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Sábado 09 de Abril de 2016

La extraordinaria vida de Mika

La santafesina Micaela Feldman fue la única capitana durante la guerra civil española. Pero también investigó el después de las huelgas de la Patagonia Rebelde y resistió el nazismo.

Micaela Feldman es una de esas mujeres que la historia ha dejado al margen. Nació en 1902, en Moisés Ville y, a lo largo de su vida, fue protagonista y testigo de los momentos más importantes de la historia mundial en el siglo XX. Anarquista desde su adolescencia y odontóloga, recorrió la Patagonia después de los hechos de 1920 y 1921 investigando las secuelas de las huelgas; luego vivió en Alemania mientras el régimen nazi se formaba y, más tarde, fue capitana de una columna durante la guerra civil española. Incluso participó del Mayo Francés. Mika fue, sin dudas, una santafesina de convicciones y acción.
Días atrás se presentó el proyecto del diputado por el Frente Social y Popular, Carlos Del Frade, para declararla Ciudadana Destacada post mortem y, en el marco de la actividad, estuvo en Santa Fe la escritora Elsa Osorio, quien recuperó la historia de la santafesina en el libro “Mika”.
La autora –que además participó de un panel organizado por la agrupación Unidas y a la Izquierda, en el instituto Nº 8 Almirante Brown– compartió con Diario UNO parte de la historia de la capitana.

Una anarquista de Moisés Ville
Mika vivió sus 90 años intensamente. Su historia se entrelaza con la historia de la humanidad en el siglo XX. Pero ella no se limitó a mirar lo que ocurría a su alrededor, sino que se involucró en cada una de las etapas y dio todo por sus ideales.
“El escritor tucumano Juan José Hernández me contó la historia de Mika. Él me relató que había una argentina que había estado al mando de una columna en la guerra civil española. En ese momento ella todavía vivía en París y había escrito su libro «Ma guerre d’Espagne à moi» («Mi guerra de España») donde contaba su experiencia en la guerra. Pero todo lo demás era un misterio porque incluso ella firmaba con el apellido de su marido, Hipólito Etchebéhère”, explicó Osorio, quien reconoció que la historia la intrigó y le llevó 25 años poder plasmarla y publicarla.
“Se podría decir que vivió toda la gran aventura del siglo XX porque, en donde hubo algo importante, ahí estaba como una verdadera revolucionaria”, resaltó la escritora y agregó que Mika también participó del movimiento por la reforma universitaria en la Argentina y del Mayo Francés.
Feldman nació en Moisés Ville el 14 de marzo de 1902. Hija de una pareja que llegó a esa localidad, como gran parte de los habitantes de ese pueblo, desde Rusia escapando de los pogroms. Pero, cuando Mika era adolescente, su familia se instala en Rosario y, al cumplir 18 años, ella decide irse a vivir sola a Buenos Aires y estudiar para convertirse en dentista.
“Para esa época era algo muy raro y lo hace con la ayuda de sus padres, es decir que les parecía importante que tuviera una profesión”, evaluó Osorio y agregó: “Si bien ella era anarquista desde los 15, a los 18 se conecta con la revista Insurrexit, integrada por un grupo de variadas tendencias progresistas. Eran jóvenes que trabajaban por la reforma universitaria y seguían muy conmovidos por la revolución rusa que acababa de producirse. Ahí conoce al que iba a ser su marido, que también es de Santa Fe, nació en Sa Pereira, hijo de una familia francesa”.
Mika e Hipólito tuvieron una historia de amor que estuvo atravesada por un profundo compromiso con su realidad social y con los ideales revolucionarios de la época. Desde que se conocieron compartieron cada una de las aventuras que los llevaron a los escenarios de los principales hitos en la historia del siglo pasado.
Juntos comenzaron a militar en el Partido Comunista Argentino pero luego fueron expulsados. Junto a otras personas con las que habían compartido Insurrexit, fundan el Partido Comunista Obrero pero también lo abandonan. Fue entonces, en 1926, que deciden recorrer la Patagonia para investigar el después de las grandes huelgas de obreros.
“Él estaba muy enfermo y ella lo convence de ir a estudiar la época posterior a lo que después se conoció como La Patagonia Rebelde, de hacer una investigación con los sobrevivientes”, contó Osorio. Y siguió: “Allí llevan una vida curiosa porque van con una camioneta arreglando dientes y el mundo (risas). Están tentados de quedarse en el sur porque la salud de Hipólito mejora mucho pero, sobre todo, porque llevan una vida más tranquila”.

