Santa Fe
Domingo 11 de Septiembre de 2016

"La salud sigue siendo una deuda de la democracia"

Lo dijo el presidente de la ONG Médicos del Mundo. Planteó la necesidad de generar condiciones de igualdad que permitan el acceso a sistemas de salud de calidad

Médicos del Mundo (MDM) es una organización no gubernamental humanitaria, que centra su actividad en la atención médica de poblaciones en riesgo sanitario y social y que hace especial hincapié en la necesidad de que se generen condiciones de igualdad en las sociedades que permitan el acceso a sistemas de salud de calidad. Argentina es uno de los quince países en los que actualmente opera, y desde donde también se coordina la sede regional para América latina y el Caribe. Recientemente, en el marco de un ciclo organizado por el Colegio de Médicos de Santa Fe, el presidente de la organización, Gonzalo Basile, visitó la ciudad para brindar una conferencia en el auditorio de la entidad profesional.

Diario UNO aprovechó la oportunidad para consultar al profesional, formado en ciencias políticas, pero con un amplio estudio y profundización en temas de salud pública y epidemiología, anclado fundamentalmente sobre el paradigma de la medicina social. "Una agenda que tiene que ver con problemas que muchas veces son transfonterizos, y que son regionales, pero impactan en la cotidianeidad de la vida, de la salud y de la muerte de nuestra sociedad", explicó.

—MDM estuvo estudiando el impacto del zika, dengue, y chikungunya, ¿cómo está la región en este sentido?
—Diría que tenemos una pandemia regional muy compleja que es el tema de la violencia en todos los sentidos. Pero uno mira todo lo que está ocurriendo con el patrón enfermedades, muertes, cambio climático y las ciudades, creo que ahí aparecen el dengue, zika y chikungunya como nuevas enfermedades circulantes. Al dengue en Argentina lo hemos tenido un poco fuera de la agenda, pero hay que entender que es una situación que viene hace 40 años en la región y que estas enfermedades tienen vectores principales y secundarios. El vector principal en América latina y el Caribe, hoy sigue siendo el Aedes aegipti, pero cuidado porque estamos teniendo estudios sobre el Aedes albopictus, otro tipo de mosquito que también transmite el dengue, la chikungunya y el zika, pero parecería que el Culex, el mosquito más prevalente en nuestras sociedades estaría también con posibilidades de transmitir. Entonces, hace 40 años que tenemos la enfermedad, porque hace ese tiempo que el vector se viene desarrollando y reproduciendo, y a medida que fuimos generando urbanizaciones cada vez más caóticas e inequitativas y malsanas, vemos por otro lado el desarrollo del vector que se fue reproduciendo con tasas de infestación cada vez más intensas, y entonces ahora al vector lo tenemos desde la zona sur de los Estados Unidos, hasta la región pampeana argentina. Con lo cual a los brotes de dengue que teníamos en la región, le agregamos que cualquier virus nuevo, o novedad viral que es transmitida por el mismo vector, rápidamente tiene tasa de ataque muy alta.

—¿Ustedes lo relacionan también al cambio climático?
—Estas enfermedades tienen que ver con eventos extremos como el cambio de la temperatura, la humedad y las precipitaciones, con olas de fríos e inundaciones están impactando extremamente en el comportamiento de ciertas enfermedades y las que se evidencian más rápidamente son las vectoriales. El cambio climático, también está teniendo influencia en otras enfermedades, y las olas de frío y de calor están teniendo mucho impacto en infecciones respiratorias agudas. El mosquito y el cambio climático, solo tienen valor en términos de la construcción social. Un mosquito en medio la selva, no tendría ningún valor epidemiológico, sanitario, ni social. Tiene valor en términos de que está incorporado a una sociedad y transmite una enfermedad, y hay que entender que tiene impacto por el tipo de ciudades que tenemos. Son grandes generadoras de residuos y desechos que no podemos gestionar y han desarrollado infraestructuras increíbles en términos de desarrollos inmobiliarios, pero no así en cuanto a la infraestructura pública sanitaria necesaria, como cloacas, saneamiento, y servicios de gestión necesaria, y convivimos con ciertos problemas de la urbanización y espacio público que efectivamente impactan en estas enfermedades.
"Lo que está claro es que la integración regional y construir una salud internacional sur-sur sigue siendo un tema pendiente de los Estados latinoamericanos" - Gonzalo Basile, presidente de Médicos del Mundo
—Para la lucha contra estas enfermedades se necesita además de una coordinación regional. ¿Esto sucede?
—Centralmente todavía tenemos un gran tema con esto que llamamos la salud internacional. Tiene que ver con un concepto de entender la salud como un campo que no tiene fronteras y que necesita sistemas y de políticas de salud que se integren cada vez más. Efectivamente, la región todavía tiene deudas fuertes en la integración en el campo de la salud, para que haya una mayor coordinación, para realizar acciones conjuntas interrelacionadas y efectivas al mismo tiempo. Si yo tomo ciertas medidas en una etapa epidémica en Paraguay con un sistema de alertas y vigilancia por el Aedes y no lo hago de la misma manera en la frontera, o distintas provincias de Argentina, voy a tener obviamente brechas o abordajes diferentes, y voy a tener resultados diferentes. Lo que está claro es que la integración regional y construir una salud internacional sur-sur sigue siendo un tema pendiente de los Estados latinoamericanos.

