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Lunes 27 de Abril de 2015

La sola intimidad de la química no explica la adicción

Determinantes. Los factores socioculturales siempre deben estar por encima a la hora de buscar respuestas. Hay que tratar de pensar a las sustancias en su dimensión de “actores sociales”.

El concepto de “drogas de diseño”refiere a aquellas que surgen de la investigación en laboratorios químicos, es decir, que son productos del desarrollo industrial de la farmacopea. Generalmente se trata de metabolitos que a veces son intermediarios en la síntesis de algunos medicamentos, o incluso medicamentos que no han tenido un desarrollo de uso clínico permitido por las autoridades de competencia.
Generalmente se trata de sustancias psicoactivas (actúan sobre el sistema nervioso, alterando las funciones psíquicas). El caso del “éxtasis”, está asociado a las anfetaminas, siendo la de mayor difusión en los últimos años, vinculada a ciertos rituales festivos de los jóvenes. Existen también derivados de algunos analgésicos como los opioides y la feniciclina.
Las drogas de síntesis suelen tener efectos más potentes que el de los alcaloides naturales a los que imitan, convirtiéndose potencialmente en sustancias con mayor capacidad de generar tolerancia y dependencia.
Aunque, claro está, no basta solamente la intimidad de la química para explicar una adicción. Los factores socioculturales siempre deben estar por encima a la hora de buscar respuestas. Hay que tratar de pensar a las sustancias en su dimensión de “actores sociales”.
Lamentablemente, ya no es secreto para nadie la economía que generan estos nichos de mercado, no solamente en el menudeo informal en sectores marginados, sino en toda la maquinaria de lavado de activos (lo que ya implica otros nichos ecológicos); sin lo cual los perfiles de nuestras ciudades (no solo los epidemiológicos sino también los arquitectónicos), no hubieran cambiado tanto en los últimos años.
Está a la vista que este síntoma atraviesa con diferentes expresiones todos los estratos de nuestra sociedad, desde allí podemos dimensionar la complejidad de las respuestas que debieran instrumentarse para enfrentarlo; que si bien tiene sus expresiones individuales en cada sujeto que se vuelve sintomático clínicamente (tanto física como psíquicamente), se trata de fondo, de un síntoma social de esta época en la que los “ciudadanos” nos hemos convertido en “consumidores”. Dicho de otro modo, sería uno de los efectos colaterales de esta fase del capitalismo que supimos conseguir.
Para todos los públicos
Al tratarse de drogas que circulan ilegalmente, es difícil cuantificar su impacto epidemiológico real. Por otro lado no existen consumidores puros de una u otra sustancia, más bien existen consumidores de cócteles que incluyen en la dieta principalmente, y por lejos en las estadísticas, alcohol y tabaco; generalmente, superando el 50 o 60 por ciento en cuanto a prevalencia de uso en distintos estudios realizados a lo largo de las últimas décadas.
Luego, pasamos al uso indebido de medicamentos, preferentemente analgésicos y psicofármacos, cifras que suelen exceder el 15 por ciento en distintos estudios. 
Luego nos acercamos inmediatamente por debajo del 10% a canabinoides y excediendo al 5% las aminas de tipo adrenérgicas (cocaína y drogas de “diseño”).
Referido a los “costos” de las drogas, en realidad tenemos que decir que hay un costo por el objeto en sí, discriminado en una medida arbitraria, que vendría a ser el costo menor. Existe un alto costo social vinculado al uso problemático de sustancias, sean legales o ilegales; y del mismo modo que existen ofertas de sustancias legales para todos los bolsillos (la mano invisible del mercado no perdona ninguna billetera), los mercados ilegales producen a costos accesibles para sus consumidores. Allí los justificativos son los mismos: no es lo mismo un “single malt” que un “blend” cualquiera.
Por Oscar Pellegrini - Psiquiatra y Psicoanalista / Especial para Diario UNO

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