Santa Fe
Sábado 13 de Agosto de 2016

La historia de un santafesino que desafió los prejuicios con vocación

Martín Peiteado desde hace más de seis años ejerce la docencia en nivel inicial. Actualmente está al frente de la sala de 4 años del jardín Ceferino Namuncurá del barrio Yapeyú.

Si bien en la historia argentina encontramos grandes figuras que nos remontan a la idea de un maestro en el aula –como Domingo Faustino Sarmiento, José Manuel Estrada, Juan Mantovani, Pablo Pizzurno y otros–, la imagen contemporánea de las mujeres ocupando ese rol ganó tal trascendencia que en la actualidad es inusual encontrar un hombre ejerciendo ese papel. Pero los hay, y en todos los niveles.
Para conocer un poco más sobre el desafío que se plantean quienes se atreven a ocupar ese lugar, Diario UNO dialogó con el santafesino Martín Peiteado (33), quien desde hace más de seis años trabaja como maestro en el jardín Nº 1215 Ceferino Namuncurá del barrio Yapeyú.
—¿Por qué decidiste dedicarte a la docencia y nada más y nada menos que en nivel inicial?
—Siempre pensé que me quería dedicar a la docencia, y a decir verdad nunca me había planteado lo de ser maestro jardinero porque tenía internalizada la idea de que era una profesión de mujeres. Por eso al principio, cuando terminé la secundaria, pensé en estudiar profesorado de educación física, pero un día me encontré con un amigo que me contó sobre otro que trabajaba de esto y me entusiasmé con probar. Fui al instituto Sara Faisal a averiguar sobre la carrera y me anoté.
—¿Cuál fue el recibimiento que tuviste de tus compañeras y docentes de la carrera?
—Era yo solo rodeado por todas las chicas. Al principio fue duro, no solo porque me sentía extraño en las clases al ser el único, y porque los docentes siempre empezaban las oraciones diciendo «hola chicas» o similares, sino también porque tuve que hacer gran parte de la carrera trabajando a la par.
En este sentido, el joven comentó: "Desde el principio me di cuenta de que la carrera me encantaba" y por eso cada vez que esbozó la posibilidad de dejar de cursar, fue impulsado por su novia (hoy esposa), sus padres y amigos a seguir.
"Es todo un tema animarse al desafío de imponerse a los prejuicios sociales, pero creo que lo que me ayudó siempre fueron las ganas de hacer lo que sabía que me iba a gustar ejercer en el futuro", afirmó Martín Peiteado y siguió: "Otra de las cosas que me impulsó en un principio a terminar la carrera fue la inminente llegada de mi hijo, del que me enteré de la existencia cuando me faltaban unas pocas materias".
Fue en ese contexto que el docente remarcó que se levantaba todos los días a las 5 para estudiar porque en forma paralela al cursado hizo trabajos de albañilería, carpintería y en un supermercado.
—¿Dónde tuviste la oportunidad de incursionar por primera vez en el trabajo como maestro jardinero y cómo fue esa experiencia?
—Las prácticas antes de recibirme las hice en el Jardín Nuestra Señora de Covadonga y una vez que me recibí me llamaron para un reemplazo en el Jardín de Ceferino y por suerte me quedé ahí e incluso conseguí allí la titularidad. Por supuesto que eso se lo debo a los directivos que apostaron a algo nuevo al llamar a un hombre, a mis compañeras colegas y también a los papás de los chicos que día a día me demuestran que están contentos con mi labor.
—¿Y dicho trabajo tiene alguna diferencia con el que hacen las maestras mujeres?
—En el aula, en lo que refiere a contenidos, no. Pero sí –según me han comentado los directivos– es positivo para algunos chiquitos que no tienen un papá en cuanto a lo que significa tener una figura masculina de referencia. En el recreo, por su parte, hay diferencias en cuanto a los juegos. A mí me gusta mucho el fútbol por ejemplo y los incentivo para practicarlo, por ejemplo.
Es en esa línea que Martín Peiteado se animó a incentivar a otros jóvenes a seguir sus pasos y dijo: "Invito a todos los jóvenes que tengan vocación por la docencia a dejar los prejuicios de lado y apostar a este rol que tiene muchas cosas lindas y que también necesita de los hombres. Igualmente creo que esto de los compartimentos estancos en las labores es algo que de a poco se va a ir revirtiendo, de hecho ya está pasando con algunas actividades como la del conductor de colectivo, algo que antes era impensado para las mujeres y hoy hay muchas que ocupan ese cargo; como así también hay bomberas, remiseras y demás".
Y agregó: "En tanto, considero que es muy importante que empiece a pasar lo mismo del lado de los hombres con trabajos como este también, que es realmente increíble no solo por lo que por supuesto uno puede darle a los chiquitos, sino también respecto de lo que te devuelven ellos también todos los días, con sus palabras inocentes, sus juegos y picardías".
Por último, consultado respecto de cómo se lleva con las manualidades, tan presentes en su labor diaria, el santafesino comentó: "Me llevo bien con las tijeras y el armado de juegos con elementos reciclables, que en general me junta mi mamá, pero necesito mucha ayuda para los detalles. Por suerte, en eso de poner moñitos y esas cosas cuento con el respaldo de mi esposa Noelia (risas)".

Un perfil de empuje
Al hacer referencia a su cotidianeidad, más allá de las aulas del jardín Ceferino Namuncurá, Martín Peiteado detalló que es padre de dos hijos – Benjamín (9) y Samuel (1 año y 11 meses)– y que circunstancialmente está viviendo en barrio Transporte, mientras de a poco se va construyendo su propia casa, a unas pocas cuadras del jardín, muy cerca también de donde actualmente viven sus papás y hermanos (en barrio Policial).
Asimismo y en referencia a lo que hace a su rol como maestro jardinero,el profesional aseguró que todos los días toma su rol como un desafío y en ese contexto mencionó que este año tiene en su aula (la sala de 4 años del turno tarde) a un pequeño integrado con síndrome de Down. "Todos los días, como de todos, aprendo mucho de él. Para mí es una apuesta nueva que se me presenta como maestro a la que espero poder cumplir de la mejor manera", concluyó.



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