas. Un crimen que ella siempre negó haber cometido y por el que fue condenada a prisión perpetua. Pensó en Omar y le pidió fuerzas para seguir, sin saber aún que ese mismo día la Corte Suprema de Justicia provincial declaraba nula la sentencia. Una nueva y tardía prueba demostraba la certeza de su inocencia. Era libre.

El fallo que por 4 votos a 2 absolvió a esta docente de 47 años es una medida excepcional y de un impacto institucional enorme. Es el resultado de un recurso de revisión, algo que ocurre raras veces cuando el máximo tribunal acepta valorar nuevas pruebas de un caso cerrado.

A Gauna la habían acusado de matar a su esposo cuando dormía, para luego intentar suicidarse con cortes en los brazos. Pero ahora estudios médicos y la demorada declaración de un cirujano revelaron que jamás pudo causarse a sí misma esas heridas. Es decir que existió un atacante. Y que ella es inocente.

"María estaba condenada injustamente, sin pruebas. Que en la casa hubiera dos personas no significa que una mató a la otra. Esto fue un calvario, pero la convicción de que estábamos diciendo la verdad nos permitió seguir luchando", dijo Ingrid, hermana menor de María, quien peleó serena y férreamente para demostrar que no fue un crimen "pasional".

Ahora falta "encontrar al asesino de Omar", dice. Por eso, además de demandar a la provincia para que indemnice el encierro injusto, tras la feria judicial María volverá a la causa como querellante en la investigación del crimen de su esposo. "Hay un culpable suelto y la Justicia debe exigir que esté en el lugar donde María jamás debería haber estado. Nuestra pelea es doble. A todas las marchas fuimos pidiendo la libertad de María y con una foto de Omar. Los asesinos cortaron su sueño de ser padre y vamos a seguir la lucha para que descanse en paz", remarcó Ingrid.

La historia

El productor agropecuario Omar Carlos Bartolelli apareció muerto con ocho puñaladas el domingo 6 de febrero de 2005. Para los familiares de María, la causa estuvo desde el principio direccionada a demostrar la hipótesis que le achaca el crimen a la mujer. Creen que eso se explica por el contexto de la época: una comunidad sensibilizada ante el delito, que en 2003 se levantó tras el crimen de Luis Cignoli frente a un boliche. Por eso sostienen que en el apuro por hallar un culpable no escucharon a María, que acusó a un pariente enemistado con su esposo de atacarlos para robarles.

María es parte de una familia de 12 hermanos nacidos en Corrientes, de los cuales cinco viven en Casilda y otros en Arequito, donde ella fue la última en radicarse. Cuando tenía 35 años dejó atrás su cargo docente en la localidad correntina de Sauce y tras un largo noviazgo a distancia se casó con Omar. Se habían conocido en una visita de ella a su familia.

Luego de siete meses de una convivencia sin conflictos y de iniciar un tratamiento médico para tener un hijo, llegó el dramático final en la vivienda de Moneta 1105. La noche del sábado 5 la pareja fue a cenar a la casa de una hermana de María. Al regresar, Omar dejó a su esposa en la puerta y fue a guardar el auto a lo de sus padres, como hacía siempre, para volver en bicicleta. El domingo, alrededor de las 14, una vecina escuchó que María pedía ayuda y los encontró tirados en el jardín.

Omar había muerto con ocho puñaladas, una en el corazón. María había perdido abundante sangre y fue trasladada en una ambulancia al sanatorio de Casilda. En el camino sufrió dos paros cardiorrespiratorios. Tenía dos cortes transversales en las muñecas que le destrozaron arterias, venas y tendones, por los que fue sometida a dos cirugías. Cuando se recuperaba de la anestesia, aún internada, la indagaron.

El relato

La docente dijo lo que luego repitió siempre. Que al llegar a su casa cerca de la 1 se encontró con un encapuchado que le apuntó con un arma y le dijo que no gritara. Y que entonces reconoció por la voz a un cuñado de Omar, de quien estaban distanciados por problemas familiares. Luego llegó su esposo y los agredió a ambos, mientras revolvía la casa en busca de dinero (Bartolelli iba a realizar una operación tras la venta de maquinaria agrícola), luego los obligó a tomar un somnífero y a partir de ese momento sólo recuerda que despertó en el jardín. Ese pariente fue citado a los ocho meses y prestó una declaración informativa.

María quedó desde entonces alojada en la alcaidía de Casilda, donde daba clases a otros internos. Estuvo cinco meses sin usar las manos: "Fue un horror. Estábamos con ella a la mañana, a la siesta, a la tarde. Le teníamos que dar de comer y bañarla porque tenía las manos y antebrazos enyesados. Es algo que va a ser imposible olvidar, pero gracias a la familia y a su psicóloga ella dentro de todo está bien. Siempre nos decía que estaba muerta en vida, pero que dormía en paz porque es inocente".

El trámite judicial

María fue procesada por la jueza de Instrucción Silvia Nogueras y en febrero de 2008 condenada por la magistrada Carina Lurati a la prisión perpetua por homicidio calificado por el vínculo y alevosía. En septiembre de ese año la Sala III de la Cámara de Apelaciones confirmó la sentencia. Entonces tomaron el caso los abogados Hernán Augusto Martínez y su padre Hernán José, y plantearon recursos de inconstitucionalidad que no prosperaron.

"Nuestros fundamentos eran varios. El más relevante y que hoy demuestra la inocencia de María es la declaración de un cirujano de Arequito que la operó y le reconstruyó las muñecas. El redacta una hoja quirúrgica, a mano, donde dice que tenía seccionados los tendones mayores superficiales. Con posterioridad el juzgado pide un informe más prolijo y se presenta una hoja mecanografiada en la cual dice que eran los tendones profundos los que estaban seccionados", contó Martínez hijo.

Esta diferencia es clave. Es que, según la Fiscalía, María cometió el homicidio y después se automutiló. Siendo diestra, se habría cortado primero la muñeca izquierda y luego la derecha. Pero esa es una actividad que según una Junta Médico Forense hubiera resultado imposible en caso de estar cortados los tendones profundos: "No podría haber agarrado el cuchillo para mutilarse la segunda muñeca. Esto sí o sí llevaba a pensar en la participación de un tercero. En vez de llamar al cirujano a declarar tomaron en cuenta su informe manuscrito y le abrieron una causa por falso testimonio", de la que terminó absuelto.

El final

Con el caso ya cerrado, los abogados insistieron ante la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas para que citara al médico a declarar. Entonces el profesional aseguró que el dato correcto es el que figura en la hoja mecanografiada y atribuyó el error manuscrito al cansancio de horas en el quirófano. Se incorporó además una electromiografía de miembros superiores efectuada con un equipo computarizado en abril de 2005, que no figuraba en la causa, donde también consta que la herida sesgó los tendones profundos de María.

"Son pruebas que demuestran su inocencia. No estamos hablando del beneficio de la duda. La Corte toma esa prueba como la fundamental para determinar que no fue ella quien cometió el hecho", explicó Martínez, quien indicó que la causa estuvo plagada de irregularidades (ver aparte).

"Le tenemos que dar gracias a los asesinos porque si hubiesen hecho un corte superficial ella seguiría condenada", razonó Ingrid sobre la evidencia que absolvió a su hermana, que ahora rearma su vida. Al día siguiente del cumpleaños de Omar recibió la notificación de la Corte anunciando que era libre. Una día después, por primera vez, pudo ir al cementerio a ver la tumba de su esposo, llorarlo y llevarle flores.


por María Laura Cicerchia / La Capital

Comentarios