Europa en los años 30
Sin embargo, el fuego revolucionario y la ausencia de grupos en la Argentina y en América latina en los que se sintieran incluidos los hace mirar hacia Europa. “Ellos piensan que en Alemania van a poder hacer algo en lugares donde ya haya organizaciones sociales más formadas que lo que pueden encontrar aquí. Primero van a España donde ven cómo se reprime por las calles; luego se van a Francia. Ahí hacen una formación que es la idea del militante de la época: «Queremos hacer un mundo mejor pero queremos saber más». Entonces van a las galerías de arte y estudian en La Sorbonne. Es una militancia muy ligada a la cultura. Ahí conocen a otros militantes internacionalistas”, señaló la escritora.
En 1933 llegan a Berlín. Viven allí unos meses claves donde los movimientos socialistas y comunistas resistían el ascenso de los nazis al poder. “En unos cuadernos en los que Mika e Hipólito escribían y a los que pude acceder, ellos contaban que los nazis iban a desfilar delante de la casa del Partido Comunista. Van reflejando lo que se decía en los diarios y recogen recortes de noticias”, compartió Osorio y contó que, tras la toma del poder por parte de Hitler, la pareja decide instalarse en Francia.
En París se relacionan con el grupo trotskista Que Faire pero cuando Hipólito vuelve a enfermarse deciden viajar a España. “Llegan un tiempo antes de que empiecen a formarse las milicias. Un amigo les dice que vayan al Poum (Partido Obrero de Unificación Marxista) que está muy cercano al Que Faire”, contó la autora de Mika, La Capitana.

La mujer de la milicia
La guerra civil española estalla con ellos siendo parte del Poum. Mika, que siempre había rechazado el uso de las armas pero que era, antes que nada, fiel a sus ideales, no duda en formar parte de las milicias. Al poco tiempo llega a dirigir su propia columna.
“Lo más extraordinario de ella es que cuando vinieron a la guerra las brigadas internacionales, a las mujeres que estaban combatiendo se las pone en la retaguardia para ser enfermeras o hacer trabajos de intendencia. Pero son los mismos milicianos los que dicen: «Ella es nuestra capitana». Ella se ganó ese lugar sin tener ningún conocimiento de estrategia de guerra. Las circunstancias de su vida la fueron llevando a ese lugar. Era una mujer que sabía y podía tomar decisiones”, destacó Osorio.
Al frente de una columna del Poum durante la guerra, Mika dio batalla en lugares decisivos y peligros. Fue la única mujer en conseguir las estrellas de capitana, un lugar que ocupó con mucha responsabilidad y humanitarismo. En ese sentido, Osorio aclaró: “Los milicianos eran muy revolucionarios pero también muy machistas. Entonces, como ella era muy intrépida, ellos la seguían porque, según decían, «si ella lo hacía cómo no lo íbamos a poder hacer nosotros». Por lo tanto, su columna se convirtió en una verdaderamente temeraria y estuvo en algunos frentes de enorme riesgo”.
Cuando regresa de la guerra es encarcelada porque el Poum es perseguido por el stalinismo, como todo lo que tenga que ver con Trotsky. “Estuvo presa no por los franquistas sino por los republicanos”, aclaró la escritora quien mencionó que Feldman omite esa parte de la historia en su propio libro.
Tras ser liberada gracias a que distintos amigos interceden por ella, decide radicarse en París donde vive hasta su muerte en 1992. “Lo que es muy interesante en la vida de Mika es que la guerra es de los hombres pero ella, en una entrevista que le hacen cuando tiene cerca de 80 años, dice que no hay que quejarse, que los lugares hay que ocuparlos. Ella se reconoce la habilidad para tomar decisiones y en la guerra alguien tiene que mandar”, sintetizó Osorio. 

Una oportunidad
La historia de Mika comienza a conocerse en los últimos años en Europa y América como una reivindicación necesaria para una luchadora que nunca abandonó sus ideales y que se entregó por completo a la militancia.
—¿Por qué cree que la historia de Mika no tuvo tanta difusión?
—Después de años de investigar y preguntándome por qué no es conocida, pensé que tenía que ver con que no perteneció a ningún partido político ni movimiento en el que pudiera dejar su vida como legado. Es que solo podrías etiquetarla como antifascista, antistalinista y revolucionaria. También estimo que ocurre porque era mujer.
—¿Qué opina de la posibilidad de que Micaela sea declarada Ciudadana Destacada post mortem?
—Estoy muy contenta. Desde el principio de esta búsqueda no dejaba de pensar cómo una mujer que había llevado una vida así fuera ignorada. Así que cuando me contaron que se presentaba el proyecto me puse feliz porque, de alguna manera, he vivido con ella. Además, me parece que sinceramente se lo merece porque es un ejemplo de lucha.

Victoria Rodríguez/ UNO Santa Fe/ victoriarodriguez@uno.com.ar

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