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Viernes 25 de Diciembre de 2015

“La idea fue inculcarle a los chicos que había que crecer y aprender”

El Club Deportivo Santa Rosa de Lima, más conocido como La Casita, está dando sus primeros pasos en la Liga Santafesina, aunque su historia es mucho más extensa. Comenzó como un simple picadito de fútbol a orillas del Río Salado en inmediaciones de Villa Oculta y actualmente es el hogar de cientos de chicos que sueñan con ser grandes deportistas, pero mucho más, mejores personas.
La solidaridad y el trabajo se mantuvieron inalterables pese al transcurso del tiempo y, si bien recién está dando los primeros pasos en el círculo privilegiado del principal certamen local, la institución no olvida cuál es la prioridad: darle a los pibes del barrio una contención y la posibilidad de aprender jugando.
Esto fue posible gracias al trabajo denodado y sacrificado de Adolfo Martínez, un tipo humilde que siempre pensó en crear un lugar que esté abierto a todos. Se podría decir que es “el padre de la criatura”, ya que todos los días se esfuerza para que a cada chico que quiere jugar al fútbol nada le falte. Pero con eso no le alcanza, ya que cada vez que el equipo sale de la ciudad a jugar en su colectivo particular –fue adquirido con recursos propios de la entidad–, le da de comer a todos con el fin de que la jornada esté completa.
Este año fue especial de varias maneras e inolvidable. Este año Adolfo sufrió una descompensación que casi lo saca de partido, pero se recuperó y, tal es su pasión por lo que hace, que en lugar de empezar su recuperación en casa, se fue al que quizás considera su primer hogar, el club, a ver jugar a los futuros jugadores santafesinos. Así como se gana a diario los elogios de cada ciudadano, que lo ve como un ejemplo a seguir y que, como no podía ser de otra manera, es hoy un Destacado del Deporte y la sociedad en este 2015.
“El balance del año es bueno. Dentro de todo lo que renegamos, en el buen sentido, más todo el trabajo que se hizo, este cierre termina siendo más que positivo; más que nada, porque nos conocieron en toda la ciudad”. Y continuó: “Actualmente nos invitan a un montón de torneos. Conocimos gente que antes no nos quería ni conocer y ahora se pueden ver repletas las canchas. Eso es muy bueno para la institución y los chicos del barrio. Antes a Santa Rosa se lo conocía solo por la delincuencia –que la hay como en muchos barrios–; o por las campañas políticas; ahora ya saben que hay un club. Conocen que los sábados y domingos se ve buen fútbol y que siempre hay movimiento. Así es como el balance termina siendo positivo desde todo punto de vista”. 
Unir a la familia
Siendo la cara visible de La Casita y, casi como ícono y ejemplo a seguir por todos, Adolfo contó cuál es su mayor satisfacción: “Que la gente se está uniendo. Que no es todo malo, que el sacrificio vale la pena y da satisfacciones. Para llegar a Primera División se necesita de una buena formación, técnica y estado físico, entonces la idea fue inculcarle a los chicos que había que crecer y aprender en todo sentido para llegar a algo. Todo es bueno, porque nos ayuda a plantear nuevas ideas y fundamentos”.
“Lo que nosotros logramos y puede que peque de vanidoso, no lo hizo nadie acá en el barrio. Hoy podemos decir con orgullo que tenemos 650 chicos fichados; estamos pensando además en participar de la Senior y el Futsal. Nadie logró esto. Lo principal es que los chicos tengan el mismo lugar que el resto en la sociedad. Si logramos algo, es unir a la familia y que todo sea un bien común”, agregó.
“Ponemos todo de nosotros para que en el futuro este club no tenga que pedirle plata a los chicos y creo que estamos en el camino correcto. Nos llevará un buen tiempo conseguirlo, pero tenemos muchas ganas de trabajar y la ilusión es lo que nos lleva a no bajar los brazos”, concluyó.

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