Santa Fe
Martes 29 de Noviembre de 2016

La heladera social de Padua cambia su forma de asistir

Un paso más. La iniciativa comenzó seis meses atrás y ahora se transformará para continuar asistiendo pero de forma personalizada a las familias más necesitadas

La iniciativa que comenzó hace seis meses en la parroquia San Antonio de Padua comienza a transformar su forma de trabajo por lo que este miércoles dejará de funcionar como hasta ahora lo venía haciendo.
Durante ese lapso de tiempo la heladera social que se ubicó en J. J. Paso 3349 ofreció un plato de comida a residentes de los barrios aledaños que se acercaron ya fueran de Centenario, Chalet, Varadero, San Lorenzo o Arenales. La comida era donada por vecinos o cocinada por voluntarios en la cocina de la parroquia y luego depositada en la heladera. Los alimentos eran repartidos a todos los que llegaban en el horario de 18 a 20.
Tras realizar un balance de lo que la actividad significó, tanto para los integrantes de la comunidad, voluntarios y asistidos, los resultados son positivos.
Es en esa línea que el sacerdote Carlos Scatizza (Cachi como lo llaman sus allegados) no duda en calificar el trabajo y la generosidad de todos los que se involucraron, como maravilloso. "Si bien hubo temporalmente ciertos bajones, porque había que volver a difundir la obra para que la gente pudiera acercar alimentos y recordar que estábamos haciendo todo este camino", aseguró el responsable de la parroquia San Antonio de Padua. La obra tuvo constancia tanto en lo relacionado con el trabajo que llevaron adelante los voluntarios y la ayuda en alimentos para los necesitados se sostuvo.
"La cantidad de gente que asistía fue variando, el pico llegó a los 320 que acudieron a ser asistidos", recordó el párroco en torno a la necesidad que se llegó a palpar en las filas que se formaban en el patio de la parroquia.
Hoy el objetivo es dar un paso más en la asistencia que brindan a las familias que lo necesitan transformando su manera de trabajo. Este cambio es impulsado por dos factores principales, en primer lugar el trabajo que se realizó hasta ahora colaboró a identificar a las familias que más necesitan que se les tienda una mano. Por otro lado se toma en cuenta las altas temperaturas que se avecinan y cómo esta puede afectar los alimentos tanto como a los que los consumen.
"Estamos en condiciones de dar un paso más, que no es cerrar la heladera sino que consiste en transformarla para asistir puntualmente a quienes lo están necesitando", afirmó Scatizza.
La idea que se plantearon desde la comunidad también colabora a dignificar a la persona, que ya no deberá asistir a la parroquia y realizar una cola para contar con un plato de comida en su mesa.
La nueva metodología de trabajo se centrará en asistir a las familias con alimentos no perecederos, para que ellos puedan cocinarlos en el seno de su hogar. Para esto los 30 voluntarios visitarán las viviendas y dejarán los productos que sean necesarios. En ese sentido la frecuencia sería mensual.
"Esto de alguna manera es terminar una primera etapa, creemos que tenemos que dar un paso de una asistencia media masiva y tal vez generosa pero injusta en algunos casos a una cuestión mucho más puntual, personal en la manera de ayudar a la gente", analizó el cura quien adelantó que el miércoles 30 a las 20 se celebrará una misa de acción de gracias para dar un cierre a todo el esfuerzo que se hizo en la primera parte del proyecto.
Ahora los esfuerzos están puestos en lograr reunir la cantidad de alimentos necesarios que ayuden a cubrir la demanda que registra la institución.
Antes de dar por finalizado el diálogo Scatizza agradeció la generosidad de las personas que se involucraron en este proyecto. "Por su manifestación de solidaridad ya que ante la necesidad hay respuestas y muy generosas. Al tiempo que le pusieron los voluntarios y al amor que le pusieron los organizadores de la heladera", cerró el párroco de San Antonio de Padua.

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