Ovación
Miércoles 25 de Mayo de 2016

La estadía no es la deseada

Colón cumplió un año y medio desde su regreso a Primera y, a excepción de rachas efímeras, sufrió más de lo que gozó, convirtiendo casi en un peregrinar su derrotero por todas las canchas de la máxima categoría

Si el hincha de Colón pensó que el fondo era el 18 de noviembre de 2013 se equivocó. Si creyó morir el 24 de mayo de 2014 para resucitar el 7 de diciembre de ese año con la esperanza de emerger, nuevamente le erró al pálpito. Lo que su equipo dio dentro de la cancha fue, en este año y medio, la consecuencia de desaciertos extremos, inusitados y continuos.
Los egos, la soberbia, prepotencia, todo lo que uno quiera buscar encontró en Colón en un tobogán que todos quieren que finalice el 12 de junio. Pero en este camino plagado de obstáculos, el hincha fue el que más debió soportar estoicamente cómo le tomaron el pelo.
Formaciones que se arrastraron en una cancha de cualquier ciudad del país, jugadores transitorios que, como suele ocurrir en el interior, se llenaron los bolsillos con suculentos ingresos pero en la relación costo-beneficio fueron carísimos.
Por la entidad rojinegra desfilaron presidentes, entrenadores, jugadores impresentables. Toda esa mochila pesa muchos más kilos al perder en un mes dos veces claramente ante el rival de toda la vida. Ese campeonato que se empieza a jugar desde el mismo momento que se conoce el fixture. Colón necesita humildad, trabajo, sentido de pertenencia y hechos por sobre la inmensa lengua de todos y cada uno de los que se jactan de llevar al club en el corazón pero al que pusieron de rodillas mal.

El primer año
En 2015 además de la renuncia de Eduardo Vega para la asunción de Víctor Godano, Colón volvió a Primera para encarar el inusitado torneo de 30 equipos.
Ya con mucha desidia, desinterés y decisión para optar por otro entrenador, se resolvió darle el armado a Reinaldo Merlo de un plantel que tras la derrota 2-0 frente a San Lorenzo renunció (1ª fecha).
Sin dinero y lucidez para definir el capitán del barco, se inclinaron por la opción más fácil y económica: Javier López. El Alemán sacó puntos, pero sus equipos nunca encontraron una identidad y dio un paso al costado en el receso. Allí tomó las riendas Darío Franco y recién en la parte final sacó resultados positivos, siempre con un estilo de juego casi suicida por lo que había en disputa, con los jugadores que contaba el club y un promedio flaco por donde se lo mire. Con todos esos avatares, la salvación se concretó y por las inmensas posibilidades que entrega el certamen, los rojinegros terminaron clasificando a la Liguilla Sudamericana.
El equipo de fútbol daba algunas alegrías en fila (cuatro triunfos seguidos con 12 goles a favor), que invitaban a pensar que estos jugadores, más algunos refuerzos y una nueva dirigencia podían torcer el rumbo.
Porque fue tal la presión desde todos los sectores políticos, que Víctor Godano se vio obligado a no cumplir el mandato que los socios en las urnas le habían dado a su lista, ya no encabezada por Vega pero sí por un hombre de su riñón.
Y otra vez a las urnas, pareciendo que la proclamación de Marcelo Ferraro era esa bocanada de aire fresco que tanto necesitaba el club.

Barranca abajo
Como suele suceder, las últimas imágenes son las que quedan en los ojos de todos. Y ese Colón eficaz, agresivo ofensivamente y en las puertas de ingresar a un torneo continental le dieron el voto de todas las listas a Darío Franco para que continúe en el cargo. La potestad también era para armar un plantel donde el propio estratega exigió varias continuidades que los nuevos directivos le terminaron cumpliendo. El comienzo no podía ser auspicioso: victorias ante Arsenal, Tigre y Belgrano para, al menos en un torneo más corto, encender la esperanza de protagonismo. Pero aquella bomba política que se encendió en Mendoza previo al primer revés del equipo ante Godoy Cruz fue el presagio de lo que vendría después.
Era domingo 21 de febrero. Desde el Malvinas Argentinas al último lunes 23 de mayo apenas pasaron en el calendario tres meses. En cada uno de esos días, Colón fue un hervidero. Una carnicería del sálvese quién pueda, de justificaciones y sin autocrítica. Mucho despecho y pase de facturas. Claro, todavía un grupo de futbolistas debía entrenar, salir a la cancha y buscar sacarle una sonrisa al hincha, algo parecido a una utopía. Ferraro se fue, Ariotti asumió y después renunciaron todos. Franco renunció y tomó las riendas Johansen. Alan Ruiz fue vendido y al ser agredido por los barras abandonó el equipo. Tantas cosas feas sucedieron en el mundo Colón que dejan a un equipo muy comprometido con el descenso y cinco opciones para buscar alguien que frene esta caída.

Reunión de candidatos: sin Vignatti
Los referentes de las listas que se presentarán a la contienda electoral del 12 de junio estuvieron reunidos en la sede de la institución para abordar distintos temas inherentes a la vida del club. El único ausente fue José Vignatti. La Agrupación MAS que lleva a Gustavo Abraham como candidato emitió un comunicado al respecto: “Convocados por los síndicos, la junta electoral y el Órgano Fiduciario, mantuvimos una excelente reunión todos los candidatos a presidente en las próximas elecciones donde reinó el buen diálogo y la camaradería... El único ausente sin aviso.... el señor José VIGNATTI... que no concurrió ni mandó a nadie de su grupo en representación. Evidentemente le sigue importando poco el club”, expresó.
 

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