—¿Cómo observa el sistema de salud argentino en general?
—La salud y su sistema sigue siendo una gran deuda de la democracia argentina y es uno de los grandes temas que quizá no están en la agenda social y política de nuestras sociedades. En algún momento histórico tuvimos una discusión en los años 40 y 50 que abarca el sistema de salud que hoy tenemos. Casi los dos tercios fue construido en esa década. Sin dudas, desde la recuperación democrática tenemos un deuda respecto de qué hacer con la salud, que sigue teniendo, comparativamente con algunos países de la región latinoamericana, ciertas ventajas. Fundamentalmente por lo que construimos históricamente, cosa que no ocurrió en el resto de Sudamérica, aunque sí en parte en Chile, o en el sistema de salud de Brasil. Ni hablar en Centroamérica y el Caribe, donde hay modelos mucho más excluyentes y si llegó, lo hizo hace muy pocas décadas a las poblaciones y a la sociedad. Ahora si lo tengo que describir técnica y políticamente, el argentino es un sistema muy fragmentado, estratificado y segmentado que genera desigualdad e inequidad.

—¿Por qué sucede esto?
—Fragmentación, porque en realidad tenemos 24 sistemas de salud. Cada provincia tiene un sistema diferente. Si te toca nacer en Formosa, tenés 18 veces menos inversión pública por habitante, que si te toca nacer en Buenos Aires o Santa Fe. Esa disponibilidad en la cobertura de acceso se explica en gran medida en una fragmentación. Hay una salud para los sectores empobrecidos, otra para los sectores medios con trabajo formal y obras sociales, y una salud para quienes la pueden pagar. Con lo cual tenemos distintos accesos, y distintas ciudadanías y esto genera patrones de enfermedad y de muerte distintas. En Argentina se invierte el 10% del PBI en salud, pero de ese porcentaje solamente el 2% va a la salud pública donde hay 1.500 hospitales, y 15.000 unidades sanitarias que en 1975 asistían a dos millones de personas. Hoy, un 45% de la población, entre 15 y 20 millones de personas, por diferentes razones, porque tiene trabajo informal, porque está en situación de exclusión o de pobreza, o por lo que sea, demandan al mismo sistema. La salud pública está sobredemandada y no tiene capacidad de respuesta efectiva, y eso hace que genere desprestigio social y una brecha entre la sociedad y la salud pública. Lo que fue pasando es que la salud abandonó acciones, y atiende a la enfermedad, pero abandonó las estrategias preventivas. De ahí que tenemos problemas epidemiológicos no resueltos bastante graves, como 10.000 muertes por tuberculosis, o una de las endemias por el Chagas más importantes de la región, o 19 mil muertes por neumonía. En ese campo, me parece que si uno mira el PBI, por ingreso per cápita y ve los resultados que tenemos en salud, siguen siendo todavía muy débiles. Ahí tenemos un desafío muy importante.
"El argentino es un sistema muy fragmentado, estratificado y segmentado que genera desigualdad e inequidad" - Gonzalo Basile, presidente de la ONG Médicos del Mundo
—¿Y la salud en Santa Fe?
—Históricamente, el espacio médico social de Rosario y lo que se construyó en décadas anteriores y demás llegó a ser un espacio de referencia regional. Sin dudas ha sido un desafío y no es lo mismo trabajar un sistema de salud pública a cuando te toca extrapolar dimensiones geográficas y poblacionales mucho mayores. Cuesta encontrar cuál es el sistema de salud de mayor calidad en Argentina. Porque a Buenos Aires no lo puedo tomar acá, porque dos tercios del sistema de esa ciudad fueron construidos con fondos nacionales en un contexto histórico donde casi todos los hospitales que conocemos fueron construidos en el sistema nacional de Salud en los años 50, 60 y 70, con fondos de todo el país. Por eso el sistema de Buenos Aires tiene deudas, y tiene que atender la demanda de todo el país muchas veces. Creo que en Santa Fe hay todavía muchos desafíos en esto, de cómo llevar la experiencia de Rosario a una provincia.

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